29/08/2013 | 1283

Subte: Los trabajadores tenían toda la razón

El paro hizo retroceder las provocaciones macristas

Con la firma de un acta donde la patronal y el gobierno porteño reconocen los desperfectos de la Línea B y la ausencia de toda responsabilidad de los trabajadores, se reanudó el tráfico en la línea luego del paro de 24 horas. La medida se tomó cuando masas de pasajeros la emprendieron contra conductores y guardas, a insultos, empujones y trompadas, responsabilizándolos de las detenciones y retrasos insufribles de los trenes.


Linchemos a los trabajadores


Las escenas de "linchamiento" de trabajadores fueron el resultado de una agitación sistemática, por parte del macrismo y de la empresa, contra los trabajadores. Durante un mes, hicieron responsables a los "metrodelegados" del desquicio y la improvisación incurrida en la inauguración de las nuevas estaciones. Entre la masa de pasajeros indignados, que en una alta proporción insultaba al gobierno macrista, los trabajadores detectaron provocadores. Instalados en los andenes, éstos esperaban los trenes para incitar a los pasajeros a asaltar las cabinas de conducción y agredir a guardas y conductores. El audio de las estaciones repicaba que los inconvenientes respondían a un "conflicto gremial". Jóvenes contratados por el Pro repartieron masivamente volantes crucificando a delegados de la AGTSyP. Los voceros políticos de Macri agitaron que todo respondía a intereses políticos de los gremialistas.


Un grupo de aventureros


El paro apuntó a poner fin a esta escalada de provocaciones y sacar a la luz que los motivos del caos del tráfico en la B son de exclusiva responsabilidad patronal. Las denuncias gremiales sobre fallas técnicas e insuficiencia de trenes y personal para cubrir los nuevos recorridos datan de varios meses atrás. Entre ellas, hay que señalar que no se habían concluido las instalaciones eléctricas subterráneas, las que tienen numerosas filtraciones. Por otra parte, la mayor afluencia de pasajeros no fue acompañada por un número suficiente de nuevas formaciones, lo que condujo a un verdadero colapso de pasajeros en las horas pico. Finalmente, también entró en crisis el sistema de señalización.


El macrismo ocultó con su campaña antiobrera y electorera esas graves falencias, compatibles con la provocación de una tragedia en los túneles. No es menor el hecho de haber recontratado a Roggio como gerenciador del servicio, un empresario comprometido con catástrofes ferroviarias y con el derrumbe del propio subte.


Acuerdo precario


El acuerdo logrado es precario. Subterráneos de Buenos Aires tuvo que salir a reforzar los revoques de 700 metros de túnel que filtraban agua, como también a reacondicionar las cocheras y sistemas de incendios. Además, tuvo que improvisar un sistema de comunicaciones con los conductores. Aun así, la baja capacidad de mantenimiento de las viejas formaciones -falta de personal, repuestos y acondicionamiento de instalaciones- hace que no haya trenes suficientes y que los que circulan lo hagan en malas condiciones. Esa situación se extiende a todas las líneas. Por eso, acaba de ser postergada la inauguración de las nuevas estaciones de la Línea A.


El conflicto de la Línea B es la manifestación de una crisis general de este transporte, que el gobierno K dejó derrumbar mientras lo controló durante diez años y que Macri tomó con un plan de congelamiento de vacantes y la aplicación de un ajuste en regla contra los trabajadores. Llegó a firmar con la UTA una carta de intención que propone inaugurar nuevas estaciones con el personal existente. Y no está arrepentido: ya firmada el acta en cuestión de la Línea B, Macri personalmente y sus diputados continuaron con la difamación y calumnia a los "metrodelegados".


Despiste de la conducción gremial


En lugar de encarar esta situación de conjunto, la dirección gremial kirchnerista de AGTSyP va por detrás de los acontecimientos. Se opuso al paro de la B y luego, ante los hechos consumados, se conformó con un acta que absolviera a los trabajadores, como si esto pudiera impedir futuros incidentes. Ni siquiera insinuó una medida solidaria del resto del subte ante la agresión a los compañeros -algo que hubiera respondido a la tradición histórica en el gremio. Así evitó, en todo momento, lanzar una campaña pública contra la ofensiva macrista. El pecado original de esta directiva es haberse jugado a fondo por el mandato CFK: "que Macri se haga cargo del subte". Ahora, hace de bombero del ajuste que venía de la mano del ingeniero.


El plenario de delegados tiene que debatir una salida de conjunto a esta situación: personal de tráfico y mantenimiento necesarios, defensa de los descansos técnicos y condiciones de trabajo, cese de la campaña antigremial del macrismo, denuncia penal de los ataques a los trabajadores y de las condiciones de inseguridad para trabajadores y pasajeros. Para frenar a Macri, hay que movilizar a los cuatro mil trabajadores del subte.

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