17/11/2011 | 1203

Las habas que se cuecen en camioneros

La prensa no lo supo o no lo trasmitió. La Justicia lo ocultó. La policía lo encubrió. Pero el viernes 4 de noviembre, se produjo una rajante huelga camionera impuesta desde abajo, reprimida por sucesivas patotas del sindicato, a las que les hizo frente.

Los compañeros recolectores de Aeba que pasaban a Aesa, o sea, objeto de un cambio societario, acordaron una indemnización del 180% en compensación por el cambio de razón social. El acuerdo fue violado y sólo les pagaron el 100%, por lo cual decidieron ir a la huelga, contra la posición de los delegados -en particular Mansilla, responsable de la transa.

De entrada, llegó a la sede de la empresa parada una «comisión» de delegados de la empresa Galu, barrabravas de Chicago, con la consigna de que se levante la huelga. Ante la negativa obrera, uno de ellos aplicó un culatazo a un trabajador. El matón fue reducido a golpes por el colectivo obrero, y lo propio ocurrió de inmediato con el otro barra. La policía «no vio nada», pero los trabajadores hicieron la denuncia.

La huelga continuó y a las tres de la madrugada llegó un micro con aproximadamente 50 patoteros armados. Los trabajadores se guarecieron en el interior de la planta, desde donde aguantaron una lluvia de balazos que impactaron y dejaron sus huellas en el frente de la empresa. La policía, otra vez, dejó el territorio liberado.

A la mañana siguiente llega la información de 50 telegramas de despidos, tras lo cual el fiscal interviniente conmina a levantar la huelga para evitar «males mayores» y «preservar la fuente de trabajo». El conflicto termina con la llegada de Pablo Moyano en persona, quien rompe las copias de los telegramas (los trabajadores no los habían recibido aún) provenientes de la oficina de personal de la patronal, con la condición expresa de que todo quede en casa y no trascienda lo ocurrido. Los trabajadores se quedaron, eso sí, sin el 80% comprometido, pero parte del acuerdo fue la renuncia del delegado Mansilla, que quedó depuesto.

En todo el movimiento obrero se cuecen las habas de este proceso de luchas y de cuestionamiento de la burocracia sindical. Evidentemente, camioneros no es la excepción -ya tuvimos la huelga autoconvocada por la muerte de un delegado sin atención de urgencia.

Es clara la connivencia del aparato de represión y de la justicia con la patota camionera en este caso -como en todos los de la Uocra de Gerardo Martínez, las mayores patotas del movimiento obrero argentino. Pero al proceso político que hoy se expresa en las luchas aeronáutica, de aceiteros, de petroleros, de Uatre, de Acetatos (textiles), de docentes bonaerenses, no lo detienen las patotas. Moyano está con su flamante barba en remojo en la CGT, pero también en su gremio.

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