Sindicales

21/3/2002|746

¡Ganamos el Pescado!

El viernes 15, a las 18:30 horas, con la llegada de los últimos fiscales al local de la agrupación, desbordado de obreras y obreros endurecidos por muchos años de superexplotación, huelgas, ocupaciones y persecuciones, estalló en abrazos y llanto generalizado.


El festejo duró toda la noche.


El balance y las perspectivas del masivo triunfo de “la Celeste” (una verdadera leyenda en materia de lucha antiburocrática) podría sintetizarse en el significado que le dan sus actuales protagonistas.


Lejos de tratarse de una interna gremial, la recuperación del sindicato obrero más importante de la zona será una palanca para la transformación del cuadro político del sindicalismo local.


El análisis de las enormes trabas que tuvo que sortear el activismo antiburocrático y que se desprenden de estas crónicas, no sólo realza la firmeza política del Polo Obrero, sino que pone de manifiesto la entrada en escena de un pujante movimiento antiburocrático, liderado por el clasismo en el seno de las organizaciones obreras.


 


Los obstáculos


El pulpo Solimeno, dueño de buques factorías y fresqueros, sponsoreó furiosamente a Adrián Casariego (Lista Blanca), su representante en el Consejo Federal Pesquero. Pagó una superfiesta para 1.500 personas, alquiló las radios de FM portuarias y lanzó una campaña dirigida exclusivamente a alertar contra el peligro de que “si ganaran los quema-gomas y piqueteros de la Celeste” los empresarios “emigrarían automáticamente a la Patagonia”.


Con el 70% fuera del padrón electoral, es decir sin derecho a elegir y ser elegido, por trabajar en las cooperativas truchas (que concentran al grueso del activismo antiburocrático, despedido sistemáticamente de las fábricas efectivas, por orden de la burocracia menemista del Soip); con este cuadro tan favorable, la mafia del Soip consideró un paseo imponer su reelección. A tal punto que fue dividida en tres listas, como una suerte de interna abierta, a los fines de redistribuir sus “cuotas de poder”.


¡Qué grave error!


Se necesitaban 60 avales, se recolectaron 250. Casi 80 candidatos, con más de dos años de antigüedad, ofrecieron sus candidaturas. Al calor de la campaña se juntaron cientos de firmas, avalando el pliego de reclamos levantado por la Lista Celeste.


El resultado fue la formación y oficialización de una lista de lujo, encabezada por compañeros *reconocidos luchadores*, de las fábricas más importantes, como Samuel Salas (de la fábrica más grande), candidato a Secretario General (electo, junto a varios compañeros que encabezaron la lista, como delegado a la reciente Asamblea Piquetera Nacional).


Con la colaboración de la UJS universitaria, la batalla de los afiches, las pintadas y los volanteos fue ganada ampliamente por la Celeste.


Cuatro días antes se podía asegurar que la Celeste se impondría ampliamente en la mayoría de las 39 empresas habilitadas para votar (1.553 votos).


 


El último manotazo


Frente a la inminencia del triunfo clasista, la burguesía y su Estado no ahorraron recursos. Dos días antes de las elecciones la Justicia laboral suspendió el comicio, dejando como única opción legal la inclusión de una quinta lista (la Granate) encabezada por un viejo burócrata, especialista en demagogia combativa. Se buscaba neutralizar el aporte electoral de los delegados ex granates y birlar así el triunfo a la Celeste.


Todas estas maniobras dimensionan la importancia política de esta victoria.


Se ha derrotado en la práctica la teoría de la invulnerabilidad de los aparatos sindicales en manos de la burocracia tradicional, pregonada tanto por la CTA local como por grupejos ultraizquierdistas (que son la fuente de la fundación de sindicatos paralelos fantasmas o de sellos sustitutos).


La adhesión a esta suerte de “fin de la historia” en el campo del movimiento obrero, ha marginado por completo a todas las corrientes de izquierda (a excepción del PO) del proceso político más rico en el corazón de la clase obrera marplatense.


El caso del PCR y la CCC (que contaba con una presencia en el gremio) es un caso de autodisolución. Es que por su obsesión de establecer un frente obrero-patronal detrás de sus consignas (“Fuera los factorías”, “Fuera la flota extranjera”) se fueron colocando a contramano de poderosos movimientos huelguísticos y paros activos (por parte de marineros y obreros del pescado) que, amén de denunciar la irracional explotación de los recursos ictícolas y su malventa a los grandes grupos europeos y asiáticos, se ha tenido que revelar contra la feroz superexplotación de un empresariado fuertemente entrelazado con estos grupos y carente de cualquier proyecto independiente.


El grado de aislamiento de esta corriente, producto de sustituir el análisis de clase por el nacional-ecologismo, puede medirse en su última declaración ¡llamando a boicotear las elecciones truchas y amañadas del Soip!


La Comisión Provisoria*Lista Celeste convocante de la última Asamblea Piquetera Nacional ha sabido canalizar a todo el activismo antiburocrático, reforzado al calor del Argentinazo, y se ha ganado el respeto de todas las organizaciones sindicales portuarias. Su triunfo en expulsar en todos los terrenos a la más repodrida burocracia sindical, proyectará al Polo Obrero de la zona y a cada una de sus agrupaciones sindicales y comisiones de desocupados, como una referencia obligada en materia de recuperación de nuestras organizaciones sindicales.


La experiencia que desenvolverá el graneado activismo del pescado con la dirección clasista de la que se ha sabido dotar, honrará como corresponde a varias generaciones de luchadores y mártires obreros del pescado.


 


El desafío planteado


Se han coronado 25 años de lucha antiburocrática en el Soip.


El sostenimiento de la nueva dirección dependerá en gran medida de su capacidad para reconstruir, desde los cimientos, al sindicato, fijarse su propio ritmo de lucha, y no bailar al son de las provocaciones que, naturalmente, lanzará la Cámara Empresarial.


Está planteada una fuerte reconstrucción y renovación del cuerpo de delegados para afrontar los futuros combates y darle un envión al proceso de efectivización de los trabajadores de las cooperativas truchas, inviabilizándolas por partida doble: mediante la organización de los compañeros para demandarlas por fraude laboral, y organizando la lucha de conjunto para que los compañeros que aún no puedan (o no quieran) abandonar este régimen de trabajo, gocen de horario fijo razonable de ingreso a planta (y no las 2 ó 3 de la mañana), límite horario de 8 horas obligatorio y el cese de las suspensiones por vía radial, forzando así la incorporación de nuevos turnos de trabajo.


La demanda de personal resultante acelerará el proceso de efectivización y preparará las condiciones (junto con el fortalecimiento del cuerpo de delegados efectivos) para imponer una actualización de los básicos y el percibimiento de una garantía horaria actualizada.


Este es el mandato que la dirección del Sindicato Obrero del Pescado sabrá imponer, con precaución, pero a pie firme.