20/10/2016 | 1433

El movimiento obrero ante la entrega de la CGT


No hay una reivindicación que haya quedado sin entregar por parte de la CGT. El “bonoburla” de 2000 pesos y lo que pueda venir para el resto son un taparrabos para consagrar la caída histórica de salarios y jubilaciones. La exención parcial del medio aguinaldo en ganancias les ha servido para abandonar el reclamo de terminar con el impuesto al salario, cuando más gente lo paga. Entregaron al movimiento obrero en el peor momento de la crisis industrial.


 


Fuera del bonito para jubilados y familias que reciban la asignación universal, la mayoría de los gobernadores mantienen su negativa a cualquier bono para sus estatales, mientras que la UIA recela de un bono general e insiste en dejar librada la cuestión a la suerte de cada industria.


 


Reguero de despidos y suspensiones


 


Se anuncian 500 despidos en Mercedes Benz, Pirelli se desprendió de 80 contratados y hubo despidos en Imperial Cord (neumáticos de motocicletas), cerraron textiles de punta como TN San Juan, Fibranor, Unisol y TN Platex, la principal del país, esta última en Chaco, una provincia cruzada por la desocupación y la pobreza. Cerraron 70 panaderías en el área metropolitana y los “retiros voluntarios” están asolando medios de prensa, industrias gráficas y todo el complejo metalmecánico. En gráficos hubo despidos en Ipesa, Printpack, Buschi, Cedinsa, Interpack II, La Nación y otras. 


 


La industria petrolera ha despedido no menos de 5000 trabajadores y según Daniel Montamat, el experto privatista, seguirá su curso la interrupción de pozos y bajada de equipos a pesar de los subsidios que garantizan precios por arriba de los internacionales. Hay 2350 suspensiones en las automotrices cordobesas y 400 en Arcor. Pero también surgen informes empresarios que indican, por ejemplo, una caída de pedidos de papel de un 35/40% por parte de las envasadoras para la alimentación en los productos de temporada.


 


Siete mil trabajadores de OCA están también al borde del abismo, asunto que Moyano conoce muy bien porque tuvo que lidiar con la lucha de estos trabajadores que pertenecen a la rama clearing de Camioneros. En Matanza hay 1500 despidos de empleados de comercio, y en la construcción se perdieron este año alrededor de 100 mil puestos de trabajo.


 


Burocracia sindical


 


En marzo, el recurso para no luchar fue la “parlamentarización” del reclamo contra la ola de despidos, lo que terminó en el veto presidencial a la módica ley “antidespidos”, sin reacción de la CGT.


 


La estrategia cegetista la fijó Moyano padre un año antes de las elecciones de octubre: “la CGT tendrá que acompañar el sinceramiento económico”. Marcó una estrategia, ya sea con Macri, Scioli o Massa, porque sabía perfectamente que serían escenarios similares de descarga de la crisis capitalista y de la bancarrota del gobierno kirchnerista sobre las espaldas de los trabajadores. Los gordos de Daer, Caló y especialmente Barrionuevo, están en lo mismo.


 


“Interlocutores”


 


Pero el triunvirato sigue esa estrategia de una manera que debe ser debatida por el activismo sindical. Los tiempos de los desplantes cristinistas en el marco de su régimen de poder personal, pasaron. El triunvirato ha percibido la crisis política y la endeblez de recursos políticos del gobierno de Macri para llevar a cabo el ajuste. En este cuadro, la política del triunvirato ha sido la de ganar el lugar de “interlocutores” y por esa vía, convertirse en una pata crucial de la gobernabilidad. Massa acompaña esta política, haciendo valer su capacidad de arbitraje en el Congreso.


 


Confirmando esta función política, Macri elogió “a los gremios” nada menos que en el Coloquio de Idea.


 


En lugar de explotar las debilidades del gobierno en favor del movimiento obrero, la burocracia sindical las usa para su acomodo político y su rescate económico (fondos de las obras sociales).


 


El movimiento obrero, en este camino, sólo tiene para perder autonomía y libertad de acción para luchar. La línea directriz de la Unión Industrial (UIA) y la patronal en su conjunto se ha explicitado en el “Minidavos” y en el Coloquio de IDEA: aumentar la “competitividad internacional” a costa de los salarios y condiciones de trabajo, o sea, convenios a la baja. Esta línea ya se puso en marcha en la industria petrolera, donde, además de los despidos y la caída en el salario real, se discute un nuevo convenio ruinoso que ha sido puesto como supuesta condición por la Shell y otros grupos petroleros involucrados en Vaca Muerta para invertir.


 


Crisis y programa


 


Semejante curso ha desatado una crisis. El Consejo Directivo de la “CGT unificada” del día 13 se reunió dividido en tres partes. Hubo propuestas de un paro el 28 de octubre de algunos gremios como Bancarios, Camioneros, Conadu Histórica y probablemente las CTAs. De todos modos, el kirchnerista Palazzo se bajó rápidamente de la movida, advirtiendo que “no hay paro sin la CGT” (que no para).


 


La burocracia sindical es incapaz de unir al movimiento obrero, está empeñada en el hundimiento de sus luchas y se opone al programa que hoy se impone por su propio peso: reapertura de paritarias, aumento de emergencia a los jubilados, poner fin a los despidos, anulación de ganancias en los salarios.


 


Si el movimiento obrero fuera consultado en asambleas de cada gremio, otro sería el cantar. 


 


Un Congreso de delegados electos con mandato de todo el movimiento obrero saldría a luchar por este programa.


 


Vamos por él en cada gremio de las cinco centrales, impulsando un paro activo nacional y un plan de lucha para promover la irrupción del conjunto de los trabajadores en el escenario nacional, la única fuerza capaz de enfrentar y derrotar el ajuste.