20/02/1996 | 482

Paro general en apoyo al Hospital de Morón

A cincuenta días de producidos los despidos en el hospital de Mo­rón a través de un decreto, Rousselot sigue imponiendo su voluntad. El conflicto desencadenado a partir de los despidos y que ha despertado una gigantesca red de solidaridad barrial y popular, no ha alcanzado para derrotar la política de la inten­dencia, que produjo 1.800 despidos de municipales, incluyendo los 247 del hospital.


Por el contrario, Rousselot se prepara para el asalto final. Una asamblea de trabajadores puso en fuga a una patota enviada por la intendencia que recorría los servi­cios, amedrentando a los que rea­lizaban tareas y exigiéndoles su identificación.


Con el fin de mes, llegó un Memo municipal exigiendo-la evacuación del Hospital bajo la amenaza de exoneración para quien no cumpliera la medida. Esto planteaba la destitución del director del Hospital si se negaba a efectivizarla.


En una combativa asamblea, los vecinos resolvieron ocupar el Hospital pararespaldaralos médi­cos en su lucha y se formó una red para concretar la ocupación en caso de que se intentara la evacuación.


La dirección del Hospital, to­mando en cuenta que el director rechaza la exigencia de evacua­ción, levantó el domingo 4 la ocu­pación fijada para el lunes.


Sin embargo, el lunes, con­tingentes de trabajadores y veci­nos del Hospital se dirigen al mismo preparados para la ocu­pación, lo que da por resultado una gran asamblea en el propio Hospital.


En ese marco, y a través de la radio se plantea la entrevista con Rousselot y sale el fallo de la jueza de Morón, Ragonese.


El fallo de la jueza plantea no innovar y que el conflicto se retro­traiga al 30 de diciembre, reincor­porando a lodos los despedidos.


La base de este planteo de la jueza está en que con los casi 250 despidos no se garantiza la aten­ción de los pacientes, poniendo en riesgo su vida, lo que configura abandono de persona.


Este fallo nunca se efectivizó, ya que los compañeros no fueron reincorporados, no tienen las tarjetas para fichar por la negativa de los jefes de personal del Hospital, dependientes directos de Rousse­lot, aunque el director del Hospital planteara lo contrario.


Las expectativas creadas en la dirección del hospital alrededor de las reuniones con la intendencia, para consensuar planes de racio­nalización, fueron demolidas por el propio Rousselot, que las fue pateando ante la evidencia de que el fallo favorable de la jueza no resolvió nada. En este sentido, Rousselot ni esperó el pronuncia­miento de la Corte adicta; recorde­mos que no sólo fue sobreseído ¡¡en 6 oportunidades!! Ante sendas causas por estafas, sino que ni siquiera cumplió con la medida cau­telar, quedando en vigencia su de­creto.


En realidad, la ‘racionaliza­ción’ del Hospital no está dictada por un criterio racional. La caca­reada decisión de Rousselot de convertir el Hospital polivalente se cae ante la evidencia de los despidos producidos en Neonatología, Obstetricia, etc. Paralela­mente, se ha demostrado que el planteo de derivar los pacientes al Posadas o al Haedo es imposible, ya que tienen su capacidad opera­tiva sobrepasada.


Los despidos no están dicta­dos por una voluntad de optimi­zación de recursos sino por el imperio de una política de des­trucción de la salud pública y gratuita, para imponer la privati­zación de la salud. El verdadero padre de esta criatura es el Banco Mundial y los mercaderes de la salud, que han escrito el libreto que interpretan Duhalde y sus intendentes, como lo prueba la serie de despidos en hospitales municipales.


Nada se puede consensuar con estos verdugos de la salud. Un verdadero plan de salud debe estar diseñado por los médicos y los vecinos, que son los que han toma­do en sus manos la defensa del hospital público.


La situación en el Hospital


La situación en el Hospital no da para más. Los días subsiguien­tes al fallo evidenciaron su inocuidad. Los compañeros que re­tornaron al Hospital no han co­brado y el régimen de trabajo ha superado largamente el término de superexplotación; en virtud de la falta de compañeros se han re­doblado las tareas que realizan los que están y esto ha llevado a la quita de francos; la tensión es tan grande que ya se ha producido la tercera víctima de este conflicto: una compañera ha sufrido un ata­que al corazón y su situación es muy grave.


Paralelamente, la solidaridad de los vecinos se ha convertido en una enorme red de activistas que han producido asambleas barria­les con varias decenas de compa­ñeros, que realizan tareas alrededor de la defensa del Hospital. Para el Festival de la CICOP salie­ron 10 micros.


Se impone un cambio de rum­bo. El propio Lascaleia planteó en una asamblea que consideraban agotadas las negociaciones con la intendencia, entendiendo que el no acatamiento del fallo por parte de Rousselot era una provoca­ción. Junto a esto, que motivó una nueva presentación judicial por desacato, formuló la propuesta de una profundización de las medi­das.


Esto no puede ser otra cosa que imponer el paro en el Hospital para forzar la reincorporación de lodos los despedidos.


Paro comunitario


A casi 50 días de iniciado el conflicto, una multisectorial diri­gida por el CTA y MTA zonales, con la aparición fugaz de la CGT de la zona, han realizado una serie de reuniones que concluyeron con la convocatoria a un paro en la zona y una movilización para el 23 de febrero, a las 18 horas. Si bien se nombró la reincorporación de los despedidos en los debates, no está definido un programa. El “Contra el ajuste de Menem- Duhalde-Rousselot” es una va­guedad. El primer problema es definir claramente un programa, que debe comenzar con la reincor­poración de los despedidos y la derogación del decreto de Rousse­lot. Paralelamente, al no estar de­finida la modalidad del paro, no está garantizada su materializa­ción. Que los sindicatos organicen el paro activo deber ser el reclamo a imponer a las direcciones zona­les. Al calor de esta convocatoria, se ha votado el paro en el Hospital; es la oportunidad para abrir una nueva etapa.

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