15/10/2015 | 1385

Hospital de Clínicas: luego de la movilización, recule del gobierno y el Rectorado


La explosión del área de esterilización en el Hospital de Clínicas de la UBA, el pasado 25 de septiembre, dejó como saldo la destrucción del 90% del servicio y tres compañeras con heridas menores.


El vaciamiento sistematizado del Clínicas que han llevado adelante, desde hace ya 20 años, las diferentes gestiones del hospital, con la intervención directa del Rectorado, junto al ahogo presupuestario del gobierno nacional, perjudicaron el acceso a la atención de la salud por parte de los trabajadores y generaron problemas edilicios gravísimos.


La crisis que vive el Clínicas se expresa en ascensores inundados o fuera de funcionamiento, falta de insumos y materiales y condiciones de trabajo donde reina la precarización y los contratos basura.


Esto también se ve en otras instituciones hospitalarias que dependen de la UBA como es el caso del Roffo o el Lanari. La mayoría de los docentes, no sólo del Clínicas sino del conjunto de las UDH (Unidad Docente Hospitalaria), son residentes que, «con suerte», tienen un cargo ad honorem.


El bajo presupuesto llevó al Clínicas en 1993, en plena época neoliberal y de privatizaciones, a ser de autogestión. Desde entonces se atienden obras sociales y, en particular, el Pami, que aporta el 85% de los pacientes.


Con esto se pierde el carácter de hospital-escuela, ya que dejó de ser un hospital de agudos de referencia nacional y de los países limítrofes y se transformó en un hospital de pacientes añosos.


Luego de más de diez años de gobierno kirchnerista se mantiene esta dependencia con el Pami y se suma el florecimiento en la periferia de decenas de centros privados, que crecen a expensas del Hospital de Clínicas.


Después del estallido, la movilización de los trabajadores del hospital, docentes y estudiantes no se hizo esperar. Se concentraron en la puerta más de 500 personas, en la primera asamblea, reclamando que volviera a funcionar el servicio de esterilización.


Las asambleas tuvieron un eje claro: la gestión de la facultad, el hospital y el Rectorado debían hacerse cargo por haber saqueado, vaciado y desviado fondos para financiar campañas políticas. El movimiento estudiantil expulsó de la asamblea a la agrupación Nuevo Espacio-Franja Morada por ser responsable de estas políticas privatistas.


La movilización de docentes, estudiantes y trabajadores del hospital, junto a la exposición mediática que tomó la grave crisis del hospital, motivó el anuncio de un aumento de 1.000 millones de pesos para los hospitales universitarios de todo el país.


Una segunda asamblea resolvió realizar una movilización al Congreso Nacional en el momento en que se iba a estar votando el nuevo presupuesto.


La cita era más que oportuna para exigir allí que se vote un aumento de presupuesto que saque al hospital de este ahogo económico que vive, mediante una partida presupuestaria extraordinaria para su refuncionalización, junto a una comisión que audite como son manejados esos fondos.


El nuevo presupuesto, que tuvo media sanción, incluye ese aumento de 1.000 millones de pesos, de los cuales aún no se conoce cuál es el monto destinado al Clínicas. Aunque parezca un jugoso aumento, la situación de la salud universitaria está tan raquítica, que esto es sólo un parche.


Prevén que el Hospital de Clínicas tendrá en 2016 un déficit de 711 millones de pesos. Lejos estamos, entonces, de poder llegar a la refuncionalización del mismo.


El rol que jugaron los diputados del FIT fue fundamental, en particular Pablo López, ya que fueron voceros de la crisis. López llevó adentro del recinto el conflicto y la movilización que se estaba llevando en la puerta del Congreso. El miércoles 14 se movilizará la asamblea al Consejo Superior.


La demostración de cuál es la función que tienen las bancas del FIT en el Congreso o la Legislatura se puso en evidencia. Marcelo Ramal llevó adelante el reclamo por la precarización de los enfermeros y puso en discusión un proyecto por las seis horas de trabajo para Enfermería.


Pablo López puso en evidencia la crisis del Clínicas y el ahogo presupuestario.


Parte del gabinete presidencial de Scioli ya está armado. El rector de la UBA, Alberto Barbieri, emblema de la corrupción y la privatización educativa, es el hombre que va a poner en Educación, para «continuar el proyecto nacional y popular».


Esto refuerza la necesidad tener más bancas del FIT como la de Pablo López, para que le pueden hacer frente a las políticas privatistas y que golpean la educación y la salud.


Por eso el voto a Néstor Pitrola, candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, y Gabriel Solano, candidato a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires, es hoy, más que nunca, una necesidad y una garantía de defensa de la salud y la educación.

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