15/08/2002 | 767

La Asociación Gremial Docente (AGD) de la UBA marchó desde el Obelisco a la Plaza de Mayo y acampó hasta el día siguiente junto con el Bloque Piquetero Nacional, el MIJD, Barrios de Pie, las asambleas populares y otros sindicatos combativos como Suteba La Matanza y los compañeros de la comisión interna de Perfil. Estuvimos en el «aguante» y el día jueves, desde nuestra carpa, realizamos charlas y clases públicas. La convocatoria del casi centenar de compañeros que se acercaron a la carpa, así como de los trabajadores ocupados y desocupados que se integraron a los debates, se sumaron al triunfo piquetero de esa jornada de lucha.


Una vez más, como el año pasado en el movimiento huelguístico que sacudió a la UBA, como en las jornadas del 19 y el 20 donde fuimos uno de los pocos sindicatos que estuvieron en la calle, y como desde principios de este año, cuando nos movilizamos (el 26 de mayo, el 27 de junio, el 9 de julio) con las consignas de que se vayan todos y nuestros propios reclamos; una vez más, la AGD-UBA es piquetera. Y lo es no solamente porque los docentes de la Lista Naranja, que fuimos votados recientemente en una de las elecciones más masivas de la historia gremial de la universidad, participamos en la conducción del gremio, sino también porque, en los hechos, la gran mayoría de los docentes universitarios cobramos salarios por debajo del límite de la pobreza, porque todavía existe un enorme conjunto de trabajadores que no cobran (en la Facultad de Ciencias Sociales representan un 40 por ciento; suman 8.000 en Medicina), porque a los investigadores se les adeudan los subsidios correspondientes al año pasado y al corriente, porque la patronal (el rector Jaim Etcheverry y su camarilla) ahoga presupuestariamente a las facultades e intenta privatizar nuestra obra social.


Por eso, la lucha piquetera también es nuestra lucha. Las maniobras burocráticas y divisionistas que se expresaron en la convocatoria de la CTA y la CCC a la marcha del martes o en la concentración «a destiempo» (el mismo miércoles) de quienes «vinieron para no acampar», tienen su correlato en la lucha que debemos llevar los docentes universitarios nacionales para enfrentar a la burocracia de Conadu – con Anahí Fernández y Daniel Ricci a la cabeza – , que acaba de firmar, a cambio de la promesa de la posible recuperación del recorte del 13 por ciento de los salarios, la «paz social» con el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), que nuclea a los rectores de todo el país. O para confrontar con la política de Etcheverry, que representa la continuidad del shuberoffismo y la profundización del ajuste y la privatización. El rector de la UBA recientemente declaró que no habría aumento de presupuesto dada la situación de pobreza en el país. Como si los fondos recortados del presupuesto y de nuestros salarios se «socializaran» entre los sectores empobrecidos y explotados y no, como sucede, se desviaran al financiamiento de banqueros, empresarios «criollos» y organismos internacionales de crédito.


 


Por un plan de lucha nacional


Para los trabajadores universitarios de la UBA y de todo el país, el Acampe tiene que significar el comienzo de un nuevo plan de lucha frente al inicio del segundo cuatrimestre. Del próximo Congreso de Conadu Histórica, convocado en La Rioja para el 16 y 17 de agosto, deberá surgir un plan de lucha nacional de la docencia universitaria que vuelva a poner en pie la universidad para enfrentar a este gobierno y su plan de ajuste y miseria. Los docentes de la Lista Naranja impulsaremos en la AGD-UBA y en el Congreso la necesidad de enfrentar el cuadro de colapso en el que, inevitablemente, entrarán las universidades nacionales. El cierre de universidades no es apenas una posibilidad: la amenaza de cortes de servicios (luz, gas, teléfono) por falta de pago, la carencia de los más elementales materiales (tonner, por ejemplo) para el funcionamiento administrativo, los costos de los insumos en laboratorios y en hospitales universitarios, entre otras manifestaciones, revelan la magnitud de la crisis. Los salarios recortados, pagados de manera escalonada, en especie (los tickets canasta que reciben muchos compañeros del interior) y devaluados, expresan la situación de empobrecimiento y miseria en la que estamos los docentes universitarios como resultado de la política del FMI que ejecuta Duhalde.


La única manera de enfrentar, desde las universidades, esta política es llevar adelante un plan de lucha nacional que se desarrolle con las consignas de Que se vayan todos, fuera Duhalde y el FMI, y que levante un programa de reivindicaciones por el aumento del presupuesto universitario, por la indexación salarial y el pago de los 100 pesos en equiparación con los trabajadores privados, por la eliminación del trabajo ad honorem, por el pago de los subsidios adeudados a los investigadores, por el sostenimiento y la recuperación de los hospitales universitarios.


Para eso, los docentes universitarios de la Lista Naranja proponemos para las primeras semanas de clases la convocatoria a asambleas docentes e interclaustros en cada universidad y en cada facultad del país, y la organización de una nueva marcha universitaria nacional a Plaza de Mayo, junto con los centros de estudiantes. Se trata de preparar en conjunto la huelga general educativa que impida el desguace de las universidades públicas y el embate final contra nuestros salarios, nuestras condiciones de trabajo y nuestras posibilidades de desarrollar investigaciones y conocimientos científicos al servicio del pueblo. Como se coreaba el miércoles: «No le damos tregua». Y no se la vamos a dar ni al gobierno, ni al CIN, ni a los burócratas sindicales.

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