Sindicales

22/6/2026

La CGT y las CTAs se reunieron… para descartar un plan de lucha ante la ofensiva antiobrera

La burocracia sindical tiene muchas reuniones y ninguna instancia para enfrentar a Milei y los capitalistas.

Reunión centrales obreras.

La burocracia sindical al frente de la CGT, así como la que se encuentra a la cabeza de la CTA Autónoma y la CTA de los Trabajadores, tuvieron reuniones propias y conjuntas recientemente, con el objetivo de discutir la “grave situación que atraviesa la clase trabajadora en todo el país”, sin embargo, no llegaron a ninguna resolución concreta ni compromiso de plan de lucha o acción gremial general para enfrentar el ajuste antiobrero de Milei y  las patronales.

Por el lado de la CGT primero tuvieron su propia reunión el pasado miércoles 17, donde acordaron no convocar a un paro general, sino a una supuesta estrategia de medidas gremiales sectoriales escalonadas, que recién discutirán más adelante en próximas reuniones; o lo que supieron denominar “la construcción de un plan de lucha sostenido, escalonado y con capacidad de involucrar al conjunto de las organizaciones confederadas que combine firmeza, creatividad y construcción colectiva”.

Pasado el cónclave de la subordinación, se reunieron el jueves 18 con las direcciones de la CTA Autónoma y la CTA de los Trabajadores para hacer extensiva su orientación liquidacionista y colaboradora con el ajuste patronal, comprometiéndose a “coordinar acciones conjuntas y avanzar en la construcción de un plan de lucha unificado que permita expresar el rechazo a las políticas implementadas por el gobierno nacional”. Nuevamente, nada concreto en los hechos.

Algunas versiones periodísticas hablan del compromiso eventual de un paro general “sin fecha” –de esos que se postergan indefinidamente-, con posterioridad al Mundial de fútbol, debido a que la atención de los trabajadores estaría en el evento deportivo y no en los despidos y el ajuste salarial que vienen sufriendo.

La única medida en concreto que asumieron las direcciones de las centrales obreras y “seguir reuniéndose” para “seguir discutiendo que hacer”, algo que pinta de cuerpo completo a una burocracia sindical cómplice y colaboradora del ajuste y la ofensiva antiobrera de Milei y quienes lo precedieron, no solo con la incorporación de la reforma laboral con la Ley Bases y la propia sanción de la ley de Modernización Laboral, sino con la negociación actual de convenios flexibilizadores, como el del Smata con Mirgor, y las negociaciones precedentes que llevaron a los convenios con Toyota bajo el gobierno de Alberto y Cristina, preparando las condiciones para su aplicación en la actualidad.

Mientras los burócratas sindicales mantienen su política de la “reunión permanente”, con sendos comunicados y gestiones infructuosas y coloridas ante la OIT y presentaciones sin sentido en la Justicia, en más de dos años de gobierno de Milei se consolidó una caída del 40% en el salario mínimo, de referencia para muchos sectores informales, además de una pérdida de 217.000 puestos de trabajo en el sector privado  según datos del Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Entre los sectores más afectados se encuentran la Industria y Comercio, con decenas de miles de puestos de trabajo perdidos, y aunque sectores de baja incidencia laboral como la minería vienen recuperándose –al calor de los beneficios extraordinarios del gobierno- aún se encuentran en números negativos en términos interanuales.

Para todos estos trabajadores y otros, como los obreros de Fate que siguen luchando contra el cierre de la empresa y en defensa de 1.000 puestos de trabajo, la CGT y compañía solo “expresa su solidaridad”, como tapadera de que la burocracia sindical le da la espalda a los conflictos en curso, como ocurre con las y los docentes universitarios contra el acuerdo del gobierno y los rectores, el conflicto de los trabajadores del Garrahan y con la docencia combativa con medidas de lucha en todo el país, entre otros.

La orientación de la burocracia sindical al frente de las centrales obreras implica la de la “negociación” aislada de cada gremio y la aplicación de la reforma laboral lugar por lugar, sin ofrecer una respuesta colectiva, adaptándose y colaborando con las patronales. Esto demanda una lucha por recuperar los sindicatos, con agrupación clasistas y antiburocráticas en cada gremio, para promover la deliberación de los trabajadores -que la burocracia sindical rechaza- y derrotar la ofensiva antiobrera.

La huelga general está planteada en cada lucha y pelea de los trabajadores contra la ofensiva de Milei y las patronales. No construir esta perspectiva implica subordinarse a los objetivos del gobierno y llevar a los trabajadores a la imposición de convenios ruinosos, industria por industria y gremio por gremio.

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