Sociedad

5/7/2022

A diez años del bosón de Higgs: reactivan el Colisionador de Hadrones

Uno de los “descubrimientos” más importantes de los últimos tiempos.

Large Hadron Collider.

Este martes 5, luego de algunos meses de tareas preparativas y tres años de actualización y mantenimiento, comenzará la tercera ronda de actividad del Colisionador de Hadrones (LHC), que hace diez años (4/7/2012) dio con una de las partículas más escurridizas, responsable de asignarle masa al resto de las partículas: el bosón de Higgs.

El hallazgo de una partícula teorizada 50 años antes, en 1964, por el físico Peter Higgs –entre otros- sirvió a reforzar uno de las teorías que más ayudan a comprender el universo: el Modelo Estándar de la física de partículas.

El valor de este descubrimiento puede explicarse con lo que se conoce como la “metáfora de Margaret Thatcher”, del físico David Miller, que establece que si en un encuentro conservador ingresara la ex Primera Ministra esta produciría una atracción de sus militantes y simpatizantes que se moverían a su alrededor. Ese entorno, que dificultaría su paso, sería el campo de Higgs, lo que le conferiría masa a la partícula Thatcher.

El laboratorio del universo

El Colisionador de Hadrones es una de las mayores proezas de la ingeniería y la física experimental actuales, con sus 27 kilómetros de extensión subterránea, ubicada bajo la frontera franco-suiza. Su funcionamiento consiste en la aceleración a velocidades cercanas a la de la luz y colisión de partículas subatómicas, con el propósito de desentrañar los misterios más elementales de la física de partículas, buscando nuevas partículas y/o detectando las teorizadas, y contribuir al conocimiento acerca de los orígenes, composición y comprensión del universo, y sus elementos y fuerzas constitutivas.

Las actualizaciones incorporadas permitirán alcanzar nuevos niveles de energía en las colisiones –casi un doble de la requerida para encontrar al bosón de Higgs- y duplicar el número de colisiones por segundo, ampliando los datos aportados.

El valor de los datos aportados por el LHC es fundamental para ampliar nuestra comprensión de la física a “pequeña escala”, hoy sintetizada en el Modelo Estándar: una descripción de las partículas de materia y los portadores de las fuerzas, cuya articulación explica con increíble precisión la composición y comportamiento de la materia conocida.

Sin embargo, no todo es color de rosa en el mundo de las partículas subatómicas y la física experimental. Por ejemplo, aún no se ha logrado dar con la supuesta partícula responsable de la gravedad (Gravitón) –si es que existe-, o con otras teorizaciones, como la existencia de partículas supersimetricas, que podrían servir de indicios hacia el conocimiento de la materia oscura y/o el avance sobre determinadas corrientes de la física teórica, como la Teoría de Cuerdas.

La ciencia bajo el capitalismo

La comprensión y el conocimiento de las partículas fundamentales es clave en el objetivo de alcanzar una “Teoría del Todo”, que concilie y explique el conjunto de la materia y fuerzas existentes en el universo o lo que sea que exista. Sin embargo, los costos son cada vez más colosales.

El propio LHC implicó una inversión de 5.000 millones de euros, más el financiamiento regular para su funcionamiento, que este año fue de 1.200 millones de euros. Además, no es el único en carrera ya que en muchos aspectos compiten con su par estadounidense, Fermilab, aunque de menor poder.

Parte de las aplicaciones de estas investigaciones escapan a los objetivos concretos de la física experimental. Uno de los más popularizados es la invención de la World Wide Web (Web) en el ámbito del CERN, organización a cargo del LHC.

El director del Departamento de Tecnologías del CERN, José Miguel Jiménez, destaca que la tecnología desarrollada allí es utilizada por el capital industrial para la reducción de costos de producción, y hasta como un respaldo para la penetración de estos capitales en distintos países del mundo. Las “contribuciones” se dan en distintos ámbitos, como la nanotecnología, criogenia,  electrónica de potencia, radiofrecuencia, superconductividad de imanes para imágenes médicas, etc.

Además, la magnitud de los recursos públicos aportados es un punto de disputa/reparto, entre las principales potencias, de los contratos de obra y desarrollo de tecnologías e insumos para el funcionamiento de los grandes colisionadores. Actualmente, hay en carpeta un proyecto de construcción de un supercolisionador, a partir del 2035, de unos 100 kilómetros de circunferencia y una potencia siete veces superior a la del LHC, que costaría unos 25.000 millones de euros.

Parte de la comunidad científica es crítica de esta unilateralidad en la utilización de los recursos materiales y del “protagonismo” de los físicos de partículas. Inversiones de otro tipo, menos costosas, no levantan el mismo “interés” dentro de la asociación público/privada.

El desarrollo de las ciencias bajo la sociedad actual no es inmune a la ideología de la burguesía: la división y atomización del trabajo y las tareas, también en las ciencias, es concebida como lo natural a pesar de que el “todo”, siempre, es mucho más que la suma de sus partes. Así, el rompecabezas de la física moderna se vuelve imposible de encajar, con una sobreproducción de piezas de una parte del tablero pero sin una imagen claro o aproximada de qué se debe construir, ni otras piezas para encajar.

Los logros del LHC son sorprendentes y necesarios para avanzar sobre pasos firmes en el ensamblado de una mayor comprensión de todo lo que nos rodea y constituye. Pero en los marcos de la sociedad capitalista son desarrollos subordinados y orientados por la compatibilidad de esos mismos intereses privados. Liberar a la humanidad de toda opresión y la ciencia de toda atadura es imprescindible para el desarrollo sin límites de nuestra comprensión del universo.