16/03/2000 | 658

¿De qué crisis nos hablan?

La aceitera Buyatti acaba de despedir a 100 trabajadores de su planta en el Parque Industrial de Reconquista, alegando “falta de materia prima”, Pero, al mismo tiempo, se anuncia una “medida correctiva” general e in­minente alegando esta vez un “fuerte pasivo”.


Otra aceitera, Vicentín, despidió a otros ocho trabajadores de su planta de Avellane­da, también en el norte santafesino, como parte, dice, de una “reestructuración”.


Esto significa que la ofensiva patronal puede llegar en cualquier momento al cordón industrial de San Lorenzo.


¿Es que acaso los pulpos aceiteros se ha­llan en crisis?


El grupo de empresas que domina la in­dustria aceitera amasó en la década menemista una masa de beneficios que no tuvo en todo el siglo (20 y 22 dólares de ganancia por tonelada de aceite, la más alta a escala mun­dial, Clarín, 17/1). El ciclo ha continuado, co­mo lo revela el nivel de ganancias del año ‘99 (La Capital, 8/3).


Es, por otra parte, el único sector cuyas exportaciones han seguido creciendo y que “pretende expandirse al sudeste asiático, con China incluida” {Clarín, ídem).


Sin embargo, las patronales argumentan que la industria es hoy “un sector en ajuste” y que la época de las “vacas gordas” pertene­ce al pasado. Pero un acceso a los libros de las patronales nos mostraría que la lucha por mercados a nivel internacional ha desatado un feroz proceso de concentración capitalista (monopolización mayor), el cual habrá de de­terminar quién se queda con uno de los nego­cios más rentables del mundo.


Los trabajadores no son de palo


La inmensa riqueza amasada por los pul­pos ha sido producida por la masa de traba­jadores aceiteros que, sin embargo, han sido los convidados de piedra de esta orgía patro­nal.


La base de esta superexplotación ha sido la flexibilización laboral. Las patronales (Vi­centín, por caso) están pasando los quincena­les a mensualizados, con unas monedas de más de salario, con la condición de que no se afilien al sindicato. La finalidad de esta apretada es que los trabajadores se excluyan de la negociación colectiva para perpetuar el régimen del contrato individual.


Las patronales no aceptan un salario co­mún para todos los trabajadores del Cordón y han impuesto una escala salarial para cada planta.


Las patronales apelan también a la tercerización con contratistas bajo el régimen la­boral de SOEA, que paga menores salarios y divide a los trabajadores. Existe también un contingente de trabajadores contratados, co­mo trabajadores de ‘segunda´.


De esta realidad surge la necesidad- de desnudar la impostura patronal. El gremio aceitero ha sabido parar, junto a la CGT San Lorenzo, más de un intento ‘flexibilizador’.


  • Ningún despido.
  • Mínimo de 600 pesos para la escala in­ferior, equiparación del salario de todos a la planta mejor paga.
  • Efectivización de todos los contratados, no a la ‘tercerización´.
  • Libre afiliación al Sindicato Aceitero.


Organicemos un plan de lucha para ba­rrer con el hundimiento y división del sala­rio, la precarización y la flexibilización labo­ral.

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