06/01/2011 | 1162

No es una diferencia de ‘método’, sino de principios, de clase y de moral socialista

Respuesta al PTS y MST - mancomunados

El PTS ha tratado de sacar «conclusiones» sobre el conflicto ferroviario. Detrás de sus ataques al PO, se advierte la bancarrota de una orientación política. En la militancia petesiana todavía resuenan los dichos de Albamonte, cuando hace un año prometió embolsarse a toda la nueva generación de luchadores obreros. Ahora, buscan justificar por qué quedaron al margen del conflicto obrero más importante de esta etapa.

El PTS volvió a desertar del corte de vías, el 23 de diciembre -como ya había hecho el 20 de octubre, el día que asesinaron a Mariano. Sus argumentos -«no fueron resueltas por asambleas masivas»- escamotean que la incorporación a convenio de los tercerizados se ha convertido en una gigantesca confrontación política de alcance nacional -luego de un largo período de dilaciones y manoseos en la Secretaría de Transporte y el Ministerio de Trabajo. La asamblea que se convoca para decidir en semejantes circunstancias tiene toda la autoridad para ello, mucho más que las asambleas que nunca se realizaron con aportes ‘masivos’. Esta lucha, por otra parte, siempre fue llevada adelante por los elementos más activos, aquellos que están organizados en las corrientes opuestas a la burocracia. Su ejemplo ha sido tomado por tercerizados de Luz y Fuerza y telefónicos. Nuestros ‘censores’ simplemente esconden su juego: esperan que el gobierno los premie por su deserción mediante la incorporación de algunos de sus miembros. Esto explica, también, que su provocador oficial, Pablo Villalba, haya dicho en el programa de Esteban Mirol que el corte era del Partido Obrero, ni siquiera de una supuesta asamblea minoritaria. En idéntico sentido a Villaba se pronunció Bustillo, otro dirigente ferroviario del PTS, quien planteó en declaraciones radiales que el corte del 23 no era una medida de acción de los tercerizados del Roca. La misma acusación que realizó Verbitsky para desautorizar la medida y cuestionar su validez y representatividad. Los delatores volvieron a retirarse de una lucha aprobada en una asamblea en la que estuvieron presentes y, luego, censuran a los que salen a luchar porque «sólo agrupan a una fracción». Esta gente acata la democracia obrera solamente cuando aprueba sus posiciones. El 23 de diciembre, el PTS volvió a carnerear una lucha y después salió a secundar la acusación del gobierno de que el corte fue una conspiración del PO. Esta gente se ha apresurado a confeccionar remeras con el rostro de Mariano con la única intención de disimular su capitulación en este combate. El país entero atribuye a los cortes de vía de la ‘asamblea minoritaria’ el derribamiento de los obstáculos de Pedraza, Luna y Maturano a la incorporación de los tercerizados.

Mucho antes del 20

Pero la rendición del PTS en esta lucha es muy anterior al 23 de diciembre, e incluso al 20 de octubre. Después del corte de vías de julio pasado, cuando el gobierno reconoció la existencia de 111 despedidos y sólo reincorporó a 11, se abrieron dos políticas entre los tercerizados. La del PTS fue postergar la lucha indefinidamente, organizando actitos, peñas de solidaridad y videos para manipular a los activistas y apostar a reclutar a alguno para sus filas. Otra política -la que impulsaron el PO y otras agrupaciones- fue sostener la lucha con los métodos que los tercerizados encontraron para quebrar su aislamiento, en el marco del desconocimiento de su organización gremial y de la abierta hostilidad del sindicato patrón.

Después de boicotear el corte del 2O de octubre, el PTS se «encontró» con un escenario al que había dado la espalda. En el marco de las inmensas movilizaciones por el crimen de Mariano, el gobierno debió anunciar el «fin de las tercerizaciones en el Roca».

¡El grupejo que boicoteó el corte y las decisiones de las ‘asambleas minoritarias’ caracterizó el resultado como «un triunfo histórico»! El carnero saluda la victoria de la huelga, incluso antes de que los anuncios oficiales tomaran alguna forma concreta. Pero lo hace con la expectativa de que no se presenten nuevas ocasiones de lucha y que una comisión negociadora «administre» los ingresos a planta. Esta «victoria anticipada» -hoy criticada públicamente en las asambleas por todas las corrientes de activistas ferroviarios- tenía una finalidad desmovilizadora y un motivo para seguir carnereando las acciones de lucha. El «pase a planta» de estos ‘victoriosos’ de la lucha de otros le daba la espalda a la lucha por la reincorporación de los tercerizados despedidos. Pero los despedidos eran justamente la fuerza motriz de la lucha por el pase a planta de todos los tercerizados.

En ese cuadro, se produjo el nuevo boicot del PTS al corte del 23, tres días después de la fecha límite de un plan de incorporaciones graduales, que debían comenzar a principios de mes. No había ingreso de los 217 despedidos, ni la equiparación salarial al 1º de diciembre ni tampoco el ingreso a la planta comprometido para el 20 de ese mes.

El corte del 23 puso al rojo vivo la enorme presión de la burocracia sindical sobre el gobierno. Maturano declaró a quien quisiera oírlo que los tercerizados «jamás pasarán a la planta permanente» (en el programa de Zlotogwiazda en radio Mitre), desmintiendo la versión interesada de los petesianos de meter a alguno de los suyos en la Unión Ferroviaria. Con el diario del día después, el PTS interpreta ahora los hechos: «La presión de la burocracia de Pedraza, Maturano y compañía existió y existe, pero no podía evitar que este proceso culminara con el pase a planta a riesgo de generar un conflicto enorme (sic) con centenares de trabajadores». ¿No era que los ‘centenares’ en cuestión no querían luchar y por eso no iban a asambleas que se convertían en ‘minoritarias’? El «conflicto enorme» prometido por el PTS ocurrió el día 23 y fue impulsado por las organizaciones dispuestas a luchar, no por los sinvergüenzas que dedicaron ese día a oficiar de delatores mediáticos del PO.

