07/05/2020 | 1592

El desafío de los trabajadores de Acindar

Ante los despidos y las suspensiones

Acindar fue -junto con Techint y Aluar- de las primeras grandes plantas en recurrir a las suspensiones; además anunció la supresión de premios y el despido de contratados. El cuerpo de delegados de la planta de La Matanza rechazó la pretensión empresaria, mediante un comunicado, y el 60% de los trabajadores lo hizo a través de una consulta por whatsapp. Ambas plantas -ésta y la de Villa Constitución en Santa Fe- tienen una larga tradición de lucha.


El “acuerdo marco” firmado por la UIA y la CGT, luego refrendado por el Ministerio de Trabajo, es un paraguas legal y una señal política para avanzar con estos convenios y doblegar el repudio creciente que se expresó en la propia UOM y otros gremios. Como dijo Héctor Daer, el acuerdo “significa un puntapié clave para cuando se tenga que retomar la actividad económica”.


Ese pacto CGT-UIA-gobierno confirmó los acuerdos precedentes -petroleros, pasteleros, textiles y los firmados por fábricas- y fue la luz verde para una carrera en la que se anotaron Comercio, gastronómicos, la Uocra y la UOM.


Acindar-Villa: un acuerdo sin una votación general


A esa lista se agregó Acindar de Villa Constitución. El acta de suspensiones, que lleva la firma del secretario general de la UOM local, Pablo González, y de la totalidad de la interna (incluido un compañero del grupo que rompió con el PO el año pasado), establece el cobro del 75% del neto desde el 13 de abril hasta el 13 de octubre y el 85% del neto desde allí hasta el 31 de diciembre, con una posible revisión en octubre.


Es decir, está por detrás del acuerdo suscripto por Caló, que reconoce el 86% del neto (aunque incluye en la rebaja a los licenciados por pertenecer a grupos de riesgos) y se prolonga por mucho más tiempo, varios meses después de las previsiones sobre el levantamiento de la cuarentena.


El acta reconoce que el acuerdo no fue sometido a una asamblea general por la imposibilidad “de realizar reuniones masivas en virtud de la situación de aislamiento social”, pero asegura que cuenta con “la expresa aprobación de los delegados”. La pregunta es: ¿no hubo posibilidades de organizarla, apelando a medios virtuales, cómo se hizo en la planta de La Matanza? No cabe duda que un tema tan sensible debió pasar por alguna forma de votación general.


El acta impacta en las dos plantas


Con todo, lo más reprochable de este acuerdo es el golpe a la posibilidad de articular una resistencia coordinada entre las dos plantas a los planes patronales y, por consecuencia, la oportunidad para el avance de esos planes.


Poco después, la empresa concretó la desvinculación de seis trabajadores contratados de la planta de La Tablada (algunos de ellos con años de antigüedad) y omitió en el cálculo de las quincenas algunos ítems, lo que redundó en pérdidas de hasta el 40% del ingreso. El mensaje es inequívoco: quien no se aviene a negociar, “a la baja”, pierde más.


Al momento de escribirse este artículo, la comisión interna de la planta de La Matanza, acompañada por la conducción de la UOM, reiteraba su rechazo a los despidos y las rebajas salariales, y consultaba con los sectores los pasos a seguir, empezando por realizar las denuncias administrativas.


La UOM de La Matanza se ha alineado, hasta aquí, con la mayoría de la interna y el cuerpo de delegados. Incluso su secretario general Hugo Melo (un delfín del mentado “Ruso” Gdansky) fue uno de los que torpedeó abiertamente la primera negociación de Antonio Caló con las cámaras para extender el modelo de Techint y Aluar a todo el gremio.


Las disputas al interior de la burocracia y la conveniencia de no confrontar con la base de la fábrica más emblemática de la seccional, son elementos que explican esa postura. Pero su combatividad “verbal” no tiene un correlato con la realidad; como el mismo Melo reconoce en un reciente reportaje, en La Matanza “hay problemas en todas las fábricas metalúrgicas” y esto no ha dado lugar a acción de lucha alguna.


Plenario de delegados y ganar las calles


El cuerpo de delegados y la comisión interna de la planta de La Matanza enfrentan el desafío de defender una acción común con los trabajadores de Villa (hoy objetivamente resentida). Esa unidad es poderosa y puede sacudir el acuerdo firmado, que expresa una tendencia a la adaptación a la conducción del sindicato.


La batalla por la reincorporación y efectivización de los despedidos, por el cobro integral de los salarios y por el cumplimiento de todos los protocolos de seguridad, que está planteada en Acindar, irradiará a toda el gremio.


La conducción de la UOM tiene la responsabilidad de organizar, con los recaudos que correspondan, un plenario de delegados y un plan general de movilización, como han hecho los obreros de la carne de Penta, los mineros de Andacollo, las obreras de Textilana, los trabajadores de la Salud o los docentes y estatales de la Ciudad de Buenos Aires.

 

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