13/03/2017


El conflicto desarrollado en la fábrica Prodalsa, por su desarrollo, desenlace y final, debería ser estudiado como ejemplar en los cursos para activistas sindicales (que STIA no hace desde hace décadas y que volverán a hacerse cuando gane la Naranja).


 


A través de una maniobra, haciendo desaparecer las autorizaciones y al supervisor que autorizó un retiro de mercadería, la patronal acusó a Alejandro Romero de robar mercadería para el delegado Naranja Miguel Arce. La maniobra apuntaba a que a través de la intervención del Sindicato, el compañero sea reincorporado a cambio de la renuncia del delegado.


 


La respuesta de los trabajadores de Prodalsa no se hizo esperar; la asamblea votó unánimemente la huelga general por la reincorporación del compañero y en defensa de su organización gremial.  


 


La negociación abierta en el Ministerio de Trabajo fue crucial; ante la floja presencia de la Verde del STIA, los trabajadores convocaron a distintas agrupaciones a movilizar en su apoyo, entre las cuales se destacó una nutrida concurrencia del Polo y el Partido Obrero de Quilmes y  Berazategui, junto al apoyo de delegados Naranjas de Zona Sur.


 


El Ministerio de Trabajo intentó buscar por todos los medios una salida favorable a la patronal; en primera instancia la "Conciliación Voluntaria" que compromete a los obreros a levantar la medida pero sin que el despedido regrese a su puesto de trabajo. Ante la firmeza granítica de los delegados Naranjas, el Ministerio operó por todos los medios para que el despedido llegue a un arreglo (cosa que los trabajadores habían discutido de antemano) y que fue, una vez más, rechazado por la firmeza obrera. 


 


El Ministerio acusó de "falta de flexibilidad" a los delegados Naranjas, y los desafió a hacer una asamblea con presencia del STIA donde se ponga en consideración la Conciliación Voluntaria. Los delegados recogieron el guante, hicieron la asamblea y aplastaron la moción conciliadora por unanimidad. 


 


Para esto la huelga llevaba ya 72 horas y el atraso productivo de la empresa empeoraba minuto a minuto. La patronal, luego de constatar por todos los medios que la maniobra no había logrado dividir a los trabajadores, solicitó al Ministerio la Conciliación Obligatoria, con el correspondiente regreso del despedido a su puesto.


 


Las negociaciones antes de llegar al vencimiento de la Conciliación expusieron que la batalla había sido ganada en el primer round: la empresa reemplazó la propuesta de despido por la de una suspensión de siete días, lo que significa la reincorporación definitiva del despedido y un triunfo en toda la línea de los trabajadores.


 


La Zona Sur del STIA está conmovida por la lucha de Prodalsa; todas las excusas de la Verde fueron refutadas; "que los trabajadores no quieren luchar", "que no se le puede hacer un paro a las empresas chicas", "que ante el despido no puede hacerse nada", etc. 


 


En vez de impulsar un tarifazo en la Obra Social y pedir subsidios para los empresarios, el STIA debería impulsar un Plan de Lucha contra los despidos y en defensa del salario. Prodalsa demostró, una vez más, la enorme predisposición a la lucha de los trabajadores alimenticios.

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