13/01/2017

Nuevo paro de Cicop: entre el ajuste de Vidal y los límites de una dirección


El pasado miércoles 11 de enero se desarrolló el primer paro de Cicop del 2017 con alto acatamiento en toda la provincia, y con un acto central en el hospital de Wilde. La jornada estuvo signada por la militarización del hospital de Wilde con infantería, y los controles de ausentismo en numerosos hospitales. En paralelo Vidal anunció el descuento de los días de paro a los médicos.


La crisis de la salud pública se agudiza en todo el país, y en la Provincia de Buenos Aires en particular.


La aprobación del presupuesto de ajuste en la provincia, con una partida para salud del 5,6% de los recursos (la cifra más baja desde la década de los ‘90), y que contó con el apoyo de oficialistas y los partidos de la oposición patronal, muestra una orientación de fondo que tiene como política conciente el vaciamiento y la destrucción de la salud pública. Esta política, aunque agudizada en los últimos años, viene siendo aplicada desde hace mucho tiempo, y tiene por objetivo la privatización, de la atención en un principio y de todo el sistema público en última instancia.


La paritaria de Cicop del año pasado aún sigue abierta, tras la oferta miserable del Estado provincial para el último trimestre del año del 1,6% de aumento (98 pesos para el ingresante) llegando asi al 35% anual, lejos de equiparar la inflación, y la extorsión de este al condicionar un mejor aumento (¿?) a un arreglo por 15 meses.  Esta paritaria larga es la que cerraron los estatales de la provincia, un acuerdo ruinoso del 18% en 4 cuotas para todo el 2017 que contó con el respaldo de las burocracias de UPCN y SSP (salud pública), que se suman a la tregua de la CGT, la CTA-Yasky y la CTA-Micheli (la cual se ha dividido dando lugar a una nueva facción de la central).


La situación de hospitales y centros de salud es calamitosa, con salarios de miseria, condiciones de trabajo deplorables, con un déficit cada vez más crítico de personal profesional y no profesional, desmantelamiento y cierre de servicios, que redundan en una atención deficiente y en violencia contra los trabajadores de la salud.


Los gobiernos nacional y provincial carecen de las herramientas políticas para ejecutar un ajuste de mayores dimensiones como lo exige la burguesía, por eso es clave la colaboración del campo político opositor y de la burocracia de nuestras centrales obreras para sostener el ajuste en curso.


A la estrategia de paros aislados y desgastantes de la dirección de nuestro gremio le oponemos un plan de lucha con continuidad, con paros contundentes y con progresividad para defender a los hospitales de su vaciamiento.


Lo que necesitamos es la más completa unidad de todos los trabajadores del Estado, de la salud, judiciales, docentes, para avanzar en un plan de lucha común -votado por un congreso de delegados de base de la CTA con mandato de las asambleas.


 

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