Sindicales

6/5/2026

El programa del Fresu: “apto para todo público”

Plenario del Fresu en Pilar.

El 1 de mayo se realizó un plenario del Frente de Sindicatos Unidos (Fresu), un reagrupamiento de organizaciones tanto de las CTA como de la CGT, cuyo liderazgo central recae en Rodolfo Aguiar (ATE), Abel Furlán (UOM) y Daniel Yofra (Aceiteros). Los voceros suelen aparecer en los medios con discursos combativos, incluidas referencias a una huelga “por tiempo indeterminado” (Yofra); además, se jactan de reagrupar a “140 organizaciones de las tres centrales”, que reunieron “1.600 delegados” en este plenario.

Así las cosas, un primer hecho que debería llamar la atención es que en una reunión de alcance importante, según sus propios convocantes, no se haya resuelto una sola medida de acción práctica. Más curioso aún es que el día previo se realizó un encuentro de ambas CTA, en la que se proclamó una “jornada de lucha” para el próximo 22 de mayo. Pero no hay registro de que esa jornada sea una resolución del Fresu, como forma de unificar a los 140 sindicatos. Ambas CTA fueron “fundadoras” del Fresu hace muy poco tiempo; sin embargo, solo “Cachorro” Godoy y dirigentes de su grupo estuvieron en el plenario del 1 de mayo, mientras que Yasky no fue ni publicitó posición al respecto. ¿Otra división mientras hacen alusiones constantes a la “unidad”?

Como sea, que dos centrales sindicales resuelvan una jornada de lucha a la cual no convocan a las organizaciones con las que se supone impulsan un frente de acción muestra una primera inconsistencia severa. Sucede que un frente de programa confuso o insuficiente podría representar un paso adelante si colaborara con la movilización efectiva de la clase obrera. En el Fresu sobran palabras al respecto pero está completamente ausente un plan de acción concreto.

Los dirigentes del Fresu podrían alegar que “no estaba planteado acordar una acción” (¿por qué?) pero “avanzamos en un programa”. Su lectura es clarificadora, porque repite la contradicción entre la verborragia y los hechos. La introducción hace referencia a programas pasados del sindicalismo peronista como La Falda (1957), Huerta Grande (1962), CGT de los Argentinos (1968) o los 26 puntos de Ubaldini. Si bien los clasistas no reivindicamos esos programas -lo cual es un interesante debate histórico que excede este artículo- cabe destacar el notorio contraste entre las medidas planteadas por la CGT en los ´50 o ‘60 y el insípido documento del Fresu. Mientras en 1957 se sostenía “el control obrero de la producción” o en 1968 se postulaba la “nacionalización” del “comercio exterior, los bancos, el petróleo, la electricidad, la siderurgia y los frigoríficos”, el Frente de Sindicatos del 2026 ni por asomo se acerca a medidas radicalizadas de ese estilo.

No está en su programa la ruptura con el FMI; a lo sumo una “investigación” y el desconocimiento hipotético de la deuda “ilegal e ilegítima”. Nótese que se invierten los términos, porque no se caracteriza a toda la deuda como un fraude colonial; solo habría una parte desconocida e incierta en esa condición. En 1968, la CGT de los Argentinos que el Fresu reivindica en la introducción de su programa sostenía que “los compromisos financieros firmados a espaldas del pueblo no pueden ser reconocidos”. Con el programa del Fresu, los bancos y monopolios financieros que desangran al país y parasitan la riqueza producida por la clase obrera seguirán intactos (“con regulaciones”), lejísimos de cualquier nacionalización. No hay control obrero ni de cerca, pero sí “créditos para producir, invertir y crecer”, o sea negocios para los capitalistas.

El pase a planta en el mejor convenio tampoco está presente, porque el Fresu no plantea el fin de la tercerización mediante la vigencia del convenio principal, solamente su “limitación” (¿cuánto y cómo?). El fin del trabajo en negro no está planteado en términos obreros, porque un “plan de regularización” es una generalización tan amplia que la han planteado todos los gobiernos, incluido el de Milei, que adjudica ese propósito a la reforma laboral esclavista.

Un tema crucial es que el programa no plantea la derogación lisa y llana de la reforma laboral esclavista, sino una idea genérica de derogación de toda legislación regresiva (a determinar) y promueve la “elaboración de un nuevo proyecto de ley laboral”. Esto supone someter al movimiento obrero a los avatares de las representaciones parlamentarias patronales cuya agenda conocemos, porque está en sintonía con la UIA y demás patronales. Lo mismo pasa con la ley sindical, no hay la menor mención al unicato ni a la intervención del Estado en las organizaciones obreras que caracterizó al Estado argentino pre Milei.

