30/04/2015 | 1361

GRAFICOS: Un plenario caliente


Esta semana se reunió el plenario de delegados, tal como la directiva «prometió» luego de la movilización de La Naranja. Unos 150 asistentes -incluyendo asesores y algunos «colados»- colmaron el salón del primer piso de la sede gremial con un temario de dos puntos: la marcha de la paritaria y la situación crítica de algunos talleres.


 


El escueto informe inicial se limitó a mencionar que la mesa negociadora había rechazado el 28 por ciento ofrecido por la cámara y que insistiría en el pedido de un «35 en dos cuotas». La Naranja criticó el método de los hechos consumados, la demora en convocar al plenario y mocionó un plan de lucha por el 40 por ciento, sin cuotas ni absorciones.


 


Esto dio lugar a un debate «caliente» que dejó entrever el descontento de un sector de la base verde. Como siempre, apareció el argumento de que los talleres chicos no tienen capacidad de movilización y otros clásicos del libreto oficial. Finalmente, se terminó votando a regañadientes un «cheque en blanco» a la directiva para que trate de acercarse lo máximo posible al 35 por ciento, transformado ahora en un techo.


La moción de La Naranja, acompañada esta vez por los compañeros de La Bordó, conquistó unos 35 votos y una parte del plenario simplemente no votó nada.


 


 


El Código Civil reaccionario y los buitres


 


 


El segundo punto comenzó con una explicación del secretario adjunto sobre las implicancias del nuevo Código Civil -que habilita el reemplazo de comprobantes impresos por digitales- y el riesgo que implica para miles de puestos de trabajo. Reiteradamente criticó que ningún diputado había advertido esto, apuntando sin disimulo contra la bancada del Frente de Izquierda.


 


En nuestra intervención refutamos de manera contundente esta falacia, denunciando el carácter antiobrero y clerical de todo el código (no sólo por lo señalado) que fue impulsado por el kirchnerismo y apoyado por la oposición patronal, con el voto negativo de la izquierda.


 


Con relación a la crisis de Donnelley y WorldColor-Morvillo, toda la intervención de la Verde consistió en un ataque furibundo contra los compañeros de La Bordó, a quienes se acusó de «abandonar la obra social cuando estaban bien» (para justificar la negativa actual a brindarles cobertura) y de no dar participación al sindicato en MadyGraf y en el conflicto de WorldColor. Toda la presión del ongarismo estuvo dirigida a exigirles un alineamiento con el gremio, para enfrentar el ataque de «las empresas buitres».


 


La Naranja rechazó la idea de enfocarse en los buitres foráneos, denunciando el papel de los buitres nacionales, como Szpolsky en Poligráfica, y propuso movilizar al gremio, cortando tareas, para reclamar al Ministerio de Trabajo que vuelque «los recursos administrativos y políticos del Estado para asegurar la continuidad».


  La respuesta de la directiva fue que había abierto un expediente y que cuando fuera la audiencia evaluaría la posibilidad de hacer una convocatoria. O sea, un saludo a la bandera. De cualquier manera, nada se votó -tampoco nuestra moción de que ningún taller haga los trabajos de WC- y todo quedó en exhortaciones y declaraciones de intención.


 


El plenario no tuvo por finalidad desarrollar un debate para unificar al gremio en torno a la defensa de los puestos de trabajo y del salario, sino que fue una respuesta a la presión de la base gráfica buscando reforzar la regimentación de algunos sectores claramente disconformes. 


  Para La Naranja fue la oportunidad de fijar una posición precisa sobre los principales problemas del gremio y del movimiento obrero; ratificando su condición de referente de la oposición clasista.


 


 

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