08/02/2001 | 696

Las patronales dieron un paso atrás

La discusión de los convenios colectivos en el gremio de La Fraternidad ha comenzado con un retroceso de las patronales concesionarias de las líneas TBA (Mitre y Sarmiento), Metropolitano (San Martín) y Metrovías (Urquiza): se anularon los despidos y suspensiones que dieron lugar a la huelga con piquetes de diciembre, se ha firmado una cláusula que compromete a la patronal a no producir despidos por aplicación de nueva tecnología (importante por el reemplazo de formaciones previsto en la línea Victoria-Capilla del Señor, que dejaría afuera a uno de cada dos compañeros que conducen las Diesel), y se limita la jornada de trabajo a 8 horas en las líneas de pasajeros (aunque manteniendo las 48 hs semanales) a partir de enero del 2002. Esto significará la incorporación de unos 20 conductores sólo en TBA. Se acordó una recomposición salarial bajo diversas modalidades según las líneas, algo abajo del 10%. Sólo afecta al básico en el San Martín y en el Belgrano, con un aumento de 48 pesos a partir de enero del 2001 y 32 pesos desde enero del 2002. En el Urquiza, Mitre y Sarmiento, los incrementos se dan a través de la productividad, ticket canasta y viáticos. En Ferrovías (Belgrano) no cerró la discusión del convenio, y empieza en el Metropolitano (Roca). Para las concesionarias el logro es haber preservado el convenio por empresa, un objetivo esencial dada la envergadura de los paros ferroviarios de noviembre y diciembre.


Lo obtenido está aún lejos del planteo original del gremio de aumento de 300 pesos y reducción de la jornada a 7,15 hs (43 semanales). Probablemente, también por debajo de lo que se podía lograr con un planteamiento de lucha más audaz y abierto, librando una lucha por involucrar a la totalidad del activismo ferroviario, que está en un ascenso (incluidas la Unión Ferroviaria y Señaleros, al borde de sus propias paritarias y con un retraso salarial mucho más pronunciado) y reclamando a las centrales obreras una medida de acción concreta en respaldo de los conductores. Pero en el cuadro de la tendencia a la reducción de salarios e incremento de la jornada laboral que pretenden las patronales en la Argentina, aparece como una referencia concreta a la hora de establecer los pliegos de reclamos y los planes de lucha.


El punto referido a la reubicación de personal desplazado por eventuales incorporaciones tecnológicas es un antecedente importante para los señaleros, amenazados por la señalización automática (TBA Mitre), y para los guardabarreras.


El resultado del conflicto es un fortalecimiento de la confianza de los conductores en sus propias fuerzas, y moraliza a los compañeros de la Unión y señaleros, que cuestionan la absoluta falta de logros en sus respectivos gremios. No hay que olvidar los recientes paros exitosos contra los despidos en la Unión, pese al sabotaje de la directiva.


Con los límites señalados, reafirma la plena vigencia de los viejos métodos de la huelga y el piquete, y quiebra la ficción de «patronal invulnerable» que se construyó en años de derrota ferroviaria.


Habrá que seguir el proceso inminente de renovaciones de cuerpos de delegados y en particular los resultados de la elección de Directiva y Ejecutivas seccionales de la UF el próximo 13 de febrero. Por sobre los límites de la oposición Celeste, una derrota de Pedraza ampliaría la brecha para que se expresen las tendencias combativas que anidan en el ferrocarril. Urge acelerar la construcción de una vanguardia clasista en ferroviarios, en la perspectiva del Encuentro nacional de organizaciones de trabajadores y desocupados convocado por el Plenario Clasista del 16 de diciembre pasado.

 

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