12/12/2017

El Frente Único y el martillo de la realidad

Un debate con el PTS.

La nota publicada en Izquierda Diario, “El PO rompiendo a martillazos todo lo escrito por Trotsky”, revela mucho sobre las causas del retroceso sindical de quien alguna vez se autoproclamó “el partido de las fábricas”.


El PTS defiende su política de llamar a la burocracia opositora a ponerse al frente de la lucha y acusa al PO de ignorar “las enseñanzas de Trotsky en relación a la política de Frente Único Obrero (…) una táctica para las organizaciones que aún no habían conquistado la mayoría de la clase obrera (por ejemplo, “nosotros, la izquierda”), mediante un llamado a la acción común a las organizaciones de masas con direcciones reformistas”.


El PTS sustituye el análisis marxista, que siempre debe ser concreto, por una sucesión de citas sacadas de un manual, sin preocuparse por examinar contextos o caracterizaciones.


Las tesis redactadas por Trotsky en 1922 para el pleno de la Tercera Internacional, apuntaron a reorientar la lucha de los partidos comunistas que, luego de la ruptura con las socialdemocracias, no eran aún lo suficientemente fuertes. El Frente Único que proponen las Tesis es un recurso para “ganar –sobre la base de acciones de masas– a la mayoría del proletariado” y vale “donde quiera que el Partido Comunista constituya una fuerza política poderosa y organizada, pero no una magnitud decisiva; allí donde el Partido abarque organizativamente una cuarta parte, una tercera y aún una proporción mayor de la vanguardia proletaria organizada”.


Según las Tesis el Frente Único no estará planteado del mismo modo “en los casos en que el Partido Comunista aún es una minoría (…) y las acciones de masas permanecen bajo la dirección de las viejas organizaciones que continúan jugando un rol decisivo en virtud de su tradición aún poderosa”.


El propio autor, refiriéndose a la movilización del 12 de octubre “contra la reforma anti-laboral y el pacto Macri-CGT”, de la que participaron numeras organizaciones de lucha –aunque no el PTS– dice con ironía que “unas 3.000 personas muestran el camino a unos 12 millones de asalariados”. Más allá de la deshonesta costumbre de “tirar al bombo” todo aquello que no lo incluye, es claro que si esos millones siguen presos de las “viejas organizaciones”, el Frente Único que propone el PTS solo puede tener la forma del sometimiento a las burocracias que las conducen.


El reformista Baradel


Las Tesis se refieren a un proletariado dominado por el reformismo “que es empujado, contra los propios deseos de sus dirigentes, a apoyar los movimientos parciales del proletariado contra la burguesía” ¿A qué “reformistas” de nuestros días dirige el PTS su llamado al Frente Único? A la burocracia kirchnerista, en especial de la CTA.


Recordemos que, entre otras “perlitas”, el PTS propuso constituir una columna común con el yaskismo en la movilización del 22 de agosto convocada por la CGT, para “amplificar el reclamo del paro general”, y que en el SUTEBA-La Matanza votó contra el paro en repudio al Operativo Aprender del 7 de noviembre, en nombre de “exigir” que sea la dirección provincial quien lo convoque.


El sindicalismo kirchnerista no es el Triunvirato que pactó con Macri el texto de la reforma laboral; sin embargo la Corriente Federal insiste en defender “la unidad de la CGT”, firmó convenios a la baja –como el de Atilra– y mantuvo un porfiado inmovilismo por varios meses. La Ctera entregó la paritaria nacional y Baradel hundió la huelga de la docencia bonaerense.


La movilización del 29 de noviembre, convocada por los K y el moyanismo, no implica una ruptura con el Triunvirato, como lo prueba que no hay un plan de lucha; Alicia Kirchner suscribió el pacto fiscal que tendrá consecuencias tremendas sobre los jubilados y estatales santacruceños y Moyano, por su parte, recalcula en función del salvataje de OCA y de sus chanchullos en Independiente. Aún así el PTS caracterizó a la marcha del 29 como “una movilización de oposición política”.


