18/07/1995 | 456

El derrumbe del «plan» Cavallo llegó al transporte

En los primeros días de julio hubo una verdadera rebelión de los choferes de la UTA. Importantísimas líneas del Gran Buenos Aires realizaron paros “salvajes” para reclamar el pago del aguinaldo y, en algunos casos, por atraso en los sueldos de junio. Otras líneas hicieron asambleas e intimaron a las empresas a pagar. La decisión de no pagar el aguinaldo en término, forma parte de una estrategia de las empresas del transporte para obtener el aumento del boleto.


Días pasados, la Fatap sacó una costosísima solicitada para reclamar  la liquidación de los colectivos truchos, de los remises, el aumento del boleto ferroviario y la aplicación de la “flexibilidad laboral” en la larga distancia (reemplazo del segundo chofer por un servicio de “postas”).


Aunque la Fatap diga que la solución a la crisis es aumentar el boleto y la explotación de los trabajadores, el fondo de la llamada “crisis” de la Fatap está en la explosión de un “plan” económico que pareció darles una cantera inagotable de ganancias, pero que seguramente ahora plantea la quiebra a decenas de grandes empresas y la absorción de centenares de otras.


Ocurre que se registra una brutal caída en el movimiento de pasajeros en colectivos urbanos, interurbanos y de larga. La razón es la brutal desocupación. Los trabajadores desocupados dejan de salir a buscar trabajo, pues el transporte es un gasto que no pueden afrontar. Los que pueden, changuean cerca de su domicilio. El otro elemento es que la tarifa, carísima, es de 0,50 pesos, y sólo cubre unas cuantas cuadras, lo que permite el ingreso de otros factores en competencia, los “truchos” y los remises. Por otra parte, hay una vuelta “al tren”, entre otras cosas porque la diferencia del boleto es sustancial. A la manera de ejemplo, un boleto de Once a Morón vale en colectivo un peso y en tren menos de la mitad, en valor y tiempo de transporte.


Cuando se privatizaron los ferrocarriles, hubo un vaciamiento de los mismos; la gente se desplazó a los micros. Las empresas hicieron su agosto, ganaron sumas siderales y se endeudaron para renovar unidades y en servicios “diferenciales”. Ahora la desocupación les explotó en la cara, hay “… una inexistencia de financiación bancaria como consecuencia de las condiciones generales del mercado y el agotamiento de la capacidad de endeudamiento de las empresas, que registran compromisos asumidos por renovación de vehículos por más de 800 millones de pesos, con montos vencidos y atrasados superiores al diez por ciento de esa cifra” (solicitada de Fatap, 30/6/95).


Para las patronales se acabó el romance con el “plan” Cavallo. Los servicios diferenciales han pasado a mejor vida; lo que parecía una vaca lechera se va transformando en una hipoteca. La ofensiva de la Fatap pretende equiparar para arriba el boleto ferroviario, aumentar a 0,60 ó 0,70 de el boleto mínimo, implantar la jornada “discontinua” en los colectivos urbanos y eliminar el acompañante en la larga.


Es necesario resistir toda medida de suspensiones o despidos en la UTA con respuestas contundentes, como las de los primeros días de julio.

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