Sindicales

12/6/2014|1318

Las ocupaciones de fábricas

Las ocupaciones de f�bricas

En el acto en la Patagonia, CFK fustigó a los trabajadores de Gestamp y sostuvo que “las fuentes de trabajo no se defienden tomando fábricas”, porque estamos en “un mundo nuevo”.

Está claro, sin embargo, que si el conflicto pudo romper el cerco de hierro del Smata y la patronal española fue por toda la lucha desplegada, pero -en especial- por la ocupación del puente-grúa. Esa imagen se reprodujo en todos los medios.

Al revés, Gestamp demostró una vez más la eficacia de los métodos que la presidenta, interesadamente, quiere mandar al cesto de basura. No es casualidad tampoco que, poco después, el gobierno provincial se reuniera con cámaras empresariales -en particular con aquellas en las que tiene fuerte presencia el clasismo, como Alimentación y Gráficos- para comprometer su apoyo “ante la posibilidad de que se extiendan los casos de ocupaciones de fábricas”.

Pero la malversación de la conciliación obligatoria en Gestamp (que se dictó y se dejó sin efecto 48 horas después) cuestiona seriamente la autoridad del Estado para imponer mecanismos de arbitraje. Es previsible que la tendencia a desacatar las resoluciones del Ministerio, que ya preocupaba a la UIA antes, crezca; de modo que el compromiso de Scioli no pudo ser otro que el reforzamiento represivo.

En esa misma línea,varios trabajadores de Valeo están sufriendo un verdadero acoso judicial. Luego, fue Capitanich quien advirtió sobre “la ocupación ‘ilegal’ de las plantas”.

Pero las ocupaciones tienen en Argentina una larguísima tradición. Sólo a modo de ejemplo se pueden mencionar la del “Lisandro” en el 59; el plan de lucha de la CGT del 64, que culminó con la ocupación de 12.000 empresas en todo el país; las tomas de Sitrac-M o las que tuvieron lugar contra el golpe del 76. Ya bajo la “democracia”, la de Ford del 85 o la de Atlántida contra el cierre en el 97. Y, me permito incluir, la ocupación de Interpack en el 2007.

Las “tomas” son un recurso extraordinario, pero totalmente legitimo (hay jurisprudencia, incluso, que las considera una modalidad de la huelga), sobre todo frente a la ola de suspensiones masivas y despidos que se extiende por toda la industria. Lejos de perder vigencia, el agravamiento de la crisis las pondrá cada vez más a la orden del día.


Miguel Bravetti