12/12/2013 | 1297

Los trabajadores del Clínicas defienden la salud pública

El debut de Barbieri
Residente del Hospital de Clínicas

Las asambleas del Hospital de Clínicas -impulsadas por médicos residentes y apoyadas por diferentes sectores de trabajadores- fueron convocadas debido a los continuos problemas que impiden el trabajo cotidiano.


Los problemas son conocidos: desde los ascensores que no funcionan, se traban o se caen con trabajadores o pacientes dentro, hasta la falta de insumos o equipos. Pero hoy llegamos a un punto máximo de negligencia por parte de las autoridades del hospital.


Los faltantes son absolutos, no hay ni paracetamol para bajar la fiebre. No hay sábanas, no funcionan ni el tomógrafo ni el endoscopio, y hemodinamia sólo funciona por la mañana. Las autoridades garantizan sólo un semestre por año el abastecimiento de la farmacia del hospital. Al servicio técnico, el que debería hacer el mantenimiento en los diferentes servicios, no se le paga. En la terapia intensiva sólo hay diez camas.


La respuesta de las autoridades no se hizo esperar: el jueves nos enfrentamos a pequeños aprietes, el viernes salieron a perseguir a los trabajadores que se organizaban. Se hicieron seis sumarios a los residentes que no se habían presentando a la guardia externa. El lunes se citó a dirección a los médicos de planta que apoyaban la medida, junto a los jefes de residentes. El interventor Da Rous les aclaró que ya no hay presupuesto y que se iban a levantar todos los sumarios si las medidas se frenaban. Junto con ello, adelantó la reducción de la internación a la mitad (algo que sucede todos los años debido a falta de personal) y que se iban a limitar aún más los pacientes por servicio social. Esta reunión se hizo junto con la comisión interna, que siempre respondió a los intereses de la dirección y nunca a la de los trabajadores y pacientes del hospital, del nuevo decano de la Facultad de Medicina, el doctor Provenzano, y autoridades del servicio de clínica medica, entre ellos, el posible nuevo interventor del hospital, el doctor Iermoli.


Quedó claro que el cambio de autoridades en la universidad fue sólo un lavado de cara a una gestión agotada. En nuestro hospital, las camarillas universitarias son la cadena de transmisión de un desfinanciamiento de la salud y la educación públicas que reviste un alcance nacional. El Clínicas se encuentra vaciado por los médicos privatistas, jefes de servicio o departamento que, al desmantelar sus propios servicios, derivan sus pacientes a las clínicas privadas aledañas al hospital, que tienen a algunos de ellos como directores o propietarios.


En estas circunstancias, el solo anuncio de la primera asamblea movilizó a la gestión del hospital a conseguir un servicio técnico que emparche el tomógrafo y la entrada de medicación. Con la asamblea del viernes, ya habíamos conseguido que el tomógrafo esté funcionando. El viernes a la tarde aparecieron sorpresivamente nuevas cargas de medicamentos. Esto demuestra también que estamos en el camino correcto.

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