A esa altura, la política ferroviaria del PTS se encontraba en caída libre. Su mentada asamblea de Lomas de Zamora dejó de existir. La alianza -pregonada desde La Verdad Obrera- con los llamados «caudillos conciliadores» de los tercerizados terminó desplazando al propio PTS de las negociaciones, mientras esos «caudillos» lograban equiparaciones en negro sólo para sus empresas. ¡Los «caudillos» participaron, ellos sí, de la jornada de lucha del 20 de octubre, y al PTS no le dio ni para eso! «Que la base decida», la consigna de la que se valió el morenismo en los ’80 para dividir las respuestas de los lugares de trabajo frente los paros de la CGT, fue puesta en esta ocasión al servicio de la política de Luna y de Tomada, quienes armaron una decena de comisiones negociadoras de los tercerizados para desguazar preventivamente un movimiento de conjunto. Las medidas de lucha impulsadas por el PO y por otras corrientes fueron planteadas en términos de aglutinamiento y defensa de las reivindicaciones del movimiento en su conjunto. El anuncio de la incorporación de los tercerizados a la planta, a partir del primero de enero, no solamente es inseparable de los piquetes del día 23, que el PTS carnereó, sino que es la consecuencia de la derrota política enorme que nuestro partido infligió al intento de Garré, Verbitsky, Fernández, Maturano y Luna de convertir al corte en un «acto de sabotaje» y criminalizar a los activistas del Partido Obrero, para lo que contaron con la colaboración mediática de los provocadores oficiales del PTS. El tal Villalba ya había jugado ese papel el 21 de octubre pasado.

Mariano Ferreyra

Toda esta política carnera pone al descubierto la inmensa inmoralidad del PTS cuando reivindica la figura de Mariano Ferreyra, con independencia de la política y la orientación con la que Mariano luchó y por la que fue asesinado. ¡Mariano estuvo a la vanguardia de la lucha «aventurera» que el PTS repudia! Se ponen remeras con la figura de Mariano para disimular ante los luchadores su condición de carneros y su ausencia de la lucha. El PTS pretende que habría una «polémica de método» en lo que constituye una cuestión de principios: el buchoneo abierto de sus dirigentes ferroviarios al corte de vías del 23. Repitieron el ‘método’ del MAS y de Izquierda Unida, cuando los ‘carapintada’ y Alfonsín salieron a matar a los que tomaron el regimiento de la Tablada.

El MST

Copiando los argumentos del PTS y del gobierno, el MST -sin arte ni parte en esta lucha- ha salido a atacar al PO por el corte de vías «inconsulto» y por «complicar la vida de miles y miles de trabajadores». ¡El mismo argumento que utilizó Pino Solanas contra el movimiento estudiantil en septiembre pasado y el mismo que utiliza toda la jauría anti-obrera desde tiempos infinitos! La integración a planta de miles de tercerizados representaría un avance de tal dimensión para los trabajadores, que los usuarios del ex Roca darían mucho más que un día de falta de transporte para apoyar una causa como esta. El MST se acuerda de nosotros, pero no de Pino Solanas ni Proyecto Sur, los que no apoyaron nunca a los tercerizados ni se movilizaron en la calle contra la detención de los activistas de nuestro partido. La lucha ferroviaria mostró a Proyecto Sur como una corriente totalmente ajena al movimiento obrero, que puede hacer alguna demagogia con el desquicio ferroviario, pero que no moverá un dedo cuando la clase obrera ferroviaria, con su lucha, ponga de manifiesto ese derrumbe. Respecto de ello, el MST guarda silencio. Su ataque al PO tal vez lo ayude a pasar con éxito el «período de prueba», con vistas a obtener alguna candidatura ‘expectable’ en Proyecto Sur.

Morenismo

Según el PTS, el PO sería una corriente «bastante avanzada en años», pero no dice que muy bien aprovechados. Eso, a diferencia del morenismo, mucho mayor, de donde vienen todos los vicios buchoneros de sus retoños del PTS. Porque la actuación del PTS en ferroviarios es morenismo puro: esquivar la lucha para obtener un beneficio para su aparato. El «método» petesiano es morenista hasta los tuétanos: preservación de cargos y posiciones sindicales como un fin en sí mismo; la «instrumentación» de la lucha obrera en función de esa conquista de posiciones, nunca una lucha de principios o de conjunto para derrotar políticamente a la burocracia sindical y al Estado. De allí el furioso conservadurismo de esta secta. Las delaciones mediáticas contra el PO, repetidas luego en comunicados de prensa oficiales, hubieran servido como pruebas contra nuestros compañeros en el caso de haber prosperado la acusación inicial de «sabotaje» presentada por el gobierno.

La lucha de los tercerizados ferroviarios ha abierto un rumbo para toda la clase obrera precarizada de la Argentina. El mérito de ello le corresponde a la vanguardia que se puso al frente de esa lucha, doblegando las divisiones promovidas por el gobierno y la extorsión de la burocracia. A los «profesores» de cómo no luchar, lo único que les espera es la disolución política o, en el mejor de los casos, el olvido.