30/10/2020
caba

Hay que organizar el transporte subterráneo bajo medidas de extrema seguridad

Que la AGTSyP abra el debate.

El Ministro de Salud de CABA Fernán Quiroz acaba de declarar que una de las medidas centrales de lucha contra el Covid – 19, incluso contra futuros posibles rebrotes es evitar los Espacios Superpropagadores. Esos espacios – describió – son los lugares cerrados, mal ventilados, con grupos grandes de gente y durante mucho tiempo. Eso es una descripción exacta del subte, donde en un espacio cerrado, con escasa ventilación, se trasporta a millones de personas hacinadas, durante períodos prolongados. Por eso (y siguiendo a Quiroz) volver hoy, en el punto más alto de la pandemia en la Argentina, con 1 millón de infectados y 30.000 muertos, a las condiciones del subte pre pandemia sería un acto criminal. Sin embargo las autoridades de Metrovías, con el visto bueno del gobierno de Larreta, vienen planteando el regreso al trabajo de cada vez más personal, incluyendo a una parte de los exceptuados por prevención. Lo que coincide con la apertura creciente de actividades, que ya llega a gimnasios, colegios, natatorios y el interior de los bares y restaurantes.

Es evidente que no son estos patrones y funcionarios los interesados en preservar la salud y la vida de trabajadores y pasajeros. Por eso deben ser los trabajadores los que impongan las condiciones seguras del trabajo y el transporte. En ese sentido, sectores de delegados de la AGTSyP y miembros de Comisiones de Seguridad e Higiene de los trabajadores, vienen elaborando protocolos de seguridad en varios sectores – tráficos, talleres, estaciones – para organizar un protocolo de seguridad laboral del subte que aplique a las características específicas del trabajo y el transporte en este medio, precisiones que, por supuesto, no están y no pueden estar en los protocolos oficiales de tipo general elaborados por las autoridades sanitarias.

Esta elaboración colectiva, que ha avanzado mucho en la formulación de precisos procedimientos de prevención, tuvo su origen en la resistencia de los trabajadores a la negligencia intencional patronal, al incumplir medidas básicas, en el afán de mantener a como venga el ritmo de trabajo. Transgresiones que obligaron a tomar medidas de acción directa para imponer el aislamiento de casos o la desinfección necesaria y a organizar comisiones obreras de seguridad para controlar su cumplimiento.

Lo que no se previó fue la existencia de otra resistencia, la de la conducción del sindicato AGTSyP, cuya mayoría se niega a la elaboración de protocolos obreros con argumentos inconsistentes. Como que solo el gobierno puede elaborar protocolos. O que los trabajadores asumirían responsabilidades legales si formulan los suyos. En primer lugar, no parece que los gobiernos – Fernandez, Larreta, Kicillof – se estén luciendo en la conducción de la lucha contra la pandemia. Por el contrario, presionados por las cámaras empresarias y por las amenazas de la derecha, han producido un desastre en materia de apertura de actividades que han llevado al país a los primeros pestos mundiales en contagios y muertes. Es evidente, por ejemplo, que hay una voluntad expresa de no controlar que el trasporte se limite al personal esencial. Y luego ¿qué legislación condena a quienes aporten a la defensa de las condiciones de vida de la sociedad? Son macanas y meras excusas de quienes se niegan a criticar al gobierno porque están subordinados a su política.

Pero lo que debe primar es la vida de los trabajadores y sus familias. El subte no debe convertirse en una bomba de contagios. El régimen de trabajo, las reformas estructurales como los sistemas de ventilación, los protocolos de prevención para trabajadores y usuarios, la cantidad de pasajeros, las frecuencias y la duración de los viajes. Todo debe discutirse, controlarse por los delegados y comisiones de seguridad obreras con derecho a vetar condiciones inseguras. Y si es necesario, como en el gremio del Neumático (SUTNA) defenderla con medidas de lucha.

Es urgente que la AGTSyP abra un amplio debate en la base para armarnos contra este flagelo.