17/08/2017 | 1470

CGT: qué pasa el 22

Marchemos en una columna independiente, por paro nacional y plan de lucha para derrotar el ajuste

El Consejo Directivo de la CGT ratificó la marcha del 22 de agosto “en rechazo a las políticas del Gobierno”, votada por el plenario de secretarios generales que se realizó en Ferro. 


Los Gordos -alineados detrás de Héctor Daer- y una parte de los Independientes – UPCN, UOM, Uocra- reclamaban cancelar la movilización luego del “respaldo logrado por el macrismo en las Paso”. Esta postura confluyente con la de Triaca, adelanta lo que será la política del grueso de la burocracia sindical frente a la ofensiva de revisión de convenios y reforma laboral. Al punto que ya suena la candidatura de Guillermo Pereyra a secretario general de la central, el firmante del convenio de Vaca Muerta, que costó la flexibilización y miles de despidos a los petroleros.


Los moyanistas y el barrionuevismo plantearon realizarla de todos modos ya que “los ciudadanos no pueden valerse sólo del voto”, o sea como muleta del pejotismo. La Corriente Federal, integrada por la Bancaria y sindicatos kirchneristas, que no pertenece al Consejo Directivo, emitió un comunicado “exigiendo el cumplimiento de lo acordado” mientras el Movimiento de Acción Sindical, que venía negociando su retorno a la Central, resolvió esperar el resultado de la reunión. Todos con los pies en el mismo plato.


El debate en torno a la marcha, que los medios presentan como expresión de una puja entre “dialoguistas” y “confrontativos”, tradujo una lucha por el control de la Central, más que intención alguna de poner en pie al movimiento obrero.


Otro 7 de marzo es posible. Esto es así por donde se lo mire, porque la génesis de la movilización se asemeja a aquella como factor de contención, y en este caso, de abierto tufillo electoral a favor de las listas del peronismo en el próximo octubre. Incluida, por supuesto, la de Cristina, que llamó a levantar toda movilización antes de las PASO. Una línea de derrota del movimiento obrero.


La movilización no se emparenta con ninguna de las luchas del período, y menos pretende detener los cierres y despidos masivos apoyando huelgas y ocupaciones de los lugares de trabajo. Al contrario, sus convocantes han faltado puntillosamente en cuanto conflicto se ha desarrollado, desde Santa Cruz hasta la huelga del Ingenio La Esperanza, pasando por Pepsico o la huelga de los choferes cordobeses. Todas tuvieron a esta burocracia empeñada en su derrota.


 


Por todo esto, por los pocos días que restan, difícilmente la movilización logre siquiera ser un canal para que sectores obreros masivos expresen su oposición y voluntad de lucha contra el ajuste.


 


Claramente, los sectores combativos y el clasismo deben establecer una tajante delimitación de la burocracia sindical, de todos sus bloques, y de sus programas, así como de las listas de Unidad Ciudadana, Massa o Randazzo, todos socios parlamentarios de las leyes del ajuste, incluidas la nefasta ley de ART y la perpetuación del impuesto al salario.


 


Nuestro planteo es la ocupación de fábricas contra los cierres, el reparto de las horas de trabajo disponibles para enfrentar la desocupación y la apertura de los libros para combatir el costo patronal, la lucha por un salario que cubra la canasta familiar y la duplicación de la jubilación mínima. Por un verdadero plan de acción que comience por un paro activo de 36 horas, para derrotar el ajuste y los planes flexibilizadores del gobierno y la oposición cómplice, de los Massa, el PJ y el kirchnerismo.


 


Por el apoyo a todas las luchas en curso, en particular la de los trabajadores de Pepsico, que deberían encabezar la columna independiente que llamamos a conformar, junto a los sindicatos y comisiones internas que han sido un sostén de su reclamo desde el primer día. Convocamos al Frente de Izquierda a contribuir a esta política.


 


 


 


Foto: Javier Entrerriano

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