13/07/2006 | 954

Jorge Lanata: Otro progre que muestra la hilacha

Las poderosas razones de los trabajadores de Editorial Perfil

Bajo la forma de una carta abierta a Nelson Castro, el periodista Jorge Lanata lanzó el domingo pasado una serie de ataques contra la lucha de los compañeros del diario y la Editorial Perfil.


Lanata reconoce que “su problema” es que ve el asunto desde el lado de Jorge Fontevecchia, el patrón. Los hermanaría, según Lanata, la experiencia de “sacar un diario contra viento y marea, con casi todo en contra y sólo con los lectores a favor”.


Es decir que Fontevecchia y Lanata vendrían a ser algo así como dos editores underground, que reparten sus fanzines en fotocopias en el Parque Rivadavia.


Nada más absurdo. Jorge Fontevecchia es dueño de un emporio editorial que heredó de su padre y que incluye a dos de las publicaciones más vendidas del país.


Es falso también que Lanata haya lanzado Página/12, en su momento, cuando él “no tenía un centavo y ninguna editorial de revistas para apoyarme”. El emprendimiento fue financiado por Fernando Sokolowicz, un “próspero empresario maderero, que exporta por 2 millones de dólares anuales”, tal como lo describió Horacio Verbitsky en una edición de la revista Noticias de fines de los ‘80.


Lanata, y en páginas contiguas Jorge Fontevecchia, les piden a los trabajadores de Perfil que financien con su miseria salarial un proyecto editorial, cuando el gobierno de turno los discrimina en materia de publicidad oficial.


Lo que no queda claro es qué lugar ocupa en esa patriada alternativa el apoyo de Perfil a la candidatura de Roberto Lavagna.


Un ataque a todo el gremio


El artículo del ex conductor de “Día D” excede largamente el conflicto suscitado en la Editorial, porque se desata contra el Estatuto del Periodista Profesional, al cual en su desvarío confunde con el convenio.


Según Lanata, el Estatuto consiste en una serie de “privilegios” que impiden la aparición de “nuevos proyectos”, porque “si alguien quiere sacar un medio debe tener 1 ó 2 millones de dólares, pagar indemnizaciones en el caso de que todo vaya mal y tenerlos antes de empezar”.


Pero el Estatuto no tiene la culpa de que Lanata sea un inútil y funda todo lo que toca.


Ni los trabajadores de prensa seremos carne de cañón descartable para las aventuras presuntamente independentistas y radicales de las patronales del periodismo.


Lanata dice que, con el Estatuto, un trabajador puede, al día 29 de su incorporación, “mear en el escritorio de su jefe”, ser despedido y llevarse 14 mil pesos de indemnización sobre la base de un salario de 1.000 pesos.


No, Lanata. Estás meando fuera del tarro y para arriba: si un trabajador hace eso no se lleva ninguna indemnización. Es despedido con causa y no cobra nada.


Lanata se queja de que “un periodista se convierte en efectivo al día 28 de su labor”, pero la realidad del gremio de prensa es que las redacciones están pobladas de pasantes hiper-explotados, y de redactores no reconocidos como tales, que son obligados a facturar ilegalmente y que no se convierten en “efectivos” ni en el día 28 mil de labor, ni en el del arquero.


Tampoco es verdad que la vigencia de Estatuto responda a que los gobiernos de turno le tengan miedo a las cosas que sobre ellos pueda escribir un Lanata. Si fuera por los Lanata, el Estatuto hubiera sido derogado hace rato. Es la lucha colectiva de generación tras generación del gremio de prensa la que lo ha impedido.


A la inversa de lo que cree Lanata, el problema con el Estatuto es que ha sido convertido en letra muerta dentro de la mayoría de las empresas del gremio, como consecuencia de la inacción sindical de la Utpba, que, con su ausencia en el actual conflicto de Editorial Perfil, sumada a la borrada reciente de los 38 días de huelga de Télam, está poniendo otro mojón en el Guiness del inmovilismo gremial contemporáneo.


La presente etapa política está siendo implacable con los íconos del progresismo periodístico. Primero fue Horacio Verbitsky, que se hundió en el fango al defender la censura que ejerció Página/12 contra el extinto Julio Nudler. El mes pasado se destacó Martín Granovsky, que echó mano a los peores procedimientos para aplastar la heroica huelga de Télam. La semana pasada le tocó a Gabriela Cerrutti, otra ex Página devenida en funcionaria, que cayó en el ridículo al atribuir los reclamos de vivienda en la Ciudad a la extinción del hambre, en una versión actualizada del “se quejan de llenos”. Ahora Lanata…


La Naranja de Prensa, en cambio, considera que los 14 puntos votados por los trabajadores de Perfil son un programa para todo el gremio, para el que comprometemos nuestro apoyo, activo y militante, en solidaridad con la lucha de los compañeros.