27/10/1999 | 647

Crisis terminal en la Uom

El plenario de secretarios generales de la Uom, con la presencia de 27 seccionales sobre 54, resolvió la expulsión de Alberto Piccinini, Victorio Paulón y otros dos dirigentes de la Uom de Villa (Cta), por «intentar dividir la organización». En forma paralela, 24 seccionales encabezadas por los expulsados, la Uom–San Nicolás (Brunelli), la Uom–Campana y la Uom–La Matanza (las llamadas seccionales siderúrgicas, con excepción de La Plata) repudiaron la decisión, rechazaron cualquier tipo de intervención a los sindicatos en rebeldía y anunciaron un plan de «marchas» en rechazo a las medidas del Consejo Directivo.


La ruptura culmina un proceso de absoluto vaciamiento y descomposición de la Uom que es responsabilidad directa del Secretariado miguelista. Este se presenta a sí mismo como custodio del sindicato y el convenio único cuando, a lo largo de la década menemista, sustituyó, primero, el convenio único por los convenios por «ramas» y, luego, a éstos por los acuerdos por planta; dejó correr, después, los cierres de plantas y las ‘racionalizaciones’ que redujeron el gremio a la mitad; aisló y terminó quebrando la rebelión obrera en Córdoba por el convenio Fiat; y fue un virtual vocero de la política patronal durante la masacre social producida en los últimos dos años (con las derrotas y cierres de Diasa y Corni como mayores ejemplos).


Al día de hoy, la Uom es un aparato vaciado y en descomposición. En la misma reunión que consagró la ruptura de la Uom, el consejo directivo «quedó autorizado» a pedir en la Justicia el concurso preventivo o la convocatoria de acreedores de la obra social frente a una situación sin salida (la burocracia le reclama al gobierno el pago de una deuda de 63 millones de pesos, nueve meses después de haber recibido una suma similar para ‘zafar’ de la cesación de pagos y, aún así, cuenta con un déficit anual de 7,5 millones de pesos). La ruptura se habría acelerado por la decisión del Secretariado de hacer recaer el reajuste (reducción de los rentados y rebaja de sus sueldos) sobre las seccionales declaradas en rebeldía.


La quiebra de la obra social es, de cualquier modo, una pintura de la destrucción de la Uom: cada aparato pacta con las empresas el pago de un monto, por parte de éstas, por obra social y por cuotas de afiliados, con el compromiso, por parte de las burocracias seccionales, de dejar las plantas al arbitrio de las patronales.


 


¿Qué salida?


La Uom de Villa y el resto de las seccionales rebeladas han llamado a constituir una Federación de Trabajadores de la Industria (Fetia) y han propiciado el nacimiento del Sitrasime (Sindicato de Trabajadores Siderúrgicos y Metalmecánicos) registrado en «el expediente que lleva el número 1.024.653 presentado por Victorio Paulón en el Ministerio de Trabajo, avalado por la firma de más de 1.000 trabajadores que antes estaban afiliados a la Uom de Villa Constitución» (Crónica, 22/10).


Para los dirigentes de Villa, «no es casualidad que ocurra esto en la Uom, creo que pasa por el sistema de organización que tiene, un sistema centralizado, un sistema muy autoritario que no permite la democracia» (Alberto Piccinini, Página 12, 11/10). El planteo alternativo llevaría a una federación de sindicatos zonales, pero al mismo tiempo a la posibilidad de convenios de trabajo por seccional o por empresa.


Este tipo de convenio es el que pretenden desde hace mucho tiempo Techint y Acindar, lo cual institucionalizaría algo que ya existe a través de las ‘actas’ firmadas sobre remuneraciones y condiciones de trabajo. Esta fragmentación consolidaría la diferenciación laboral entre las empresas más grandes y las relativamente más atrasadas, favoreciendo la ‘tercerización’ industrial.


La Alianza ha hecho suya la política de atomización de los sindicatos, defendida explícitamente por Machinea. La Cta ha coincidido: en el texto base del último congreso plantea «criterios organizativos nuevos ligados a las particularidades» de los establecimientos.


 


Plataforma reivindicativa


En julio del año pasado, un congreso de más de cuatrocientos delegados de gran parte de las seccionales enfrentadas al Secretariado votó habilitar la paritaria siderúrgica y ‘federalizar’ los recursos sociales. El pronunciamiento planteaba la «reactivación de la discusión paritaria y… la recomposición de los básicos convencionales, en particular de la rama 21 (siderurgia)». Este punto no fue vuelto a abordar por las seccionales luego de la crisis actual.


La separación efectiva de la Uom por parte de las seccionales que Miguel quiere intervenir nos merece un juicio condicionado. Podría ser un paso obligado por la actitud del miguelismo y, al mismo tiempo, positivo si adopta una plataforma de reivindicaciones que una solidariamente a la federación metalúrgica que vaya a crearse. Los elementos comunes de una plataforma se refieren a los básicos de convenio; al establecimiento de un régimen laboral que recupere la jornada de ocho horas y que disminuya la proporción de salario movil (flexible) en relación al básico (al que deberían incorporarse los adicionales y premios); a la incorporación de los contratados; al régimen de insalubridad. Semejante plataforma común debería ser antes votada en asambleas y en plenarios de delegados con mandato.

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