05/05/1993 | 390

San Lorenzo: Brunelli contra tres mil trabajadores

De las cuatro mil personas que reunió la CGT en el acto convocado en San Lorenzo, alrededor de un millar pertenecía al aparato sindical de la UOM y las 62, reclutado desde diferentes puntors del país  (Matanza, San Nicolás, etc.) Estos contingentes formaron un “cerco de seguridad” en torno a la tribuna. El importante número de obreros, estatales y docentes que se fue congregando llegó en grupos dispersos, sin integrar columnas de sus fábricas o sindicatos. A pesar de su carácter regimentado (y del esfuerzo por disimular la parálisis cegetista y el apoyo del bloque gremial a la reforma previsional) el acto terminó reflejando las contradicciones de la situación pólítica.


Contratiempos


A pesar de las “prevenciones” el acto comenzó a “pudrirse”… desde el propio palco. Uno de los primeros oradores, el dirigente Novello —del centro de jubilados papeleros de Capitán Bermudez— se preguntó: ¿“qué hizo la CGT ante tantos despidos? ¿qué hizo en SOMISA, qué hizo en nuestro cordón”? Mientras recogía la primera ovación cerrada del acto, un “inconveniente en el sonido” le impidió continuar hablando… Minutos más tarde, el secretario general de la CGT San Lorenzo, Reinaldo Véliz, relató su peregrinaje inútil por todas las oficinas gubernamentales de la provincia en busca de una “concertación”. Al cerrar su intervención, reclamó “a los dirigentes de la CGT aquí presentes a que retomen el plan de lucha votado en el Confederal del año pasado, y que nadie sabe por qué lo suspendieron: 36 horas, después 48 y 72…”. A partir de ese momento, la consigna de “plan de lucha” y “paro activo nacional” comenzó a ganar lugar entre los presentes.


CTA: “frente social”


Los “pequeños fríos” a este clima fueron aplicados por el CTA, quien tuvo su tribuna en el acto a través de uno de sus principales referentes: Edgardo Quiroga, secretario general de municipales de San Lorenzo. Quiroga reclamó la formación de un “frente social”, y le pidió a Reutemann “que se ponga a la cabeza de la concertación social en la provincia”. (En los días previos al acto, Piccinini había señalado a los medios que su “diferencia” con el acto de San Lorenzo residía en que no convocaba a “otros sectores sociales”). ¡Pero esta fue, precisamente, la política de Brunelli frente a los conflictos de San Lorenzo!


El secretario cegetista se hizo portavoz de la “concertación” entre obreros y patrones, planteando que la solución a los conflictos pasaba por obtener… rebajas tarifarias e impositivas para las grandes patronales del cordón. Reutemann se puso “a la cabeza” de este reclamo, que luego anunció Menem en su discurso del día primero. Quiroga llamó a la “unidad” a la CGT, y Brunelli después hizo lo propio con el CTA: desde el palco de San Lorenzo, demostraron que no tenían una política diferente ante la crisis en la región.


Mucho se habló, antes y después del acto, sobre el “boicot” al mismo por parte del CTA (de cuyos sindicatos concurrieron delegaciones dispersas de trabajadores). El CTA “ignoró” el acto de Brunelli en todo lo que fuera liberar una lucha contra la cúpula miguelista: esto es, organizar la concurrencia de delegaciones para reclamar el paro activo y un plan de lucha. En cambio, y desde el palco del acto, hubo un verdadero “idilio” entre CGT y CTA. Una unidad, no para luchar, sino para llevar al movimiento obrero como furgón de cola de los reclamos de la burguesía industrial.


Brunelli


Cuando Naldo Brunelli tomó la palabra, una buena parte del acto ya exigía “paro activo” y “plan de lucha”: el reclamo partió de núcleos docentes de San Lorenzo y de Rosario, del PO, de los secundarios, de jubilados y de militantes del CTA rosarino. Pero enseguida comenzó a extenderse. En ese cuadro, Brunelli debió polemizar permanentemente con la multitud. Aunque anunció que el próximo confederal “retomará el plan de lucha”, luego “aclaró” que éste consistirá en “efervecencias regionales”, “movilizaciones en distintos puntos del país”. A rengloón siguiente, llamó a una “amplia unidad sindical”, desde el CTA hasta Lescano y Pedraza, para dejar luego su mensaje final: “no esperen nada de la CGT que no pueden lograr ustedes mismos”. Después de mil doscientos despidos en la región, Brunelli declaraba la “cesantía” de la organizaciones obreras y la central sindical ante esta ofensiva. Después de haber actuado como gestor de los pulpos industriales del “cordón” y de “cerrar” el paquete previsional con el gobierno, Brunelli acudió a San Lorenzo a rezar un responso por los cesanteados, y enterrar cualquier perspectiva de lucha nacional. Pero a pesar suyo, el “muerto” estaba vivo: la cuestión del paro activo y del plan de lucha están planteadas al rojo vivo, en el país y en la región. En las últimas semanas, los sindicatos de San Lorenzo subordinaron toda iniciativa a las “gestiones” de Brunelli. Las patronales han conseguido sus “reivindicaciones”. Pero los trabajadores de Cerámica, Verbano y Sulfacid siguen en la calle. Los sindicatos y la CGT regionales deben asumir su responsabilidad, y convocar con urgencia a un plenario de delegados que resuelva un plan de lucha conjunto contra los despidos, por el salario y los convenios colectivos.

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