13/10/2021 | 1631

La reforma laboral en Toyota

Un convenio flexibilizador acordado con la burocracia

En los primeros días de octubre, la multinacional Toyota logró hacer pasar su reforma laboral en la planta de Zárate, con la que obtuvo la extensión de la jornada laboral a los sábados a cambio de un plus económico, un franco móvil y la efectivización de 1.012 trabajadores contratados. Esta nueva flexibilización pasó gracias al favor de la burocracia del Smata, que organizó, en tiempo exprés y bajo presión, la aceptación de los términos patronales.

Este aparentemente régimen progresivo de 5×2 y una compensación económica de 8.007 pesos por cada sábado trabajado implica en los hechos la pérdida de la facultad de aceptar o no, y cobrar como tales, las horas extra de los sábados, las cuales no prosperaban bajo el antiguo régimen debido a los altos niveles de productividad, explotación y deterioro físico para el trabajador, y a que al adicionar las mismas los obreros eran alcanzados por el Impuesto a las Ganancias.

Esta reestructuración patronal opera de tal modo que la empresa no solo logra forzar el trabajo los días sábado sino que no tiene que pagar el costo adicional de las horas extra, similar a lo que ocurriría con un banco de horas, como reclama la clase capitalista para abaratar “costos laborales”.

La incorporación de los mil operarios es presentada como un punto adicional del paquete, aunque más bien responde a las obligaciones patronales debido a la extensión de los contratos y a las necesidades productivas de la empresa.

La burocracia del Smata jugó un papel determinante a la hora de hacer pasar esta reforma contra los trabajadores, convocando una asamblea exprés y amañada, en un gremio caracterizado por la persecución y la patoteada sindical. La propuesta no fue explicada punto por punto y no hubo oradores en contra. Esto no impidió que un sector de trabajadores (Pintura) hiciera campaña por el “No”, generando una fisura en la comisión interna de la planta.

La base de esta reforma es la negativa de la patronal a realizar nuevas inversiones para soportar los ritmos de producción -que, de paso, crearía nuevos puestos de trabajo-, lo que redunda en una mayor explotación del personal existente.

Esta reforma de Toyota sigue la ruta de la reforma laboral reclamada por la clase capitalista. El sindicalismo combativo y la Coordinadora Sindical Clasista se oponen a esta orientación ajustadora: el voto al FIT-U tiene el mismo sentido.

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