El punto central, naturalmente, es la cuestión del salario. El programa difundido por el Fresu mantiene toda la imprecisión y el eclecticismo de los puntos ya reseñados: “trabajo digno con salarios justos”. ¿Qué es “justo”? Algunos dirigentes del Frente dirán “lo hemos precisado en declaraciones a los medios, es una canasta familiar que llega a 2 millones 800 mil en la actualidad”. Pero por algo no está clarificado en el programa: quedan las manos libres para metodologías típicas de las burocracias sindicales, que es reclamar paritarias por cifras completamente inciertas, desligadas del valor real de la fuerza de trabajo.

Además, incluso una cifra correcta como la que algunos levantan se convierte en papel mojado si muchos de los protagonistas avalan con su firma paritarias a la baja respetando los topes de Milei, salarios que no cubren ni la mitad (UOM) o si no se desarrolla una pelea consecuente para disputarla. Ni sombra de paritarios electos por asamblea y con mandatos de esas asambleas.

La imprecisión del programa no es un equívoco sino una búsqueda deliberada de amalgamar sin principios a fracciones diversas del sindicalismo tradicional. Por supuesto que corresponde repudiar incondicionalmente las sanciones de Milei contra La Fraternidad, pero de eso no se desprende un frente con Maturano, un burócrata clásico que estuvo entre los principales oradores.

El programa del Fresu no plantea una nueva dirección en el movimiento obrero porque busca integrar a buena parte de la burocracia sindical que hoy lo domina. Por eso, está ausente la reivindicación de la asamblea general de fábrica o establecimiento como el método básico para unir a nuestra clase y organizar la lucha. Ni hablar de la reivindicación de la acción directa y el apoyo a las luchas, no solamente “el derecho a huelga” que es el mínimo común denominador para cualquier sindicato. El punto candente del momento es la ocupación de toda fábrica que cierre o despida. Sin ese punto, el apoyo a Fate no deja de ser declamativo. Así, el Fresu alberga a la dirección de la Federación Gráfica Bonaerense, que dio la espalda a los trabajadores de Morvillo, quienes permanecen en la planta contra el cierre hasta el día de hoy sin apoyo de su sindicato.

Por sobre todas las cosas, no es un programa de independencia de clase. Esto se aprecia desde los propios convocantes, que no son solo trabajadores: Aguiar celebró hace poco la incorporación de Víctor Santamaría, que no solo es dirigente del Suterh sino también patrón de un conglomerado de medios que hambrea a sus trabajadores de prensa. El programa, finalmente, está “en línea” con las discusiones del PJ en torno al sacrosanto “superávit fiscal” y su postulación frente al gran capital como alternativa “confiable” de recambio para cuando termine “la pesadilla”.

La falta de independencia de clase se proyecta en los gremios de estatales, integrados con los gobernadores peronistas al extremo de perder su función básica -reclamar por sus afiliados. El principal y más grotesco ejemplo es el de la provincia de Buenos Aires, donde ATE y la CTA sacrifican todos los reclamos de empleados públicos en nombre del apoyo a Kicillof. A tal punto llega la desnaturalización de la organización sindical, cuyo principio debería ser la defensa incondicional de los derechos obreros con independencia de quién sea la patronal, que “Cachorro” Godoy e Isasi anunciaron la convocatoria a una marcha “en defensa de la salud” en “coordinación” con el Ministro de Salud de Kreplak. De este modo, los dirigentes del Fresu anticipan que los reclamos por salario y condiciones de trabajo en la provincia de Buenos Aires no son “levantables” en esa jornada, ya que la convoca el empleador del personal público de salud.

Los límites del Fresu se expresan en todos los planos: qué acciones prácticas hacen, con qué programa y con qué integrantes. El perfil combativo que pretende tener no se condice con la realidad, y más bien cumple la función de bloquear un desplazamiento hacia posiciones independientes, clasistas y de izquierda. La dramática situación que sufre nuestra clase con el aplastamiento del salario, la reforma laboral esclavista en curso y los despidos en masa debe ser enfrentada en forma inseparable de la pelea por una nueva dirección en el movimiento.

A Milei hay que frenarlo con una acción decidida e histórica de nuestra clase -la huelga general, o sea una rebelión popular conducida por los trabajadores. Las direcciones tradicionales son un obstáculo para esta acción. Es importante que los sectores combativos discutamos estos problemas y los afrontemos con nuevas iniciativas, partiendo del principal punto de reagrupamiento que construimos -el Plenario de Sindicatos Combativos, el movimiento piquetero y las agrupaciones de jubilados en lucha. Confrontemos nuestro programa y salgamos a la lucha. 

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