Sindicales

18/5/2006|946

Votemos a la Bordó-Marrón en el Pescado

Representa la lucha por la canasta familiar


Ya se cumplen dos años del congelamiento de los básicos de los trabajadores del pescado.


 


Las migajas que se han pactado con la patronal han sido a cambio de presentismo, productividad y toda clase de concesiones que terminaron engrosando las ganancias de los empresarios, pero no nuestros ingresos reales. Para sorpresa de los burócratas más entregadores, parte de los aumentos fijos, por decretos del gobierno, fueron incorporados como premios.


 


Así obró la camarilla actual para ganarse la confianza del Ministerio kirchnerista y desautorizar a la Comisión Paritaria elegida en Asamblea General del gremio. Con semejante contribución, claro, también abrieron paso al idilio con la Cipa, que terminó en matrimonio con hijo incluido: el convenio negrero Cipa-Soip. Que en materia de salario establece un obrero del pescado de segunda categoría, el recién blanqueado con ese convenio.


 


Esto ocurre mientras los industriales del pescado no dejan de aumentar los montos de las exportaciones debido a la ventaja cambiaria, luego de la devaluación y la escasez del recurso pesquero a nivel mundial. Estos son los intereses sociales que defiende la actual directiva del Soip.


 


Pero veamos el momento actual. Todo el país y la clase trabajadora en particular está conmocionado por la inflación, por el aumento de la carne y de todos los precios. El movimiento sindical entró de lleno en paritarias, el gobierno contragolpeó con los “techos” del 19% en cuotas, cooptó para eso a la burocracia de las dos centrales sindicales. La alimentación reclama el 30%, ATE también, se producen luchas fabriles contra la absorción de esos aumentos, los aeronáuticos piden adicionar una suma fija de 500 pesos, entre otras luchas.


 


¿Y nosotros?


 


Lo miramos por TV. No hay discusión salarial este año en el Soip. Sólo por este motivo, esta conducción se tiene que ir de inmediato.


 


Esta conducta es la contracara de los dos primeros años de la conducción, cuando nosotros integrábamos la Comisión Directiva. Logramos dos aumentos que totalizaron el 50 por ciento, cuando esto no ocurría en ningún gremio, durante la presidencia de Duhalde, enfrentando el momento más crítico del movimiento obrero argentino.


 


Conquistas que no vinieron por milagro, eran los tiempos de los plenarios de delegados conjuntos de efectivos y cooperativizados, abiertos al activismo, de las asambleas generales, masivas, democráticas y resolutivas. No casualmente este es el método con el que los telefónicos superaron la canasta familiar, los trabajadores del subterráneo recuperaron la jornada de 6 horas y los petroleros aumentaron sus salarios conquistando la elevación del mínimo no imponible.


 


Es el método que defendimos y proponemos los compañeros que nos enrolamos en la Lista Bordó-Marrón, porque así luchamos contra el trabajo en negro logrando la efectividad de varias plantas con el convenio del ‘75. Defendemos la jornada de ocho horas contra el convenio esclavista Cipa-Soip, y reclamando los aumentos sin condiciones.


 


No prometemos aumentar el salario a 1.900 pesos de básico, sino que estamos seguros de que volviendo a organizar y unificar nuestro gremio, podemos conquistar este básico.


 


No es casual que el derrumbe de nuestro sindicato y de nuestras condiciones salariales y laborales haya coincidido con el desplazamiento de un conjunto de luchadores que nos negamos a vendernos a la patronal.


 


El Soip se encendió con el triunfo de 2002 contra la vieja burocracia y luego se apagó con la usurpación de la camarilla actual.


 


Por eso el frente de delegados, luchadores y activistas que se expresa en la Lista Bordó-Marrón, que ha estado al frente de todos los conflictos fabriles y portuarios, llama a inundar las urnas el 30 de junio, para recuperar nuestros derechos y nuestro salario.