Sindicales

30/8/2023|1675

Un debate necesario en el movimiento obrero

El triunfo de Milei y la política de Massa y el FMI

Massa y Milei

Se abrió un enorme debate nacional después de las Paso. Dónde va el país y dónde iremos los trabajadores ante la victoria de Milei. No entraremos aquí en los posibles resultados de octubre, pero es claro que Milei pica en punta. Obviamente, una cosa es entre los sindicalizados con convenios colectivos y otra es la realidad entre quienes están en negro, contratados, con falsos monotributos, semiocupados o aún desocupados. Y votaron diferente unos de otros, pero la clase obrera es una sola.

Nos importan primordialmente dos cosas. Qué propone Milei para los trabajadores y cómo lo enfrentamos en vistas a que constituye una ofensiva en regla. Esto, cuando bajo el gobierno peronista somos víctimas de un ajuste sistemático pactado por el gobierno con el FMI. Dicho de otro modo, para enfrentar a un posible Milei tenemos que ponernos en pie hoy mismo como clase, como movimiento obrero, contra una agenda brutal que es la de todas las patronales, la de toda la clase capitalista. Mañana puede ser tarde.

La reforma laboral de Milei

Ningún político capitalista dice en su campaña completamente lo que va a hacer. Milei no es la excepción, pero ha dicho lo suficiente. Su programa dice: “Promocionar una nueva ley de contrato de trabajo sin efecto retroactivo, cuya principal reforma resulte eliminar las indemnizaciones sin causa para sustituirlas por un sistema de seguro de desempleo a los efectos de evitar la litigiosidad”.

Se trata de la eliminación del contrato por tiempo indeterminado y el elemental resguardo indemnizatorio. Toda la clase obrera pasa a ser contratada al día, pasible de ser despedida en cualquier momento. Esto significa llevar el poder patronal al extremo para imponer sus condiciones de todo orden: salarial, de horario y condiciones de trabajo, de insalubridad, de ritmos de explotación, de discriminación de género, entre otras. La eliminación de toda estabilidad laboral también es un arma central para golpear los convenios colectivos.

Para sintetizarlo, significa llevar a todos los trabajadores a la actual condición de los que están en negro o con un falso régimen de monotributo. Cuando dice “evitar la litigiosidad”, apunta a eliminar el derecho elemental del trabajador de recurrir a la Justicia cuando sus derechos son atropellados por la patronal, que es desde toda la historia el eslabón fuerte en la relación obrero-patronal. También, sin efecto retroactivo, plantea “terminar con el régimen de ART”, obvio, para desproteger definitivamente al trabajador frente al accidente de trabajo.

La no retroactividad es un ángulo ya formulado en el pasado por Lavagna, Randazzo y otros políticos capitalistas. Es que violentar los derechos adquiridos es jurídicamente complicado y puede desatar una reacción inmediata. De la otra manera, la burocracia sindical tiene un argumento: “preservamos los derechos de los (viejos) compañeros”. Los flexibilizados serían los nuevos. Milei, al igual que Espert (y diversos elementos del peronismo) hablan de blanqueo, justamente, para sugerir que con la destrucción de la Ley de Contrato de Trabajo se acabaría el trabajo en negro, lo cual es, al menos muy discutible, porque el empresario que paga en negro, factura en negro y es, por lo tanto, un evasor general, no solo un empleador de compañeros en la informalidad. La mentira más grande del programa es que por la simple flexibilización se producirá una avalancha de nuevos puestos de trabajo, algo que quedó desmentido durante el menemismo, cuando en el ’98 la desocupación llegó al 18%; claro, casi sin planes sociales que la disimulen en aquel momento.

La primera consecuencia será la contraria a la creación de nuevos puestos. La tendencia patronal será suplantar los “mañosos” trabajadores convencionados por nuevos flexibilizados. El arsenal patronal para hacerlo es conocido. El programa para los estatales lo sugiere: “Achicar el Estado con la oferta de retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas, revisión de contratos de locación de obra y de servicios que no puedan explicar su razón de ser”. Más clarito, imposible.

Respecto de la estabilidad en el empleo público no se ha pronunciado por ahora, aunque, como se ve, ataca todo lo que no sea planta permanente.

Otro tema de su reforma laboral es la eliminación de la ultraactividad de los convenios. Tema crucial si los hay, porque si al vencimiento de su plazo la patronal no renueva un convenio, hoy, sigue vigente, incluso hay convenios que rigen desde 1975, porque los trabajadores y sus sindicatos no tuvieron o no quisieron tener la fuerza para rediscutirlos. Pues bien, sin ultraactividad, los convenios mueren a plazo fijo, si la parte obrera no renueva bajo las cláusulas de flexibilización laboral o superexplotación que se les antoje a las patronales del sector.

Excede estos espacios ver a fondo el tema obras sociales y sistema previsional, pero señalemos que si se elimina toda carga patronal, lo que ellos, Milei, Melconián y compañía llaman “impuestos al trabajo”, se caen ambos sistemas, más allá de la enorme crisis que ya tienen encima.

Que la burocracia sindical meta la mano en las cajas de las obras sociales no se soluciona dejando sin salud a las familias, sino con el control obrero de sus cuentas. Al sistema previsional se lo reorganiza reponiendo los aportes patronales, ante todo.

Su demagogia de decir que terminará con los “sindicalistas que no representan a los trabajadores”, hay que desmentirla. Él irá seguramente contra los delegados de fábrica honestos y combativos, contra la organización en los lugares de trabajo: ya apuntó contra los fueros sindicales, resguardo elemental frente al despido de activistas.

En las recientes reaperturas de paritarias se ha vuelto a ver al Sutna al frente de la lucha con métodos de clase y democracia sindical. Vuelven los paros del sindicalismo docente combativo. Contra ellos, contra el clasismo, contra el movimiento piquetero independiente es que apunta Milei para imponer un régimen de fuerza. Como en tiempos del peronismo, de las Tres A, como en el menemismo, como durante Macri, apuntará a negociar con los gordos. Y, por ahora, los demás de la Unión por la Patria están en el mismo tren de subordinación al FMI.

La burocracia sindical nos dice que hacer un paro es funcional a la derecha, así le dijo Yasky a Belliboni en un debate. Tuvo una respuesta clara: funcional a la derecha es entregarse al FMI sin lucha. Si pasa el ajustazo de hoy, será más fácil que pase la ofensiva de Milei o Bullrich, cada vez más parecidos. Llegaríamos maniatados y desmoralizados.

Veamos. Milei planteó la derogación de toda ley de alquileres y el peronismo le franqueó el operativo para la reforma a toda la derecha aliada de Juntos por el Cambio y los facholibertarios. Los recientes bonos de Massa solo apuntan a hacer pasar el ajustazo devaluatorio y los tarifazos pactados con el FMI. Están destruyendo el ingreso de los jubilados. Grabois ayudó a Massa atacando “la industria del juicio”. Cristalina gobierna con Massa y Cristina. No es por ahí la resistencia de los trabajadores. Al contrario, la no resistencia de la CGT y la CTA pavimenta el ascenso de Milei. Sin la clase interviniendo, los fachos se agrandan. Por eso planteamos asambleas, un congreso con mandato de sindicatos y organizaciones de desocupados, por eso paro nacional y plan de lucha para enfrentar ya mismo el ajuste del FMI que se agravará después de las elecciones. A la dolarización la está poniendo en cuestión la propia burguesía, pero con la reforma laboral solo la clase trabajadora podrá hacerlo retroceder.