Sindicales

18/12/2014

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El balance de un sector del activismo


En los últimos días se dio a conocer una carta elaborada por un grupo de catorce compañeros despedidos de Lear. Estos compañeros han formado parte del núcleo más importante de luchadores que hace años vienen batallando en la organización de la fábrica, la mayoría de ellos fundadores de la agrupación Celeste, lista que desplazó a la Verde de la burocracia del Smata en las elecciones del cuerpo de delegados. La carta es un balance de los seis meses recorridos y del estado de la lucha en Lear.


 


Otro grupo de diecisiete compañeros había decidido continuar con el acampe. El elemento que todavía seguía en juego era el fallo judicial de la Cámara que declaró ilegales los despidos, dado que la empresa no recurrió al recurso preventivo de crisis para ser habilitada a despedir masivamente. Se trata de un recurso legal, puesto que no hubo tal crisis y el recurso habría sido rechazado por los trabajadores. El fondo del conflicto es el convenio a la baja, firmado en 2012 por Pignanelli para tomar trabajadores con 40% menos de salarios y, al mismo tiempo, quebrar la organización fabril independiente conquistada en los últimos años. El fallo no incluirá a todos los despedidos, a partir de los términos aceptados por cada compañero, la mayoría de los 240 despedidos se retiraron previamente a la iniciación de la medida cautelar.


 


La carta, presentada públicamente, parte de una caracterización, señala que “durante seis meses enfrentamos un bloque único del Estado, la patronal y la burocracia del Smata”. Esta conclusión deja en evidencia para toda la clase obrera el rol del gobierno K, que ha utilizado todos sus recursos para derrotar a esta histórica lucha. Sepulta cualquier ilusión que pudiera haber en relación a que las contradicciones entre el gobierno nacional y las patronales imperialistas pudieran resolver los conflictos a favor de los trabajadores: “Al mismo tiempo, ha quedado al descubierto el rol del gobierno que tanto por parte del Ministerio de Trabajo como en su uso de la gendarmería y la policía han actuado en contra de nuestra lucha”.


 


Scioli y la Bonaerense, en coordinación con Berni y la patronal de Lear, militarizaron la planta en el mismo momento que no dejaban entrar a los delegados. Este megaoperativo se mantuvo desde ese momento, para evitar una posible ocupación de la fábrica. La lucha, no obstante, logró la reincorporación de la Comisión Interna, luego echada por el Smata en asamblea bajo “estado de sitio”.


Los compañeros continúan con su balance: “Somos concientes que si nos hubiesen reincorporado, no iba a ser una batalla ganada en su totalidad, porque aunque nos duela, muchas familias quedaron en el camino. Nuestra pelea comenzó por la reincorporación de 240 trabajadores. La empresa, el Estado y la burocracia sindical del Smata fueron logrando que, poco a poco, fueran retirándose muchísimos compañeros, incluso muchos de los más queridos y valiosos”.


 


La carta demuestra en todos sus términos quiénes son los enemigos de la clase obrera y la importancia de la organización colectiva de los trabajadores en cada fábrica y lugar de trabajo. Ellos mismos


han pasado a ser luchadores del conjunto de la clase obrera.


 


Al finalizar, los compañeros dejan una reflexión: “Las futuras luchas de los trabajadores serán las que terminen con la burocracia sindical y las patronales explotadoras. Sabemos que esas luchas, comenzarán con la lucha de Lear como experiencia acumulada. Sin duda, en cada una de éstas, estaremos transmitiendo nuestra experiencia para que todos los trabajadores puedan saber y aprender de nuestros aciertos y nuestros errores”.


 


Este sector de la vanguardia obrera vuelca sus conclusiones a todos los trabajadores en función de una perspectiva del conjunto de la clase obrera, frente a las patronales y los gobiernos capitalistas. La lucha de Lear, tan profunda, y estos compañeros serán semillas en otros procesos que encuentren mejores condiciones para una victoria de conjunto.