19/06/2003 | 805

El empresariado nacional copa empresas recuperadas

El Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (Mner), que nuclea a varias cooperativas que han asumido la conducción de fábricas como Impa y Chilavert, entre otras, y tiene como principales dirigentes a Murúa y Abelli, acaba de constituir una alianza gremial con grupos empresarios representativos de las Pymes. La flamante coalición, que fue presentada en sociedad bajo el nombre de “Coordinadora de Acción Productiva” (Cap), incluye a conocidos dirigentes empresariales como Cesar Urien y Norberto Oneto, un industrial del sector plástico que participó activamente en la Asociación de Industriales Bonaerenses (Adiba) y que en la actualidad, al igual que el primero de los nombrados, Urien, tiene un protagonismo en el Moven (Movimiento del Empresariado Nacional).


El nuevo nucleamiento, como se han encargado de destacar sus fundadores, tiene como objetivo “defender el rol protagónico de las pequeñas unidades productivas en la Argentina que viene”. Lo que está planteado en el país es “cambiar el modelo neoliberal por una propuesta productiva, con filosofía social”. Los ejes que plantean son “un rol activo del Estado en la reactivación económica y fijar la prioridad en el desarrollo del mercado interno, un desarrollo de las economías regionales que vigorice e impulse las exportaciones con valor agregado y alentar el Mercosur como estrategia comercial y de integración”.


Estamos en presencia, como se puede apreciar, de un planteamiento y un programa enteramente patronal que bien puede ser suscripto por cualquiera de las cámaras que, en la actualidad, nuclean al empresariado que se ha puesto a tono con el momento político y se ha colocado la camiseta “nacional y popular”. Aunque el nucleamiento no se define como “kirchnerista”, su aparición en escena coincidió con el debut del nuevo gobierno y su primer pronunciamiento se produjo con motivo de la renuncia de Menem al ballotage, acusando al establishment de conspirar contra la democracia.


Para que no quedaran dudas, la naturaleza de esta nueva coalición fue perfectamente definida por sus promotores: “Somos una burguesía con conciencia nacional ÿsentenció Urienÿ, hemos decidido poner todos los esfuerzos en articular ese espacio en la formación de la Cap” (Página/12).


En este marco, no debe sorprender que no quede el menor rastro de los reclamos obreros. El reclamo salarial está ausente, del mismo modo que la defensa de las condiciones de trabajo frente a la flexibilidad laboral. No hay que olvidar que en el ámbito de las Pymes es donde reina con mayor crudeza la precariedad laboral y el desconocimiento de los convenios. Es lógico que una alianza como la descripta con la patronal negrera sólo puede prosperar sacrificando la reivindicaciones de los trabajadores. “Es casi natural ÿdeclaró Robledo, uno de los representantes del Mnerÿ que estemos juntos, porque trabajadores y pequeños empresarios estamos frente a un sistema que creemos que hay que revertir”.


A través de estas definiciones, el Mner está yendo muy lejos, pues termina por desnaturalizar el carácter del movimiento de fábricas ocupadas, que nació y se desarrolló como un movimiento de lucha de los trabajadores. Al proclamar una identidad de intereses con la burguesía nativa, se pretende darle un golpe mortal a aquella tendencia y transformar el movimiento de recuperación de empresas en una suerte de nucleamiento Pyme más. Si a alguien le cabía alguna duda sobre cuál era el significado de la “autogestión” enarbolada por Caro, Murúa y cía en oposición a la gestión obrera, el paso dado por el Mner es altamente instructivo. Englobar las fábricas recuperadas dentro del ámbito de las Pymes implica transformar a los trabajadores en nuevos dueños; lo cual, de todos modos, sabemos es una ficción, pues esa experiencia autogestionaria termina evolucionando hacia las formas tradicionales de explotación capitalista. Sometida a la presión de la competencia capitalista y a la fuerza superior del capital, una unidad productiva autogestionada desaparece o concluye degenerándose, al operarse una mayor diferenciación social y desigualdades crecientes en su interior. Las cooperativas terminan siendo la envoltura de un emprendimiento empresario que es el que concluye tomando en sus manos el gerenciamiento y dirección de la empresa.


Reducir a las fábricas en manos de los trabajadores a la condición de una Pyme constituye, además, un grosero atentado a la memoria colectiva. Hay que estar dispuesto a ir muy lejos en la decisión de violentar la historia reciente para obviar que la ocupación de fábricas y su recuperación por parte de los trabajadores ha tenido como blanco principal a los llamados empresarios nacionales.


El 100% de las empresas recuperadas eran Pymes y los obreros tuvieron que enfrentar duramente a sus dueños. La patronal de las Pymes, que el Mner reivindica como aliados, es la responsable del vaciamiento y abandono de las empresas, y de la artera utilización de la legislación vigente hecha a su medida ÿen primer lugar, de la Ley de Quiebrasÿ, para cargar todas las consecuencias de la quiebra sobre los hombros de los trabajadores. Robledo, en su vocación acuerdista, hace caso omiso a esos hechos y hasta pone un manto indulgente, blanqueando la conducta empresaria. “Hoy nosotros estamos al frente de empresas recuperadas ÿRobledo dixitÿ en algunos casos por procesos de vaciamiento de sus patrones, pero en muchos otros surgieron por el ahogo de las Pymes”. La patronal vaciadora, bajo este curioso criterio del dirigente del Mner, en lugar de victimaria pasa a ser una víctima del sistema. Los cañones, entonces, no habría que dirigirlos contra ella sino contra el “modelo” neoliberal.


En lugar de enfrentar a la patronal, Robledo hace causa común con ella. La expropiación de toda fábrica que cierre o despida y la entrega de sus bienes a los trabajadores ÿconsigna central que ha presidido la lucha que vienen librando los trabajadores que pugnan por recuperar sus fábricas y que las han puesto a producir, sin esperar el visto bueno de las instituciones del Estadoÿ ha sido literalmente borrada del pliego de reclamos. El auxilio económico para los emprendimientos de la clase obrera, por el que vienen peleando las fábricas en manos de los trabajadores ante la falta de capital de trabajo que enfrentan, es sustituido por un financiamiento a la patronal. Robledo sostiene “la necesidad de medidas rápidas para recuperar la producción, las Pymes no pueden seguir atrapadas en el sistema de calificación de créditos del Banco Central”. No alcanza “la implementación de créditos blandos; lo que nosotros impulsamos ÿafirma el dirigente del Mnerÿ es la formación de fondos fiduciarios por sector administrados por el Estado y los sectores productivos y un urgente plan de refinanciación de pasivos”. La experiencia recorrida por las fábricas ocupadas y, de un modo general, la experiencia más reciente del país son, sin embargo, el mejor desmentido de esta receta: ni la más grande licuación de pasivos que conoció el empresariado nacional ÿPyme y no Pymeÿ, ni los generosos subsidios que ha recibido en estos últimos años sirvieron para sacar al país de la bancarrota. Una nueva inyección de dinero en beneficio de la patronal, en medio de la actual crisis de sobreproducción, terminará yendo al dólar o a la especulación financiera y nutrirá, en definitiva, la fuga de capitales al exterior.


La reconstrucción del aparato productivo es incompatible con el capital, responsable del vaciamiento de las fábricas y de la nación. La gestión obrera en las fábricas plantea la lucha por una transformación de la nación sobre nuevas bases sociales, bajo la conducción y liderazgo de los trabajadores.