22/02/2007 | 981

Paritaria metalúrgica: Silencio de radio


Pese al respaldo del Presidente, el desgaste ostensible de Moyano a partir de la crisis de San Vicente (se suma ahora la denuncia por vinculaciones con la Triple A) dificulta que se repita el operativo de 2006 que encolumnó al arco sindical detrás de la paritaria de camioneros.


 


Ese lugar lo ocupará este año probablemente la UOM. “Nuestra situación en el marco general del sindicalismo nacional es mucho mejor que la de otros gremios involucrados en pujas internas dentro de la CGT”, afirma el Barba Gutiérrez en la publicación de la seccional Quilmes.


 


A excepción de los trascendidos periodísticos que ubican el porcentaje de aumento pretendido en el orden del 20 por ciento, nada se ha “filtrado” sobre cómo se encarará la negociación que comenzará formalmente en unos días. Incluso los congresos seccionales de fin de año ignoraron por completo el punto.


 


Este silencio de radio es en realidad un ocultamiento de lo que la UOM y las cámaras empresarias vienen cocinando desde hace meses en torno a las condiciones de trabajo. “Aspiramos a modernizar y actualizar el convenio colectivo”, dice el Barba en la revista citada. El blanco de los empresarios es ahora la flexibilización de la normativa.


 


La escala actual está en su piso histórico: hoy, la hora del oficial especializado múltiple ronda los 6,70 pesos (variando ligeramente según la rama); aún con un 20 por ciento de incremento, esa categoría promedio se iría a menos de 1.500 pesos mensuales. Las siderúrgicas, las autopartistas o los fabricantes de electrodomésticos están haciendo su agosto empujadas por la expansión petrolera y automotriz y el crecimiento del consumo de bienes durables.


 


Previsiblemente el acuerdo salarial será presentado como una conquista, a cambio de la cual se introducirán cláusulas de mayor flexibilidad, como el fraccionamiento de las vacaciones y tal vez alguna forma de “jornada semanal” (esta es una larga aspiración de las patronales, que consiste en distribuir las 45 horas semanales de acuerdo a las necesidades de la producción; por ejemplo: un día se trabajan doce horas y al siguiente seis, todo a paga simple).


 


“Hay que tener un cierto grado de flexibilidad para que los empresarios se avengan a la negociación. Hay que reconocer que ellos también tienen reclamos y quieren flexibilidad en algunos temas”, pontifica sin ruborizarse el mismo Barba. Clarito, ¿no?


 


Mientras los popes sindicales preparan una nueva entregada a puertas cerradas en las plantas se percibe la voluntad de salir a la lucha por el salario y la estabilidad, como lo revelan las recientes huelgas de Indiel, Bosch y Emfer.


 


Hay que exigir asambleas de fábrica y congresos seccionales para discutir el pliego de reclamos y tomar la paritaria en nuestras manos.