05/11/2014 | 1339

Se lanzó la campaña electoral


Con la oficialización de tres listas para disputar la conducción de Adiunt, se lanzó formalmente la campaña electoral. Estas listas son: Frente Docente por el Cambio (Naranja e Independientes), Unidad Docente (actual conducción, que integra a sectores K ligados a ciertos decanatos) y Compromiso y Dignidad (PCR).


 


La gran huelga de 89 días, sin embargo, polarizó el escenario de la UNT en sólo dos alternativas: la que representan la rectora Bardón y las distintas camarillas, de un lado, y la que representa el activismo y los luchadores en la lista del Frente Docente por el Cambio, del otro, encabezados por Ariel Osatinsky.


 


Desde el momento en que se suspendió la huelga, a mediados de agosto, las camarillas vienen intentando que el proceso de la lucha no tenga como resultado político la recuperación de Adiunt por parte del bloque dirigente de la huelga. 


 


El PCR viene sosteniendo una política con ese mismo propósito. Primero, al plantear que las elecciones se debían posponer, luego (cuando éstas fueron convocadas) impulsando la formación de una lista única e indiferenciada, que no prosperó, entre los K y la izquierda, y ahora presentando una lista puramente testimonial, sin ninguna chance de ganar, pero sí de provocar en algunas facultades y escuela, confusión y división, que sólo puede beneficiar los propósitos continuistas de la lista afín a las camarillas.


 


El activismo y la agrupación Naranja se orientaron en otra dirección: poner en pie un frente de recuperación gremial que lleve a la conducción del gremio a los referentes de la huelga. La envergadura de las listas (400 avales para el FDPC, contra 160 de UD y 65 de CyD) deja claro ese escenario.


 


 


 


El escenario de la lucha electoral


 


Comenzó a sesionar la Asamblea Universitaria, que había sido convocada como consecuencia de la huelga a los fines de modificar el Estatuto de la UNT e incorporar los derechos laborales de los docentes (Carrera Docente, Ciudadanía de los Preuniversitarios, CCT).


 


La primera sesión ya puso en evidencia el avanzado estado de la crisis universitaria; los asambleístas (consejeros directivos de las facultades elegidos un mes antes de la huelga) no pudieron ponerse de acuerdo ni siquiera en el reglamento de funcionamiento de la asamblea. La pelea de camarillas emergió sórdidamente y mostró la incapacidad de la rectora para conducir el proceso de reforma. Las camarillas, sin embargo, coincidieron en postergar todo lo que se pueda el tratamiento de los derechos docentes.


 


La movilización docente y estudiantil hacia la asamblea, sin embargo, mostró un escenario distinto al de mediados de agosto. A pesar de la existencia de un gran descontento, esta vez, hubo una movilización menor, reducida casi al activismo que rodea a la Lista Naranja-Independiente. 


 


Es evidente que, en este período del año, diversos factores, como el cuadro académico posterior a la huelga (exámenes, calendario apretado, cursado intenso, etc.) y la acción timorata de la conducción del gremio para convocar a la docencia, jugaron en contra para que se pudiera materializar una gran concentración. Los 70 días que van desde mediados de agosto, cuando se levantó la huelga, hasta ahora, tanto el agrupamiento pro K que actualmente conduce Adiunt, como el PCR han hecho todo lo posible por producir una desmovilización de la base.


 


Queda claro que, para obtener las conquistas pendientes y asegurar la victoria arrancada con la huelga, es necesario un cambio de dirección y, para ello, la docencia tiene una opción, que es votar masivamente al Frente de Docentes por el Cambio.

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