Sindicales

18/7/1995|456

¿Si los beneficios son fabulosos, por qué nuestras condiciones de trabajo y salario son peores que el calvario?

Tres Cruces ha multiplicado casi por 2 las ventas de la empresa en 3 años: de 68,1 millones de dólares en 1991 a 121,6 en 1994. Esto con menos personal, con salarios congelados y que están entre los más bajos del mercado. Ninguna empresa del “holding” empresario creció tanto, ni ninguna aportó en la misma proporción a los fabulosos beneficios de Molinos, que casi se multiplicaron también  por dos, pero ahora sólo en dos años: 11,7 millones de dólares en 1992, 14,4 en1993 y 20,1 en 1994. El “negocio” de las salchichas y los fiambres parece tan “redondo”, —no reconoce al parecer “recesión” alguna (entre otras cosas, la exportación hacia Brasil sigue caminando “viento en popa) —que B&B acaba de comprar la marca Wilson. Toda esta información se ha publicado en la revista especializada El Economista, del  30/6, expresada a través de Jorge Castro Volpe, presidente de la firma.


¿Cuál es la reflexión para los trabajadores? Durante mucho tiempo se dijo que había que “ajustarse” para apoyar la “modernización”, para introducir nueva “tecnología”, para hacer pasar los métodos de trabajo de la “calidad total”. El balance para los trabajadores, sin embargo, se mide en mayores accidentes laborales, en jornadas extenuantes de trabajo, en salarios de hambre.


El “verso”  patronal se acabó: es hora de terminar con este “vía crucis”. Si no queremos terminar “hechos fiambre”, hay que empezar a resistir esta trituradora laboral destinada a llenar los bolsillos empresarios. Es hora de darles de comer dignamente a nuestras familias y de no dejar la vida en la fábrica. ¿Para qué sirve la “nueva” tecnología, si nos condena a una mayor explotación?


Hay que comenzar a organizarse por abajo, el gremio y los delegados están totalmente “domesticados” por la patronal. Pero el sindicato somos los trabajadores, y si comenzamos a decir basta, la burocracia será quebrada, recuperando nuestra organización.