04/06/2015 | 1366

Lo nuestro debe extenderse


Hace diez años, la jornada laboral era de tipo americano (siete días seguidos, dos de franco), como es actualmente, con francos siempre rotativos, algo que genera mucho desgaste y es muy duro. La diferencia con la actualidad es que el salario era la mitad del salario básico y sin compensación por la rotación.


 


En aquel momento, se gestó una rebelión de compañeros que tenían unos 20 años, muchos de ellos desocupados de 2001. Estos compañeros se reagruparon contra la vieja burocracia y conquistaron el salario mínimo vital y móvil. También lograron que se pague una compensación por los francos rotativos.


 


 


FOTO: Fernando Der Meguerditchian (Cooperativa de comunicación La Brújula)


Los trabajadores empezaron a tomar conciencia del lugar fundamental que ocupan en la economía argentina y que reciben un vuelto de lo que acumulan las empresas en sus ganancias.


 


Todo esto dio lugar a la organización que permitió recuperar la Federación, a partir de un plenario en Necochea, que homogeneizó a los compañeros y preparó un plan de lucha, y donde definieron que la reivindicación de la que nunca se bajarían, que sería la base de su organización, era la defensa de un salario igual a la canasta familiar.


 


La lucha salarial de este año fue encarada desde el comienzo con la conciencia de que sería muy dura, y que se necesitaría la solidaridad y la fuerza de todos los compañeros para ganarla. La Federación encaró la paritaria sabiendo que sería la madre de todas las batallas, que sería una lucha muy larga, porque el fin del modelo le planteaba a las patronales la necesidad de liquidar a los aceiteros que encarnaban el movimiento que venía rompiendo los techos salariales. Sabíamos que el gobierno y que Scioli, Macri y Massa coincidían en aplastar al gremio aceitero porque veníamos rompiendo los topes. Salimos conscientes a la lucha.


 


En 2014 conseguimos el 38% de aumento con un paro de tres horas. Este año hizo falta casi un mes de paro. Viajamos desde Buenos Aires a Rosario porque sabíamos que aceiteros se había convertido en un problema político y que el gobierno había partido el movimiento creando un sindicato paralelo a la Federación para dividirnos. Siempre fuimos conscientes de que ésta era una lucha política.


 


El gobierno y las patronales decidieron crear un conflicto para desgastarnos y quebrarnos. Los aceiteros supimos responder. A los diez días, la patronal ofreció un 24% contra el 42% que pedía el gremio, fue allí que votamos los bloqueos. Decidimos cortar las rutas contra el carneraje del sindicato K. Con los bloqueos y los cortes logramos romper la unidad de las empresas y el gobierno, sabíamos que el CFK no quería ninguna paritaria que superara un 27% y que ninguna central obrera, de las cinco que hay, nos apoyaba. Sólo nos acompañaron el Partido Obrero y el Frente de Izquierda.


 


La dureza de esta lucha es difícil de explicar, cuando después de mucho tiempo de estar lejos de casa te preguntan ¿papá, para qué te fuiste?, lo único en lo que pensábamos los compañeros era ¿qué hacer para que esta lucha triunfe? Las empresas se negaban a pagar los días caídos por el paro, querían quebrarnos para dejáramos de militar. No pudieron lograrlo.


 


De toda esta enorme experiencia, con semanas enteras lejos de nuestras familias, de nuestras esposas e hijos, sucios, con hambre, y con la victoria que hemos conseguido debajo del brazo, hemos sacamos importantes conclusiones.


 


Ninguna de las cinco centrales obreras se puso delante de la huelga general aceitera. Necesitamos recuperar otros sindicatos, federaciones y centrales obreras para no tener que volver a salir a luchar solos. Necesitamos sindicatos independientes que no se entreguen a las patronales y al gobierno.


 


Lo nuestro debe extenderse, necesitamos nuevos aliados y apoyos.


 


 

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