27/07/1994 | 424

El 90% del gremio boicoteó la elección

El viernes 15 de julio, una asamblea de la lista Celeste del Pescado resolvió su retiro de los comicios del Sindicato Obrero del Pescado (SOIP), realizados el lunes 18, ante el colosal fraude armado por la burocracia saravista (ver aparte). La Celeste organizó una campaña activa por el boicot a la elección, con una declaración trabajada en la mayoría de las concentraciones fabriles y una enérgica intervención en los medios. La lista Verde (oposición burocrática produhaldista) adoptó luego la misma posición.


Según el informe oficial de la Junta Electoral —nombrada por la burocracia—, “sobre un padrón de 3.321 afiliados (hubo) 1.562 sufragios para la lista oficialista, sobre un total de 1.702 votantes (en blanco y anulados, 140)” (El Atlántico, 19/7). Informa, además, que “el acatamiento de los votantes no fue elevado (pero) superó el 50%”.


Pero los datos son falsos, del primero al último número. Según los informes de la Celeste, rigurosamente expuestos en esta nota y sobre la base del control físico de los compañeros que fueron a votar en las 20 plantas que constituyen la casi totalidad del gremio, sobre 1.836 empadronados, concurrieron a votar 209, es decir, el 11,4%. La abstención llegó casi al 90%.


Cómo se gestó el boicot


A 9 días de las elecciones y habiendo apelado a las instancias legales para detener el proceso eleccionario, una sola voz corría en las plantas: “el fraude es seguro, Saravia siempre gana”. El locro-peña organizado para esta fecha se desarrolló en un cuadro de preocupación y discusión. La campaña había encontrado un límite: no se trataba simplemente de desmoralización del activismo, sino de una natural falta de entusiasmo ante la idea de repetir la experiencia de la perpetuación de Saravia a través del fraude (sería la 5ª vez).


La peña se transformó así en una viva asamblea en la que se aprobó una campaña de agitación contra el fraude y una movilización, que contó con la concurrencia de 50 compañeros del pescado y la presencia de los principales medios de comunicación. Esto nos colocó como la única corriente empeñada en desenmascarar al saravismo y a los organismos que perpetraban o dejaban correr el fraude (Junta Electoral, Ministerio de Trabajo).


Faltando tres días, el retiro de la lista se presentó como la única alternativa para denunciar el truchaje de las elecciones y dejar sin mandato a la burocracia. La lista Verde acordó con este criterio. En una asamblea de la lista Celeste, el viernes 15 a la noche, resolvimos:


1) Levantar las listas en conjunto; 2) sacar una declaración de denuncia llamando a no votar; 3) hacer una nueva presentación ante el Ministerio exigiendo la anulación de los comicios; 4) lanzar un pronunciamiento masivamente firmado por: a) Asamblea general; b) elecciones limpias con padrones depurados; c) Junta Electoral elegida en asamblea y un miembro por cada lista; d) elecciones en 90 días.


El lunes, cuando salimos a volantear las fábricas, el resultado estaba “cantado”: los obreros del pescado no le darían su aval a las elecciones truchas.


La magnitud de la abstención


A partir de las 16 horas comenzaron a caer los primeros cómputos traídos por los compañeros de las distintas plantas. El cuadro adjunto habla por sí solo:


Votantes: 1.806; votos Azul y Blanca (burocracia): menos de 202.


En La Campagnola, bastión histórico del saravismo, hicieron contrato por un día al personal temporario para que fuera a votar, bajo la amenaza de Frías (candidato 3º en la Azul y Blanca) de perder el trabajo. Resultado: de 350 compañeros, votaron 60; 19 a la burocracia, 41 en blanco.


Es importante destacar que protagonizamos la movilización sindical más importante junto al conflicto de Luz y Fuerza y al de la UOM. Hemos captado la atención de los medios —figuramos en tapa de El Atlántico el día anterior y el posterior al comicio, junto al anuncio de la “victoria” de Saravia está nuestra denuncia al fraude y nuestro escrutinio fábrica por fábrica.


El lunes por la tarde fue un día de entusiasmo y festejo para la Celeste. El compromiso sigue en pie: rescatar el SOIP, rescatar el cuerpo de delegados, pelear por nuestras reivindicaciones. Para Saravia fue imposible disimular el desconcierto y la bronca: sobre el final de una entrevista en LU9 sólo pudo decir: “defenderé siempre esta sede sindical… ningún trapo rojo entrará en este sindicato”.