16/07/1998 | 593

Congresal gráfico rompe con la burocracia

La lucha de los gráficos de Atlántida, entre marzo y mayo del año pasado, conmovió a todo el gremio gráfico. Lo mejor del activismo del gremio se movilizó en su defensa. Entre ellos, Roberto Alvarez, secretario de la Interna de Cotigrag y congresal del SGA por la Lista Verde. Después de un año de esta experiencia de lucha, Alvarez rompió con la Lista Verde, explicando sus razones en una carta abierta al gremio, que tuvo una amplia repercusión entre el activismo gráfico.


Hoy que los dirigentes de la lucha de Atlántida están siendo procesados, es valido recordar los términos de la renuncia de Roberto Alvarez. La Interna de Atlántida es el nervio del reagrupamiento antiburocrático de todo el gremio gráfico. Por eso también se la persigue.


En su carta abierta, Roberto Alvarez denuncia que «durante 5 años (bregó) por la ruptura con la CGT oficialista, contra la privatización de la jubilación y la asociación del SGA a Activa, propiedad del grupo Clarín en aquel momento», al igual que «el rumbo empresario dado a la OSPG basado en el crédito del Banco Mundial y sus exigencias de arancelamiento, plan de adherentes privados y desatención a los desocupados gráficos».


Alvarez explica que sus planteos, como los de otros disidentes, «jamás fueron tratados en Asamblea General o plenarios de todos los delegados del gremio», que no «puede ejercer porque no hay congresos ni el Sindicato está en la Federación» y saca la conclusión de que candidaturas como la suya son usadas por Ongaro para mejorar sus registros electorales y «reforzar su candidatura … en la misma línea de Menem, reforma laboral, etc.».


El compañero formula el brutal contraste entre la permanente gestión propatronal del SGA —»licitación de los DNI, defensa de la asociación de Ciccone con Yabrán, máquinas detenidas en el puerto»— y las «grandes huelgas, mártires, paros generales, paros de las centrales opositoras, cortes de ruta, docentes en lucha, 24/3 de 30.000 personas» en las que el SGA «no se anotó» jamás. Y agrega que «nunca denuncia los atropellos que sufrimos los obreros gráficos y menos promueve una acción práctica contra ellos».


Alvarez confirma las tempranas impugnaciones de la Naranja Gráfica, cuando hace públicos «pedidos de colaboración a las empresas ($500 a Cotigraf), que los empresarios se cobran con creces», a través de un sindicato que ‘no ve ni oye’ las permanentes «rebajas salariales, pagos rebajados de extras, desconocimiento del convenio, despidos arbitrarios, etc.».


Repasando la gran lucha de Atlántida, que apoyó activamente, reafirma su ruptura política definitiva con un SGA»colocado en la vereda de enfrente, algo documentado por los dirigentes de las Federaciones gráficas, nacional, latinoamericana y mundial».


Después de reclamar la organización de su rama (‘tintas’) concluye con la decisión de «unir(se) al bloque de congresales de la Naranja, luchar por la organización del gremio» para impulsar «la ruptura con la burocracia de la CGT, el rechazo a la reforma laboral, el funcionamiento en asambleas de taller y del gremio, la reunión fraterna de todos los delegados», de manera de «terminar con el despido de activistas» y»combatir a los represores indultados, luchar por una educación y salud gratuitas para la familia gráfica», llamando a «todos los compañeros honestos de la Lista Verde y a los gráficos en su conjunto a tomar este camino».