15/08/2021

Algunas reflexiones de padre en el día de la niñez

Cuando vaya terminando este domingo, muchísimos niños estarán felices habiendo disfrutado su día. Sus padres, sin embargo, habrán concluido una semana difícil: “¿Qué comprar? ¿Qué regalos? ¿Qué hacer? ¿Le gustará? Y sobre todo… ¿Cuánto cuesta eso?”

Para tener una idea de la dimensión de estas preguntas, la ansiada Play Station 5, última generación del tradicional videojuego, cuesta 189.999 pesos en Mercado Libre, más o menos el salario de seis meses de un trabajador precarizado. La 4, más “accesible”, está “nada más” que 79.000 pesos, equivalente a un sueldo de docente de doble jornada enterito.

En nuestra sociedad capitalista, el día de la niñez está organizado en torno al consumo. Es una gigantesca plataforma de estímulos para llenar jugueterías, poner a andar las fábricas, competir en ideas publicitarias en canales infantiles y de YouTube, llegar a todos los segmentos de un mercado que refleja, como todos, la diferenciación de clase abismal de nuestra sociedad.

Este gigantesco incentivo choca con una realidad material frustrante, porque el 60% de los niños y niñas de nuestro país está por debajo de la línea de pobreza. La Play es para pocos. De esta manera, de forma pérfida, el régimen construye incentivos de compra que están fuera de alcance de las mayorías. Las presiones dan lugar a las inevitables y conflictivas paritarias familiares, donde las infancias van aprendiendo a distinguir entre lo que el ingenio y la ciencia pudieron desarrollar y poner al alcance de la humanidad, de un lado, y lo que el bolsillo puede bancar, del otro.

Así organizado, el día de la niñez reproduce las miserias cotidianas de nuestro régimen social. Pero hay mas.

¿Con qué nos gustaría que jueguen los chicos? Con juegos de mesa colectivos, ideal. “Le regalo el TEG” ¿Pero en qué tiempo jugarlos? Trabajando nueve horas, con una o dos de viaje, imposible. ¿Se puede jugar con esos tiempos? Y, ¿que pasa con la escuela? Estuvo ausente, con las dificultades de conectividad, para la mayor parte de los niños en pandemia.

Contradictoriamente, los celulares y tablets ganaron espacio en la mayoría del tiempo de las y los niños. Los youtubers invaden las infancias. Niños que pasan más tiempo escuchando a un sujeto que habla en castellano neutro y juega a “nosequecosa”, que en la escuela o con amigos. ¿Qué les llamará tanto la atención? Misterio.

Toda la situación tiende entonces a acentuar un aislamiento individual o familiar, con familias que no pueden responder a las necesidades de formación y esparcimiento, con estímulos de consumo que no pueden ser resueltos, con necesidades de socialización insatisfechas, y, repetimos, en un 60% de los casos, con necesidades materiales urgentes sin resolver.

Ni hablar de que las familias no son tampoco el bálsamo en medio de la miseria, sino que las situaciones de violencia familiar, que se han acentuado con la pandemia, transforman en un infierno cotidiano estas situaciones.

Pobre infancia.

Por todo esto me gustan tanto los festejos barriales del día de la niñez. Que los pibes se junten. Que coman torta. Que jueguen al fútbol. Que corran y que hagan un despelote bárbaro. Que haya globos. Que haya música. Que se repartan los regalos que se pueda. Esos festejos, que las organizaciones sociales como el Polo Obrero están organizando barrio por barrio, son hermosos, los mejores.

Al final, los que mejor la pasan son los que se organizan. Ahí está la semilla de un mundo mejor.

Feliz día de la niñez.

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