12/08/1999 | 637

Las luchas están creciendo, una reflexión política

Por Ch. R.

Un estudio reciente revela «un nivel de conflictos que es el más alto de los últimos doce meses» y está por encima del promedio mensual (17 conflictos) del año (Centro de Estudios Nueva Mayoría, 12/7)


En junio, tuvieron lugar las luchas de Corni, Emfer, Diasa, las movilizaciones del Hospital Larcade, la huelga de los trabajadores de la sanidad de Tucumán y de los docentes de Catamarca, la rebelión obrera en el puerto de Mar del Plata, el ‘aguante’ de los trabajadores correntinos. Este proceso cobró mayor intensidad en julio (se sumaron los municipales de Tucumán, estatales neuquinos). Los conflictos, según este estudio, llegaron a su punto más bajo en 1997 (116), subieron a 168 en 1998 y alcanzaron a 107 sólo en el primer semestre de este año.


El número de conflictos registrado en junio es el más alto de los últimos tres años. El estudio no discrimina niveles de conflicto, lo que impide evaluar el porcentaje de conflictos en que se tomaron medidas de fuerza respecto de los que se denunciaron y, una vez conocido este dato, la extensión de las huelgas. La crónica de Prensa Obrera, sin embargo, revela una profundización de los métodos de lucha; ocupación de Emfer (ex Morrison); la huelga que posibilitó la victoria en telefónicos y en Metrovías; las huelgas de Corrientes; los paros progresivos de los estatales de Neuquén. Existe, en este punto, un dato que no está medido por ningún estudio: de las decenas de luchas, las derrotas corresponden a aquellos en los que la burocracia sindical tiene un mayor control. El caso emblemático es Diasa, donde los compañeros terminaron aceptando las indemnizaciones luego del desangre producido por la conducción de la UOM.


Una secuencia que educa


La evolución de los conflictos revela un anterior punto de inflexión en el ‘93, cuando se llega al punto más bajo desde 1982 (234 conflictos) que se revierte con el ‘Santiagueñazo’ (diciembre de ese año). Las luchas avanzan en el ‘94 (250, la Marcha Federal) y llegan al punto más alto en 1995 (446 conflictos). El activismo que condujo estas luchas fue llevado al callejón sin salida del chacho- bordonismo por las direcciones de la Cta, del Mta y de la propia izquierda.


La Cta y el Mta fueron la ‘columna vertebral’ del Frepaso: «se puede decir que el bordono-chachismo canalizó electoralmente a la Marcha Federal, en lo que constituye un fantástico fenómeno de confiscación política» («Las elecciones del 14 de mayo de 1995», Jorge Altamira). Las elecciones del ‘95 culminaron un proceso de distorsión política, que comenzó primero con la formación del Frente del Pueblo y de Izquierda Unida y continuó luego con el Frente del Sur. También, el Perro Santillán apoyó al bordonismo (en el acto del 1º de Mayo convocado por la CGT San Lorenzo), tanto Solanas como el Ptp anunciaron que votarían por Bordón en un segundo turno, luego la Corriente Sindical Combativa se integró a la mesa sindical de la Cta y del Mta. La cuenta de conflictos cae abruptamente de los 446 en el ‘95 a 176 en el ‘96).


La lucha del PO recoge el desafío de darle una perspectiva política al movimiento de lucha que están encabezando numerosos activistas, para que las luchas no queden confinadas una vez más a los límites de los políticos patronales.

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