16/05/1995 | 447

La súper-explotación de los choferes

Que los colectiveros se encuentran entre los trabajadores más salvajemente explotados por las patronales no es, ciertamente, ninguna novedad. Lo novedoso, sin embargo, es que ha aparecido un estudio realizado por el Conicet (con el auspicio de la Organización Panamericana de la Salud) que permite cuantificar el grado de explotación que sufren los colectiveros y mensurar sus desastrosos efectos sobre la salud del trabajador y sobre la seguridad de los pasajeros.


“El colectivero del área metropolitana está sometido a un estrés permanente y los estudios demuestran que ese colectivero es el trabajador más estresado del mundo”, aseguró el doctor Enrique Segura, quien encabeza la investigación médica del Conicet (Diario Popular, 16/4). “Luego de seis horas al volante, pierde gran parte de sus reflejos, volviéndose ineficiente y peligroso, (pero) el 85% de los trabajadores del autotransporte maneja hasta 10 horas continuas para incrementar el salario” (ídem). Como consecuencia de esta auténtica masacre, “el 80% de los choferes se jubila por invalidez antes de llegar a la edad correspondiente (55 años) o al tiempo trabajado (30 años)” (ídem). El aumento de la edad jubilatoria que votaron “nuestros” diputados y senadores es, por lo tanto, especialmente destructivo para los choferes.


Más aún, como las extras se han convertido en la norma para llegar a fin de mes, el tiempo de descanso no alcanza para recuperar la fatiga que produce la jornada de 10 y 12 horas y el colectivero es víctima de fatiga crónica. Como consecuencia de esta explotación, verdaderamente esclavista, aumentan exponencialmente los riesgos de accidentes; cuando éstos se producen, son los trabajadores –y no los patrones– los que van a parar a la cárcel y son sometidos a juicio.


El régimen de superexplotación que imponen las patronales es un verdadero “devorador de hombres”. La Comisión Nacional del Transporte Automotor (Conta) le ha retirado la licencia a 6.000 colectiveros afectados por enfermedades síquicas y físicas producidas porsu trabajo. Lo notable es que muchos de estos colectiveros tenían apenas un año de trabajo, es decir, que poco tiempo antes habían pasado perfectamente los exámenes sicofísicos que ahora reprobaban ¡Basta un año arriba del colectivo para destrozar a un trabajador sano!


Según el doctor Segura, “las enfermedades más características de los colectiveros son un estrés muy pronunciado y dolores difusos de difícil diagnóstico” (ídem). Precisamente, como se trata de enfermedades “de difícil diagnóstico”, los médicos de las empresas acusan a los trabajadores de “simular” y los mandan a trabajar “medicados” … es decir, dopados.


Las patronales, sedientas de superbeneficios, hacen cada día más pesada la carga de los choferes, incorporando unidades cada vez más grandes y con mayor cantidad de pasajeros y acortando los horarios, con el argumento de que “ahora los choferes no tienen que cobrar el boleto”. La patronal del autotransporte –la Fatap– anunció el “fin del mundo” cuando se le impuso la colocación de máquinas expendedoras de boletos. Después de esta conquista obrera, sin embargo, ninguna empresa fue a la quiebra: al contrario, siguieron amasando superbeneficios y “capitalizándose” a caballo de la superexplotación de los choferes y el saqueo de los usuarios (en el Gran Buenos Aires, el boleto es el más caro del mundo). La responsabilidad por esta masacre incunbe a la burocracia de la UTA, que permite los sueldos de miseria –que obligan a la realización de extras– y las terribles condiciones de trabajo que enferman al trabajador.


¡Que el transporte automotor sea declarado trabajo insalubre! ¡Seis horas de trabajo por un salario igual a la canasta familiar! ¡Reducción de la edad jubilatoria! ¡Fuera la multiplicidad de tareas: que el chofer sólo se dedique a manejar, guardas para operar las máquinas expendedoras y cambiar monedas! Hay que terminar con este régimen de superexplotación antes que la superexplotación termine con los choferes.

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