Sindicales
31/3/2026
Trabajar para ser pobre
Pedalear más de 8 horas para no llegar a fin de mes.

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Trabajadores apps reparto.
Cuando se espera que el gobierno difunda el informe semestral relativo a la pobreza una realidad se impone en la vida cotidiana de las y los trabajadores argentinos: trabajar ya no es garantía para prosperar ni para salir de la pobreza. La destrucción del salario, el empleo y las condiciones laborales hacen que el 59% de las personas pobres en edad de trabajar y con empleo no pueden superar el umbral de ingresos mensuales de la canasta básica. Trabajar no es sinónimo de “progreso”, sino de subsistencia.
Los datos se desprenden de un informe de Futuros Mejores que da cuenta del deterioro de las condiciones y derechos laborales, al punto de que una porción significativa de los trabajadores no llega a cubrir sus necesidades económicas elementales a fin de mes, primando el avance del trabajo informal, precarizado y el fraude laboral por sobre el empleo registrado bajo convenio. Todo parte de la ofensiva antiobrera de las patronales y del paquete de medidas que viene impulsando el gobierno de Milei.
Esta situación e combina con que solo el 7,9% de las personas pobres en edad de trabajar se encuentran desempleadas, lo que a su vez refleja el deterioro del trabajo, que consta en gran medida de changas, trabajo informal principalmente en gremios como la construcción o comercio o trabajo precarizado en las apps de reparto y de viajes.
El informe recoge que “en los trabajadores pobres la formalización es sólo del 41% y en los no pobres del 82%”, poniendo de manifiesto la incidencia de la quita de derechos laborales en la afectación de los ingresos de los trabajadores, desmintiendo la tesis patronal y fomentado por este gobierno de que el trabajo “desregulado” podría redundar en un beneficio para el trabajador, como si el dinero ahorrado por los empleadores negreros fuera a “redistribuirse” por arte de magia.
Este deterioro se evidencia en sectores enteros de la población laboral, con un fuerte crecimiento en los empleos más precarizados, como es el caso de los trabajadores de las apps de reparto, donde va a parar gran parte de los desempleados creados bajo el gobierno de Milei. El 40,2% de los repartidores afirma que tuvo que acceder a ese empleo debido a una reciente pérdida laboral y a la ausencia de otras ofertas laborales.
Lejos de la fantasía de la “libre disposición” de horarios, tenemos que la mitad de los repartidores trabajan más de 8 horas diarias, mientras que el 42.3 de los mismos afirman que los ingresos no les alcanzan para llegar a fin de mes. Muchos incluso complementan este trabajo con otros empleos igualmente mal pagos.
A su vez, los repartidores reconocen que los ingresos dependen del trabajo en horas pico de alta demanda, de aumentos por el mal clima y otras arbitrariedades patronales o del mercado, sin salario garantizado y con altos niveles de incertidumbre. Así como casi dos tercios de los repartidores aceptarían un trabajo formal si pudieran, demoliendo la tesis de la “panacea libertaria”.
Esto se suma a otros problemas derivados de la falta de formalización laboral, como el acceso a crédito y financiamiento usurero y el crecimiento de la morosidad en los pagos, que incluso ya preocupa al sector bancario.
Además, la estadística de pobreza no toma a consideración otros datos importantes, como el acceso a la vivienda y la situación e millones de trabajadores que dependen de un alquiler. Recientemente desde Inquilinos Agrupados difundieron que el 70% de los inquilinos se encuentran endeudados, con preciso y gastos accesorios que escalan por encima de los salarios, como es el caso de las expensas que en CABA promedian los $250.000 y en Buenos Aires por arriba de los $180.000. Ni hablar de los alquileres y servicios que se encuentran totalmente desregulados.
El 46% de los inquilinos denuncia que cuenta con más de un trabajo para llegar a fin de mes; el 53,2% tomó crédito para comprar alimentos; el 38,9% se endeudó para pagar el alquiler y el 65,2% mantiene saldos con tarjetas de crédito, dentro del panorama más general de los trabajadores.
En este cuadro, el gobierno nacional intenta avanzar con la eliminación de más de un millón de planes sociales, cuando no solo no puede garantizar el acceso a trabajo genuino sino que durante el gobierno de Milei se perdieron casi 300.000 puestos de trabajo y crece la informalidad laboral y la precarización. Algo que las organizaciones sociales y piqueteras vienen denunciando y por lo que lanzaron un plan de lucha con ollas populares y asambleas en Once, Constitución y Retiro este 31 de marzo, y un piquetazo con 100 cortes y movilizaciones en todo el país el 7 de abril.
Estamos ante un gobierno hambreador, que genera pobreza para los trabajadores debido al fracaso de su plan económico y su orientación de privilegiar los negocios para los capitalistas. Hay que derrotar a Milei en las calles y con la organización y acción el movimiento obrero.




