13/08/1998 | 596

Crisis de la enseñanza privada

El publicitado cierre del Colegio San José, un tradicional colegio privado de la Capital Federal, puso al rojo vivo la crisis que esta padeciendo la enseñanza privada. En Capital Federal, sólo en el ultimo año y medio cerraron 21 escuelas privadas. En provincia de Buenos Aires cerraron sus puertas 148 establecimientos en los últimos dos años.


Esto no es más que la punta del témpano, pues hay centenares de colegios que registran una sensible reducción de la matrícula, a lo que se agrega «la disminución gradual y constante del cobro de cuotas; según cálculos oficiales, de cada 100 alumnos (en Capital Federal), 30 no están al día con el pago»; «mucha población de clase media empobrecida tuvo que cambiar a sus hijos a la escuela pública» (Clarín, 16/7) Lo mismo vale para sectores de la clase obrera que hacían enormes sacrificios para enviar a sus hijos a colegios pagos. En el único sector donde se verifica una expansión es en «el norte del conurbano para atender a los habitantes de countries o de barrios privados». Pero ese auge «no alcanza para compensar la tendencia negativa» (La Nación, 19/6). Esta crisis ha llevado a los establecimientos particulares a la práctica de armar verdaderos prontuarios sobre la situación económica de las familias antes de proceder a la admisión de un nuevo alumno, copiando lo que los bancos hacen con sus clientes.


La otra cara de la moneda, la constituye el crecimiento de la oferta. En las ultimas dos décadas, ha habido una proliferación espectacular de establecimientos privados, atraídos por un ‘negocio’ sumamente lucrativo. Un sinfín de colegios —entre los cuales se encuentra el propio San José— renunciaron a los subsidios del estado para quedar en libertad de subir las cuotas mensuales que cobran a los alumnos.


Asistimos, por lo tanto, a un desarrollo caótico. La educación privada, se ha revelado como un factor dislocador y una fuente de derroche. Es lo que se pone en evidencia con el estallido de la crisis, cuando centenares de establecimientos cierran sus puertas. Las instalaciones y la infraestructura van a parar al tacho de basura, lo mismo que talleres y laboratorios; millares de docentes quedan en la calle. Esto ocurre cuando hay apremiantes demandas educativas insatisfechas en el país en todas esas esferas.


El imperio de la ley del lucro se ha demostrado una vez más, incompatible con una asignación racional de los recursos. La educación, sometida a las leyes de mercado, ha terminado siendo su víctima, como ocurre con cualquier otra rama de la producción o de la actividad comercial. Hay ‘demasiados’ establecimientos, ‘demasiada’ inversión escolar, ‘demasiada’ oferta educativa. La ‘educación de mercado’ termina quedándose sin … ‘mercado’.


Los privados y en particular la Iglesia reclaman que el estado acuda en socorro de sus instituciones y al salvataje de los establecimientos en crisis. Aquí queda claro, si alguien tenía todavía alguna duda, por qué el clero se solidariza y reclama una «ley de financiamiento».


La crisis actual lleva a un proceso de concentración : es decir, el negocio pasará a ser regenteado por grandes capitalistas. Esta tendencia, que no sólo tiene un alcance nacional, es coincidente con el «reordenamiento» que se pretende poner en práctica con la reforma educativa, que apunta, con las ‘polimodales’ y la ‘autonomía’ escolar, a un aliento inusitado a la privatización. Es decir, al agravamiento de los vicios que ya estamos experimentando.


Corresponde dar vuelta la fórmula. En lugar de privatizar los fondos públicos para sostener una educación a la que no tiene acceso la mayoría, hay que estatizar los establecimientos privados, de modo de darles a los recursos humanos y materiales un destino racional, acorde con las necesidades de la población explotada. Esta tarea le está reservada a los explotados, quienes procederán a una reorganización integral de la educación como un aspecto de la transformación social que está llamada a liderar la clase obrera.