20/08/2021

Defienden a “Toyota Argentina” para lavar culpas

Los partidos patronales y la burocracia respaldan la política de pobreza y explotación de los que gobiernan hace décadas.

Los bloques patronales que hoy se disputan el poder, desde el Frente de Todos a Cambiemos, pasando por Randazzo, los Milei- Espert, y la imprescindible colaboración de la burocracia sindical peronista, coincidieron en apoyar los ataques del presidente de Toyota Argentina, Daniel Herrero, a la clase obrera y a la educación pública.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, reconoció que “lo que pasó en Toyota muestra que tenemos un desafío enorme con el ministro de Educación. Bienvenido que esté en la agenda cómo logramos que los chicos se inserten en el mercado laboral” (Infobae, 6/08). El ministro anunció también que se reunió de raje con la burocracia del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata) para abordar el tema, “con Ricardo Pignanelli, y están trabajando en planes de capacitación que son excelentes para pensar cómo trabajar para que haya más obreros en la industria automotriz” (ídem).

Explotación por fuera de cualquier legalidad

Toyota es el primer productor y exportador automotriz de la Argentina. Produce 140 mil vehículos al año y superó su propio techo (equivale al 55% de la producción total del año 2020). La desesperación de su presidente para aumentar la mano de obra es porque pretende alcanzar este año las 160 mil unidades.

En medio de una economía argentina derruida y carcomida por la inestabilidad, Toyota Argentina se ha convertido en un caso de estudio mundial, que atrajo hasta a la Universidad de Harvard. Se preguntaron qué era lo que había pasado, por qué Toyota había tenido un crecimiento sustentable a lo largo de los años más allá de la situación económica de la Argentina. “En el análisis -dice el presidente de Toyota- lo primero que buscaron era si estaba en el sistema de producción el secreto de esa sostenibilidad del proyecto”. Pero, viendo todo, “terminaron concluyendo que el camino era que todos los actores participaran” (Autoblog.com.ar, 1/08).

Esa “participación” es sólo posible gracias al convenio negrero especial firmado por el Smata, a cuyo secretario general, Ricardo Pignanelli, Daniel Herrero lo llama cariñosamente “Pigna”.

Toyota alcanza el podio gracias a la altísima calificación técnica de los trabajadores argentinos y a este régimen salvaje de explotación.

El convenio establece que los obreros deben “trabajar respetando las políticas y normativas de Toyota Argentina, además de las contenidas en este Convenio Colectivo de Trabajo y las leyes vigentes”.

Adentro de la fábrica sólo rige la ley del pulpo japonés: “Polivalencia funcional, por medio de la cual se podrá asignar al trabajador o a la célula a otras funciones y tareas, que permitirán el logro de una mejor y mayor productividad”, operarios polivalentes que “realizarán tareas de producción, ensamblaje, pintura, montaje y armado, operación de máquinas, proceso de equipamiento, movimiento de materiales, mantenimiento de herramientas o elementos de trabajo, máquinas y otros elementos relativos a la actividad de la empresa, laboratorios de emisión de gases y metrología, procesos y actividades de estampado, así como aquellas actividades relacionadas directamente con las antes mencionadas y con el proceso de producción” (convenio Smata).

El convenio garantiza a Toyota la categorización a gusto de la empresa, adaptabilidad de la duración y periodicidad de la jornada laboral a los requerimientos del mercado y/o de la rentabilidad de la empresa (banco de horas); contrapartidas económicas diferenciables del salario básico, calculables por productividad y por calidad. Todo bajo la vigilancia del Smata que “apoyará a Toyota Argentina, en pos de alcanzar las iniciativas que promuevan la mejora constante de la calidad y la productividad” (ídem).

La larga mano de Toyota

El Sistema de Producción de Toyota se extiende al conjunto de empresas integradas con su producción, propias o ajenas. Este último es el caso de autopartista Guidi, cuya dueña es la mujer que secunda a Florencio Randazzo en su candidatura, la empresaria Carolina Castro, dirigente de la Unión Industrial Argentina (UIA). Guidi es un modelo de los atropellos contra las condiciones laborales, de salud y de salario de los trabajadores.

Los reclamos de Florencio Randazzo, de reforma laboral, enarbolan las exigencias de la UIA de ir todavía más a fondo, eliminar toda restricción a los atropellos patronales, profundizar la precarización laboral y derogar derechos elementales, como la indemnización por despido.

No a la Argentina y ni a la Educación “Toyota”

Un estudio del Conicet sobre la experiencia de la fábrica Toyota-Zárate, señala que la percepción de lo “infernal” de las tareas de producción comienza a sentirse por el cuerpo. Uno de los testimonios de obreros presentados es categórico: “En Toyota nunca habrá un tipo de 50 años en línea de producción. Toyota está pensado para que estés 10 años (…) Es que el lomo no te da más, fuera de joda el lomo no te da, no te da la espalda, no te da el cuerpo. No te queda otra”(1).

El primer responsable de la falta de trabajadores en Toyota es el propio régimen de explotación que sostiene Daniel Herrero, y no la educación pública que denigra. Toyota tampoco permite la escolarización secundaria ni menos superior de sus trabajadores. El convenio permite para rendir examen de enseñanza media o universitaria apenas “el goce de dos (2) días de licencia pagos en total por año calendario”.

El desarrollo industrial de la nación, el progreso económico, social y cultural de los trabajadores, reclama terminar con los gobiernos que hundieron a la clase obrera en este régimen de pobreza y explotación.

1.- “Poder, control y producción de subjetividad en las prácticas laborales del toyotismo”, Diego Alvarez Newman.

 

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