Sindicales

27/6/2013

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Reacción obrera contra el ajuste macrista

Macri se hizo cargo del subte y renovó el contrato de gerenciamiento con el vaciador Roggio-Metrovías. Es el mismo que lo manejó los últimos veinte años, apropiándose de los subsidios del Estado y dejando al subte en verdadera ruina. A esto se suma un plan de tercerización del mantenimiento de los trenes en los talleres del propio Roggio, de los Cirigliano y de Taselli, los responsables del derrumbe del sistema ferroviario. Lo de Macri en el subte es un calco de la política ferroviaria del kirchnerismo. En el subte, a la tercerización se le agregan dos elementos: la introducción de máquinas recargadoras de tarjeta Sube, que compiten con el trabajo de boleteros y auxiliares, y la reducción del tiempo de descanso de conductores y guardas para abastecer el mayor recorrido que se deriva de la extensión de las líneas.


El plan macrista se acompaña con el congelamiento de vacantes y amenaza con serias consecuencias para los trabajadores. Por eso, provocó una fuerte reacción por parte de delegados y de la base trabajadora, tanto en talleres como en estaciones y tráfico. Sus manifestaciones más fuertes fueron la amenaza de paro de la asamblea de taller Rancagua, que impidió la externación de trenes de la Línea B para llevarlos a talleres privados; el paro y ‘bocinazo' del taller Constitución, contra la intromisión de personal de Siemens; el paro de taller San José, ante el retiro de partes en reparación, y la recolección masiva de firmas en los talleres contra la tercerización.


Esta reacción obrera debió ser acompañada de una fuerte campaña pública contra los negociados macristas con las mismas mafias procesadas por las masacres ferroviarias, por la defensa de las reivindicaciones afectadas y por un plan propio de mantenimiento real en los talleres del subte.


No lo entendió así la conducción de la AGTSyP, que se limitó a negociar con la patronal algunas concesiones para dejar pasar el plan macrista en su conjunto. En reuniones con los delegados de cada sector por separado -talleres, estaciones, tráfico- esgrimió argumentos de la patronal -"la máquina boletera es un progreso tecnológico; no hay instalaciones suficientes para el mantenimiento pesado". Así, terminó firmando unas actas con las empresas (Sbase y Metrovías) y el gobierno porteño, las que habilitan el plan macrista con algunos recortes. Admitieron que no se retiren reparaciones del taller Rancagua y la promesa difusa de que no se desplazará personal de boleterías. Pero el mantenimiento pesado irá en un 70% afuera. Las máquinas de recarga de Sube serán instaladas y la presión sobre conductores y guardas no ha cesado.


Mediante su boletín, la Agrupación Trabajadores de Metrovías ha fijado su posición: que se expulse a Roggio y se investiguen sus cuentas y negocios; contra las tercerizaciones, personal e inversión suficientes para un taller central de todo el mantenimiento del subte, bajo control de sus trabajadores; no a la automatización con fines de ajuste de personal, en lugar de servir a la extensión de la red, con mayor frecuencia y horario de cobertura del subte, lo que requiere muchos más puestos de trabajo. Como se planteó en el taller Rancagua, es necesaria la realización de una campaña pública contra el ajuste macrista. Por un plan de acción en defensa de las conquistas amenazadas.