Sindicales
7/2/2003|789
Una causa de todo el pueblo
En el límite entre Avellaneda y Lanús, en camino General Belgrano y Madariaga, una docena de hectáreas fueron el enclave de las plantas del monopolio alimenticio Sasetru. Más de 2.000 obreros trabajaban en forma directa y, como señaló un antiguo trabajador de esa empresa, otros 20.000 trabajadores estaban involucrados en forma indirecta, por la cadena de transportes, distribución, comercialización, etc. Aceites, harinas, cereales, pastas, conservas y toda una línea de productos alimenticios se disipó en el aire con el cierre.
El derrumbe capitalista llevó al cierre de las plantas y ningún rescate estatal logró sostener la producción. La quiebra dejó un tendal de trabajadores en la calle, muchos sin indemnizar, hundió el movimiento comercial en la zona, y como es habitual, fue fuente de negocios para distintos grupos capitalistas, los Trozzo –y hasta el Opus Dei–, entre ellos.
Para completar el cuadro de desolación y de incalculable daño para los trabajadores y la población de la zona, un mar de fábricas cerradas rodea las manzanas ocupadas por Sasetru.
La decisión de ocupar
La iniciativa de la ocupación, largamente preparada, fue producto de sucesivas reuniones de ex trabajadores de la planta con organizaciones barriales y piqueteras de la zona. Estas reuniones fueron motorizadas tras la resolución de la Segunda Asamblea Nacional de Trabajadores en el sentido de ocupar las fábricas cerradas y recuperarlas para la producción.
Tras un exhaustivo estudio y relevamiento, los compañeros se fijaron un objetivo concreto: la ocupación de la inmensa planta productora de pastas, cuya maquinaria –intacta–, ya estaba embalada para su traslado. Es la nave en mejor estado y la de más reciente construcción, de unos 3.800 metros cuadrados cubiertos, que fuera cerrada definitivamente en 1990, la que requiere menor tiempo y esfuerzo para comenzar la producción. Restablecida ésta, podría abastecer de fideos y pastas a los comedores escolares y barriales de Avellaneda y toda la zona sur del Gran Buenos Aires. Para esto los ocupantes reclaman a las autoridades municipales y al gobierno nacional y provincial la expropiación de las máquinas y las plantas, y que se provea del capital de trabajo para rearmar la línea de producción, los insumos necesarios y la puesta en marcha. Están todas las máquinas en condiciones haciéndoles el lógico reacondicionamiento necesario; sólo debe sustituirse la caldera, de un porte menor.
La ocupación
A las 10 de la mañana del jueves 29, una columna de 400 vecinos ingresó por un portón abierto al grito de "Piqueteros, carajo!", sobrepasando a la guardia, que no pudo ofrecer resistencia, y recorrió los 150 metros que los separaban de la planta a ocupar.
Con cuarenta grados de sensación térmica y en medio de un entusiasmo general, rápidamente hubo que resolver, y se hizo, los problemas de provisión de agua y electricidad, y acondicionar precariamente el lugar para los ocupantes, mientras los compañeros de Villa Corina preparaba el almuerzo en su sede.
Pasado el mediodía, se realizó una asamblea, que contó con la presencia y la palabra de Alicia Gutiérrez, por la Interbarrial de Avellaneda; Miguel Vittone por el Polo Obrero zona Sur, y el compañero Pitrola, en una "escapada" previa a la reunión de los movimientos piqueteros con la ministro Camaño.
Posteriormente, se armaron comisiones de difusión, de limpieza, de comida, de seguridad, carteles y pintadas; se resolvió un acto solidario para el viernes a las 19 horas y el régimen de guardias para garantizar todo.
La llegada de otros contingentes del Polo y vecinos, en particular una columna de 200 compañeros de Berazategui, fue recibida en medio de una algarabía general y fue un emocionante impulso a la ocupación.
El intento de un grupo de altos funcionarios de la Bonaerense de realizar una inspección y labrar un acta fue impedida por los ocupantes, informándoles de la nota entregada por ex trabajadores y vecinos al municipio, exigiendo la incautación de las maquinarias para la producción y por carecer la comisión policial de una orden judicial. Se les informó a éstos, así como a los grupos de periodistas que concurrieron a la ocupación, del absoluto cuidado de las maquinarias e instalaciones.
Los protagonistas de la toma reflejan un alto nivel de conciencia del desafío que tienen por delante, de las dificultades a superar y del aporte que significa para el movimiento de lucha de conjunto. Esto es muy notable entre las mujeres y los numerosos jóvenes ocupantes. El funcionamiento sistemático de las asambleas y reuniones de organización son una herramienta y una escuela invalorables. Para muestra del entusiasmo, un botón: la minuciosidad con la que decenas de compañeros encararon una vez obtenidos los elementos, la tarea propia de Hércules, de limpiar una planta fabril cerrada hace once años ("limpian como si fuera su propia casa", comentó una compañera).
El apoyo popular
Desde el momento mismo de la ocupación, la noticia corrió como un reguero de pólvora entre las barriadas circundantes. Los vecinos de Villa Sapito, frente a la planta, ofrecían espontáneamente su colaboración: pan, gaseosas, elementos refrigerados.
Comenzaron a arribar contingentes de vecinos para enterarse del propósito de la toma y expresar su apoyo. Eran recibidos, informados e invitados al acto del viernes.
Por la tarde, se distribuyeron 5.000 ejemplares de la declaración de los ocupantes en el vecindario, en medio de una aprobación general. Los comerciantes pegaban el volante en las vidrieras, los vecinos contaban lo que era el barrio cuando la planta funcionaba, comprometían su respaldo a la toma y al propósito de reactivar. Comenzó un empadronamiento de ex trabajadores de Sasetru de los barrios aledaños.
La Prensa Obrera se vendía como pan caliente.
El plato fuerte fue el arribo de ex trabajadores de la planta, que concurrían espontáneamente al enterarse de la toma, ofreciendo su colaboración para ayudar a reactivarla; entre ellos, los que en su momento tuvieron a su cargo el montaje de la línea de pastas. De un alto significado, esta presencia es una palanca invalorable de apoyo a la lucha emprendida.
La ocupación de Sasetru, una nueva etapa
La recuperación de la planta abre una perspectiva de alcances revolucionarios para el movimiento obrero y piquetero de la zona sur y de todo el país, porque lleva a la práctica una salida al desempleo y a la necesidad de cubrir las necesidades del conjunto de la población trabajadora, en un país donde hay 1.500 establecimientos fabriles cerrados para recuperar. Orienta más que mil discursos la acción que las masas deben emprender para recuperar el trabajo. Adicionalmente, salda definitivamente todos los debates y supuestas antinomias entre el movimiento obrero ocupado y desocupado, por si hiciera falta después de tantas experiencias, mostrando al movimiento piquetero como el único factor de recomposición social y política de la clase obrera argentina frente a las monstruosas consecuencias de la descomposición capitalista. Se ratifica así que estamos frente a la principal creación de la clase obrera en décadas, y el valor práctico de la organización y deliberación de las Asambleas Nacionales de Trabajadores.
El sostenimiento material y social y la difusión de esta gesta de los trabajadores y vecinos de Avellaneda es una obligación de toda organización obrera y popular. Llamamos al conjunto del movimiento piquetero, a las Asambleas Populares, a los sindicatos y comisiones internas, a las organizaciones barriales a sostenerla y a poner el triunfo de la ocupación, la reactivación de Sasetru bajo gestión obrera, en la agenda de la lucha popular.

