01/09/2011 | 1192

Paro petrolero en Santa Cruz

Libertad a Acosta y Oñate, elecciones libres ya

El 25 de agosto se venció el plazo de 120 días que se había dado la propia intervención de la Federación Petrolera para el llamado a una asamblea general y la junta electoral para realizar elecciones libres de las autoridades, así como para llevar adelante la discusión del convenio colectivo. Ese mismo día, una asamblea de 700 trabajadores de Pico Truncado decidió llevar adelante un paro por tiempo indeterminado hasta que aparezca la convocatoria a las elecciones. En Río Gallegos, se tomó la planta de Punta Loyola (la más importante de la cuenca austral) y los trabajadores de Caleta Olivia se apostaron a la vera de la ruta en Cañadón Seco. Ante esta situación y la contundencia del paro que se estaba llevando adelante en Truncado y Río Gallegos, el gobierno desplegó un gran operativo policial y de la Gendarmería (la que está apostada desde junio en los yacimientos) para que no se tomen las plantas.

El sábado por la noche, el operativo conjunto reprimió ferozmente a los trabajadores en Cañadón Seco y en las afueras de Caleta, quienes luego marcharon al centro de Caleta Olivia para reagruparse y convocar nuevas medidas. En ese momento, un pequeño grupo increpó al intendente -y candidato a vicegobernador de Peralta-, Cotillo, a quien le propinaron una golpiza. En el comienzo del paro, Cotillo había tenido palabras de provocación para con los trabajadores, tildando a los huelguistas de ser «pequeños grupos de ultraizquierda que sólo buscan desestabilizar al gobierno». Directamente relacionado con el discurso durante la huelgas del primer semestre, cuando Peralta le realizó al Partido Obrero y a otras organizaciones la misma imputación.

A partir de esta agresión y con las conferencias de prensa de Cotillo y Peralta, el gobierno ha empezado una caza de brujas contra los huelguistas. En respuesta, los trabajadores organizaron una caravana desde Truncado a Caleta y se llevó adelante un acto masivo en el Gorosito el domingo por la noche. El lunes al mediodía, una asamblea de más de 3.000 compañeros en Cañadón y la continuidad de la toma de la planta de Punta Loyola desmintieron al gobierno. El paro sigue en pie a pesar de las amenazas.

Desde que está la intervención, las patronales han avanzado en despidos a cuentagotas y suspensiones. Muchos de los conflictos ya llevan más de tres meses sin resolución, como los traspasos de las empresas. Por eso, el reclamo de elecciones del gremio tiene que ver con el vínculo entre los intereses de las patronales y los del gobierno que ven los trabajadores y una gran parte de los delegados. En lugar de soluciones, plantaron la Gendarmería y los operativos policiales para asegurar una «paz social» al servicio de las operadoras y sus ganancias. Se procura que la Intervención «haga su trabajo». Peralta llegó a apoyar la postergación de las elecciones por parte de la Federación «para después de octubre».

El gobierno y la Federación tienen diferencias. Pero hay una línea estratégica común: evitar que los delegados más combativos de la gran huelga lleguen a la dirección del sindicato.

Contra la represión y por la libertad de Oñate y Acosta

A pesar de que las imputaciones a los petroleros de Las Heras se caen en la medida que la causa avanza, los compañeros siguen presos. Los trabajadores de Las Heras y de otras seccionales petroleras, junto a los familiares, siguen adelante la campaña por su libertad, organizando locreadas para juntar fondos, colectas para sostener a sus familias y agitando en los medios. Desde Gallegos hasta Los Antiguos, se han pegado cientos de afiches reclamando la libertad de los petroleros y denunciando la prisión política que sufren.

El gobierno tiene posición tomada: se encuentra del lado de Eskenazi y las demás corporaciones, mientras le da la espalda o reprime los reclamos de los trabajadores. La entrega de las riquezas petroleras es hermana de la represión contra los petroleros. El gobierno denuncia maniobras «electorales», cuando en realidad está interviniendo para volcar electoralmente la masa popular contra la lucha de los petroleros. Ayer lo hizo con los docentes, en otro momento contra los desocupados. Lo que está en juego es la unidad de los explotados.

La asamblea de Caleta ha tenido una limitación no menor: no levantó la bandera de la libertad de Oñate y Acosta, clave para la unidad del movimiento y para que la huelga en desarrollo pudiera extenderse a Las Heras, localidad que llevó el mayor peso de la primera gran huelga y salió a la segunda en defensa de las empresas en lucha. Hay que luchar para que Caleta levante muy alto esta bandera, porque es contra la persecución de los líderes de los heroicos piquetes de Las Heras.

Un único reclamo

Las elecciones del gremio, con la asamblea general y la constitución de la junta electoral, van unidas a la lucha por la libertad de los compañeros presos. No hay «normalización gremial» con ellos presos. El reclamo es, además, por la discusión del convenio colectivo, cuyos negociadores debieron elegirse en esa misma asamblea general que jamás se hizo. La burocracia dice estar ella misma discutiendo el convenio, cuyos contenidos nadie conoce. Es por eso que un grupo de compañeros está impulsando la realización de un plenario de delegados y activistas que discuta acciones y emplace al Ministerio de Trabajo nacional, al gobierno de Peralta y a la Federación en la pronta convocatoria a las elecciones y la inmediata liberación de Oñate y Acosta.

La realización de un plenario que unifique los reclamos, que impulse la lucha por la libertad de los compañeros y exija sacar a la gendarmería de los yacimientos tiene como objetivo avanzar en los reclamos comunes y buscar una unidad a la hora de la convocatoria a las elecciones. La Intervención está claramente empeñada en armar su propia lista, vinculada con un sector de Caleta. Tanto el ex secretario general Segovia, como Retamozo (su ex aliado) están en el mismo proceso, pero sufren de un gran desprestigio y sus últimas acciones no tuvieron casi peso entre los delegados y la base del gremio.

Tenemos que darle continuidad a la gran asamblea de Cañadón Seco que echó al «Chaco» Segovia y Retamozo, y constituir un agrupamiento que unifique a los luchadores más honestos y decididos de cada empresa. Para recuperar un sindicato independiente de las patronales y del gobierno kirchnerista, el cual rompa definitivamente con la anterior dirección y con las maniobras de la Federación de Roberti. Los petroleros del Partido Obrero están empeñados en esta tarea.

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