10/11/1993 | 406

Los muertos de la “flexibilidad laboral”

El pasado martes 2,  la ex-Somisa (ahora en manos del pulpo Techint) se cobró su segunda víctima fatal en 60 días: el obrero Miguel Sánchez murió por emanaciones tóxicas en el Alto Horno 2.  En el mismo sitio, y por causas similares, había perecido en setiembre su compañero Musso. Javier Tizado, presidente de Aceros Paraná, admitió que el Alto Horno “tiene fisuras que generan pérdidas de dióxido de carbono” (La Nación, 3/11), lo que no le impidió atribuir la muerte de Sánchez a… “causas naturales… ya que (el obrero muerto) era asmático” (!!!). Una asamblea resolvió parar  por 24 horas, en repudio a las condiciones laborales que rigen en la planta.


Los accidentes fatales retratan el cuadro de superexplotación y liquidación del convenio que se vive dentro de la planta nicoleña. La contracara de esta situación la brindó, días atrás, el propio Tizado, anunciando que la ex SOMISA “cerró su primer ejercicio casi en equilibrio”, esto “luego de asumir cerca de 23 millones de pesos en indemnizaciones” (Página 12, 16/10). Los fondos para despidos han sido la principal “inversión” del pulpo Techint en la acería: esto quiere decir que la “recuperación productiva” se basó en la exacción sin límites de los trabajadores que quedaron.


Más despidos


Pero los Rocca quieren más: al anunciar las cifras del último balance, los directores de Techint explicaron cómo piensan “mejorar” los próximos resultados económicos: resolvieron “que el plantel permanente de Aceros Paraná oscile entre los 4.000 y 4.500 trabajadores, lo cual representaría unos 1.000 trabajadores menos de los que hay actualmente” (Norte, 15/10). Si se concretan estos despidos, la productividad alcanzaría las 30 toneladas hombre (en la chilena Compañía de Aceros del Pacífico, asociada a Techint, y cuyas condiciones laborales “redactó” Pinochet, la productividad es de… 260 toneladas).


La lucha por el salario y el convenio


Durante todo el período previo a la privatización, los directivos estatales de SOMISA y la burocracia sindical pretendieron convencer a los trabajadores de la “inviabilidad” de SOMISA,  para desmoralizarlos y pavimentar el camino de los retiros “voluntarios”. Ahora que pasó a manos del pulpo Techint, el plan de éste es reparar los dos Altos Hornos para hacerlos funcionar a pleno en la elaboración de productos planos. Para ello, los Rocca no desembolsarán un centavo: los fondos han sido amasados sobre la superexplotación obrera y las prebendas estatales recibidas en los últimos meses (protección a las importaciones; mecanismos de exportaciones subsidiadas). Pero en el “reparto de utilidades”, los trabajadores nicoleños sólo han recibido miseria salarial y accidentes. La patronal no puede alegar que está “en crisis”, frente a los grandes reclamos que hoy están planteados en San Nicolás:  restituir el convenio arrasado y luchar por un aumento real del salario básico.

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