27/03/1997 | 532

Los trabajadores de Manliba y Cliba le torcieron el brazo a De la Rúa

El miércoles 19, los compañeros de Manliba protagonizamos un verdadero parazo. El motivo fue que el pliego publicitado por el gobierno municipal para la licitación del servicio de limpieza de la Capital no incluía la obligación de mantener la planta  de trabajadores con sus categorías, salarios y conquistas. La ‘novedad’ violaba el compromiso adoptado en diciembre último, cuando una movilización al  Concejo Deliberante  y la Municipalidad  lo había arrancado a las autoridades de la  UCR.


La difusión de la noticia sobre la “inestabilidad” del empleo, asociada a la renovación de los contratos, provocó una enorme inquietud entre los compañeros. “Esta vez tenemos que plantarnos firmes”, se escuchaba entre muchos trabajadores, por la experiencia de los numerosos despidos de un año y medio atrás, sin que se pudiera armar una resistencia. La misma firmeza se notó en las Asambleas que entre el martes y el miércoles se realizaron en todos los talleres y en los tres turnos.  “No aflojen ahora … no nos vayan a vender”, se escuchó más de una vez cuando los delegados informaban la disposición del sindicato a ocupar las instalaciones y no abandonar el paro hasta que se obtuviera la reivindicación.


La masividad del paro provocó una reacción de De la Rúa, que esa misma noche convocó al Sindicato de Camioneros y se comprometió en un acta a incluir en los pliegos de licitación el reclamo obrero. La ocupación de los talleres,  la masividad total del paro y el logro obtenido fue sentido como un gran triunfo. Corre, sin embargo, entre nosotros, la idea de vigilar con mucho cuidado el ‘examen médico’ que condicionaría la continuidad del empleo en la nueva concesionaria (aunque el acta incluye la participación de los médicos del sindicato en tales exámenes). Si un trabajador está enfermo (algo común en nuestro trabajo), no debe ser cesanteado.


La situación en Manliba y Cliba ha cambiado. La cambiamos con la movilización de los trabajadores.

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