Las condiciones materiales, de higiene y habitabilidad dentro y fuera de los más de 10.000 m2 cubiertos de la planta de producción, fueron el impedimento número uno que enfrentaron los trabajadores que asistían diariamente a fábrica: hacer de ese nido de ratas un lugar habitable para desarrollar el trabajo en un clima solidario, que fuera lo contrario al sistema carcelario fabril donde habitualmente se desarrolla la producción bajo el látigo del capital.


La mitad de esos compañeros sumaban a esto el esfuerzo extra de trasladarse al lugar desde localidades ubicadas, en algunos casos, a 15 kilómetros o más. Del debate y el chequeo con la realidad su resolución, se expresó apelando a la solidaridad de choferes, inspectores, pica boletos y guardas; se alimentó también de colectas internas y externas, se combinó tren y bicicleta superando con organización, ingenio y voluntad los escollos que se presentaban para tener una continuidad.


Las guardias nocturnas cubiertas por voluntarios del Polo y del Partido, fueron una escuela de convivencia en el peor de los escenarios, el del agotamiento físico, quitando horas de descanso y volviendo a casa muy tarde, convencidos de que estábamos gestando por primera vez un mojón del trabajo genuino para los compañeros elegidos por los movimientos.


La solidaridad obrera estuvo siempre presente, desde las donaciones (200 litros de pintura, alimentos, etc.) hasta la reparación de las maquinarias, algunos con cierta obsolescencia, frente al despliegue de la nueva tecnología de los últimos 20 años. Hubo compañeros técnicos que en las grandes fábricas inventaron, para la gestión obrera, repuestos que tal vez nunca podríamos conseguir en el mercado, y realizaron y donaron, entre otras cosas, los aparejos para bajar a los silos, elementos de seguridad y de alta precisión cuyo costo es elevado, tanto en lo económico como en lo emotivo. En este cuadro de honor quiero colocar a todos los que prácticamente donaron sus herramientas, algunas de ellas de precios prohibitivos para la gestión obrera. Digo donaron porque sopesaron que podía en cualquier momento ocurrir el desalojo y, consecuentemente con él, la rapiña depredadora de los invasores.


La visita de inspección municipal del 16 de marzo mostró, frente a los responsables del área de producción y al ingeniero que nos interrogaba, una amplia solvencia de nuestros compañeros de la Comisión Técnica.


Las cinco comisiones en que se dividió el trabajo para poner a punto el proceso de instalaciones y de producción, tuvieron un funcionamiento armónico, que no dejó de abrir el debate en el momento de la toma de decisiones, para corregir, para sugerir iniciativas y superar todos los bloqueos.


Sasetru Gestión Obrera estaba lista para en 60 días estar produciendo varias toneladas de fideos diariamente.


El allanamiento patronal vehiculizado por el juez es una contingencia más en la lucha por el control obrero efectivo. El comportamiento general de los compañeros en la defensa de su fuente y puestos de trabajo ha sido el que esperaba toda la clase obrera: ejemplar. Se abre ahora una dura batalla política y legal cuya dicotomía es de propiedad: obrera colectiva o privada.


Nuestra herramienta para triunfar: «Los mejores, los únicos: los métodos piqueteros.»