La convocatoria del 29 actúa como un desvío porque la burocracia convocante no tiene como objetivo derrotar el paquete de reformas sino en el mejor de los casos introducirle algunas modificaciones; es decir viabilizarlo.


Al mismo tiempo la movilización ensancha el campo de acción de la clase obrera; por eso participamos decididamente (siguiendo en esto el verdadero espíritu de las Tesis que recomiendan a “los comunistas no oponerse a estas acciones comunes sino, por el contrario, tomar la iniciativa”), desarrollando una amplia agitación, impulsando el paro en cada sindicato, promoviendo asambleas de base y plenarios de delegados, organizando piquetes y una columna independiente encabezada por los sindicatos anti-burocráticos.


La Coordinadora Sindical Clasista-PO fue un artífice de la jornada nacional del 6 de diciembre, el Sutna protagonizó una enorme movilización y cerró el acto, el Sitraic, la AGD, los Sutebas combativos, la UF de Oeste, ATE nacional y las organizaciones sociales colmaron la Plaza de Mayo y trazaron una perspectiva de masas contra la reforma laboral, pese al sabotaje del kirchnerismo… y del PTS, que no participó de la marcha y solo levantó una bandera en la Plaza de Mayo. ¡Actuar como furgón de cola de la burocracia K, en una marcha dominada por aparatos y sin oradores independientes, sí; movilizar con el sindicalismo combativo, no!


Tanto el 29 como el 6 fueron expresión de un repudio creciente a las reformas, que está sacudiendo las bases de todos los sindicatos, incluidos desde ya los que responden al ala más colaboracionista, como ocurre en la Alimentación o la UOM. Este es el dato fundamental.


Un llamado de las centrales a la huelga general y a la movilización en todo el país daría un golpe mortal a las reformas y al propio gobierno; pero con seguridad también a la propia burocracia; la memoria del atril de CGT volando por los aires está demasiado fresca. El conjunto de la burocracia entiende que su preservación pasa por el apoyo, más o menos decidido, al paquete oficial. La alternativa es el Frente Único de los sectores combativos y los que salen a la lucha por un Congreso de Bases.


Morenismo vergonzante


El PTS rechaza el Frente Único como un llamado a la unidad de los sectores “combativos y clasistas” para luchar por un programa, un método y un agrupamiento que permita superar a la burocracia, y afirma (apoyándose en una interpretación estrechísima y ahistórica de las Tesis de la Tercera) que el Frente Único solo es tal si se hace con sectores de la burocracia.


En el año ’76, el PST –antecesor del PTS– impulsó un Frente Único con la burocracia, con la hipótesis de que habría una resistencia al desmantelamiento de conquistas sindicales por parte de la dictadura militar; sin embargo, las burocracias crearon comisiones para asesorar a las intervenciones y entregaron activistas.


En sus conclusiones sobre su derrota en Alicorp, el PTS se refiere a “los miles de trabajadores de cada fábrica que hoy votan a Nicolás del Caño y los referentes obreros como Vilca de Jujuy o Godoy de Neuquén” para “exigir al Sindicato de Jaboneros de Oeste (Sojo) que se ponga al frente” de la campaña por Santiago Maldonado. El viejo seguidismo “aggiornado” con el electoralismo más burdo.


La subordinación a las direcciones sindicales peronistas y kirchneristas es una trampa mortal; contra esto el PO pugna por el desarrollo del clasismo, defendiendo la independencia política de los trabajadores.


Las mismas Tesis afirman que la clase obrera “puede ser ganada (…) solo si se enfrentan el punto de vista y los métodos revolucionarios con los de los reformistas en el terreno de la acción de masas”. Con esta guía el PO jugó un rol central en la movilización multitudinaria del 6 de diciembre, mientras el PTS exhibió toda su impotencia. El martillo de la realidad es inexorable.

También te puede interesar:

Conferencia de prensa de presentación de la lista 1A del Frente de Izquierda - Unidad.
Sobre el decreto que restringe la "libre elección de las obras sociales".
Pongamos en pie listas unitarias y un gran Congreso del FIT-U para movilizar políticamente a los trabajadores.
En tres años los salarios cayeron un 20%, con acuerdos a la baja y cláusulas de revisión truchas.