29/02/1996 | 483

La ‘paz social’ duró menos de un mes

A comienzos de enero, la UOM de Avellaneda pactó con la patronal de Aurora la suspensión de todos los trabajadores, seguida por las vacaciones anuales. De este modo, la planta permanecerá cerrada hasta comienzos de marzo.


Para la burocracia de la UOM, este acuerdo era una ‘victoria’ que evitaba despidos masivos, aunque dispusiera una reducción salarial y limitará el compromiso de ‘no despedir’ hasta el 4 de marzo.


Sin embargo, la patronal no pagó el aguinaldo, las quincenas adeudadas y las vacaciones antes del ‘licenciamiento’. Esto llevó a la Comisión Interna y al Cuerpo de Delegados a la ocupación de la fábrica. La toma se desarrolló en medio de una gran tensión entre los trabajadores y la dirección sindical.


Cuando la patronal concretó el  pago de la última quincena de enero, la Comisión Interna resolvió (sin asamblea) el levantamiento de la toma. Una semana después, se pagaron las vacaciones. Pero simultáneamente, la patronal cercenó parte de las vacaciones del personal de más antigüedad, o las transfirió a “algún otro momento del año”, con el argumento de “reiniciar el trabajo”.


 


Lo que está en juego


Los trabajadores terminan el verano con las vacaciones mutiladas y con la misma amenaza de despidos masivos.


El nuevo directorio (dominado por la Grundig) quiere llevar adelante una ‘reorganización’: varios compañeros ya han sido “invitados a renunciar”, para incorporarse a “empresas” que prestarán “servicios” a Aurora (despacho, mantenimiento), con la pérdida completa de la antigüedad y la categoría.


Necesitamos la asamblea general: hay que imponerle a la patronal la estabilidad laboral y la vigencia integral del convenio.

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